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visitar soriaSi visitamos Soria en otoño aprovecharemos que están en fiestas y el otoño suaviza las temperaturas de esta ciudad del románico. Además de admirar su patrimonio monumental, tenéis la posibilidad de participar en los actos populares y asistir a los festejos taurinos.

Soria es la Numancia romana, la hermosa ciudad medieval musulmana, aragonesa y castellana, la inspiradora de Bécquer, Gerardo Diego y, especialmente, de Antonio Machado, cuyos versos parecen flotar en el paisaje otoñal castellano. La primera semana de octubre celebran las fiestas patronales de San Saturio, iniciándose éstas con una masiva peregrinación a la ermita del Patrón (s. XVI), situada a las afueras de la ciudad. Está edificada sobre una roca, a orillas del Duero, y tiene la cúpula y los muros decorados por frescos de Antonio Zapata.

De la sencillez de la ermita a la magnificencia de la Concatedral de San Pedro, con soberbios retablos barrocos y el perfecto claustro románico que da fe de sus orígenes (s. XII), aunque el resto de la edificación pertenece ya al siglo XVI. No obstante, el más puro estilo románico lo encontraréis en la céntrica iglesia de San Juan de Rabanera, (s. XII), en la iglesia de Santo Domingo, cuya impresionante fachada está considerada la mejor del románico español, y en San Juan de Duero, el antiguo monasterio de la Orden de los Hospitalarios (s. XII), con un claustro de una singular composición arquitectónica, de influencia oriental, inédita en el románico europeo. Pero la inexcusable visita a San Juan de Duero, a unos 3 km del centro, está prevista en la excursión a las ruinas de Numancia.

Sigamos paseando por el centro de la ciudad, contemplando las muestras de la arquitectura civil soriana sobre las que destaca el Palacio de los Condes de Gomara, convertido en Palacio de Justicia. Si está abierto, no ponen pegas para acceder hasta el magnífico patio central. Por la misma zona están el Palacio de Alcántara, el Palacio Ríos y Salcedos, la Casa de Castejón y la Casa de los Doce Linajes, actual sede del Ayuntamiento, de los que sólo es posible admirar su arquitectura exterior.

Si seguís la ruta sugerida estaréis en el centro de la ciudad, en El Tubo, donde abundan los bares típicos con su apetitosa oferta de tapas. A la hora del aperitivo suelen estar llenos, mucho más cuando son fiestas, pero siempre se acaba llegando a la barra. Las tapas están incluidas en la bebida y no se puede repetir de tapa a menos que se pida otra ronda líquida. Queda el recurso de la ración, pero el arte del tapeo consiste en ir de sitio en sitio bebiendo y probando bocaditos, no en apalancarse. Para comer están los restaurantes, de los que Soria está bien provista.

Como a estas alturas ya os habréis agenciado un programa de fiestas, tenéis toda la tarde para tomar las pertinentes decisiones. Toros, teatro, conciertos, verbenas… Mientras hacéis planes, llegaros hasta la Ermita de Ntra. Sra. de la Soledad para ver la obra maestra de la imaginería barroca, el hermoso Cristo del Humilladero, atribuido a Juan de Juni. Si sobra tiempo, daros un garbeo por el Museo Numantino (detalle curioso, fue uno de los primeros museos de España, inaugurado por Alfonso XIII), para poneros en situación y refrescar conocimientos.

El día después, carretera hacia San Juan de Duero (3 km), como os dije al principio y después, rumbo a Garray (8 km) para ver lo que queda de Numancia, la ciudad celtibérica que resistió quince meses el asedio del ejército romano comandado por Publio Cornelio Escipión en el año 133 a. C. La ciudad fue arrasada, creando los conquistadores un nuevo urbanismo, que es lo que se ve en las ruinas numantinas.

Otro ejemplo de resistencia heroica, aunque menos conocido, es el de la ciudad arévaca Termancia, que sucumbió a los romanos 75 años después que Numancia. En el yacimiento arqueológico de Tiermes, excavado sobre una gran roca, siguen encontrándose vestigios del estilo de vida de aquellos primeros moradores, ya que los romanos obligaron a la población a bajar al llano impidiéndoles amurallar de nuevo la ciudad, por si acaso.