Compartir

laguna volcan barvaEsta ruta significa perdernos por uno esos rincones que, aunque dentro del Parque Nacional más famoso de este país, están fuera de los circuitos turísticos de Costa Rica.

El Parque Nacional Braulio Carrillo se decretó el 15 de abril de 1978 para proteger las 48.000 hetáreas más importantes de la enorme Cordillera Central. No es el primero ni el último de los espacios protegidos de un país que sólo en parques nacionales cuenta con una treintena, pero si uno de los más peculiares. Está ubicado al norte de la capital, San José, entre los macizos de los volcanes Poás (2.704 m.) e Irazú (3.432 m.). Dentro de sus límites se encuentran los cerros Barva (2.906 m.), Cacho Negro (2.150 m.), y Zurquí (2.000 m.) todos de origen volcánico.

En el Braulio Carrillo encontramos además de los cráteres volcánicos mencionados, el denso bosque tropical húmedo de montaña (selva, para entendernos) que ha hecho famoso al parque.

El Barva es una estructura volcánica de aproximadamente 100 kilómetros cuadrados de extensión y se cree que su último periodo de actividad fue entre 3.000 y 5.000 años. Actualmente se sabe de la existencia de fumarolas y aguas termales. Con sus 2.906 metros es la altitud máxima del Parque Nacional Braulio Carrillo y presenta varias lagunas de origen volcánico siendo la laguna Barva con sus 70 metros de diámetro, 8’60 metros de profundidad y 11ºC de temperatura media, la más atractiva de todas y el objetivo principal de la ruta.

El punto de partida es la pequeña localidad de San José de la Montaña, muy cerca de Barva, a unos 15 kilómetros de la capital costarricense. Para llegar a San José de la Montaña lo mejor es utilizar el bus que sube desde Heredia y nos bajamos en la última parada del trayecto, en el restaurante Chago’s (0jo con los horarios).

El paisaje aquí es impresionante. A partir de este punto nos separan 12 kilómetros hasta la laguna principal del Barva. El camino, colgado sobre el Valle Central, asciende permanente hasta nuestro objetivo. Una pequeña carretera de montaña nos sirve de guía para los primeros 4 kilómetros de recorrido, allí en la soda El Bosque podemos comer y beber algo antes de acometer los tres kilómetros más duros de subida ya por pista de tierra.

La selva empieza a hacer fuerte acto de presencia, pero la pista se abre camino evitando que ésta nos envuelva (de momento). Llegamos así a la entrada del Parque Nacional, donde un par de guardas custodian y vigilan la entrada haciendo turnos de quince días en la montaña y cinco de descanso en sus hogares, como en amigable conversación nos comentaron.

Llevamos 10 empinados kilómetros sobre nuestras piernas pero lo mejor nos espera un poco más arriba. El roble (que tan sólo comparte con el nuestro la calidad de la madera y el género Quercus, no así el aspecto general), compite con la selva para dominar el paisaje hasta rendirse finalmente y dejar paso al dueño de estos terrenos, el bosque nuboso y toda la vida que éste encierra: quetzales, jaguares, ocelotes, tucanes, la peligrosa víbora de pestañas, ranas de todo tipo y hasta un total de 75 especies de aves, 23 de mamíferos. Al poco de comenzar a caminar por el interior del parque nos aparece a la izquierda un desvío que un par de kilómetros (ida y vuelta) nos asoma a una bonita y diferente perspectiva del vecino volcán Poás. Merece la pena el asomo.

De vuelta al sendero principal poco nos queda para llegar al desvío que nos conduce a la laguna Barva (derecha) y a la laguna copey (recto), de 40 metros de diámetro y temperatura de agua similar a la del Barva pero de profundidad máxima desconocida. Otro asomo que si tenemos fuerzas, también merece la pena. Tomamos el sendero de la derecha y ahora sí, penetramos en la inmensidad de la selva. Un último esfuerzo y todo parece quedar recompensado, ante nosotros la laguna principal del volcán Barva, uno de los parajes más espectaculares y envolventes de ese pequeño país centroamericano llamado Costa Rica, la naturaleza en su estado más puro.