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viaje a lugoLa única muralla romana completa que se conserva en el mundo está en Lugo. Ese ya sería un motivo para poner los pies en esta tierra. El melancólico paisaje otoñal gallego, el sabor de las pulperías, incluso la lluvia que suele caer mansamente sobre la ciudad, son alicientes añadidos para visitar Lugo.

Lugo queda tan en el camino de otros lugares, especialmente de Santiago de Compostela, que parece destinada a ser lugar de paso y no de asentamiento, como la vieron los romanos, que entusiasmados por la riqueza termal de la zona, y dados como eran a disfrutar de los beneficios de las aguas, construyeron una perfecta muralla su alrededor para protegerla de los invasores.

La célebre muralla lucense que rodea por completo el barrio antiguo tiene 2.130 metros de longitud, 6 de grosor y 15 de altura; la soberbia construcción mantiene las 50 torres originales y diez puertas de acceso, aunque las dos principales son la de Santiago y la Porta Nova, con escaleras que permiten el acceso al adarve, convertido en un curioso paseo público que os recomiendo encarecidamente no sólo para hacer buenas fotos, sino también para disfrutar de la vista.

Dentro del recinto amurallado y frente a una de las puertas de acceso está la catedral, mezcla de estilos románico y gótico. De interés son el coro de Moure, el retablo de Cornelis de Holanda y la preciosa capilla de la Virgen de los Ojos Grandes. En la cercana plaza de Santo Domingo está la iglesia gótica de San Francisco, con un bellísimo claustro.

Si tenéis curiosidad por los relojes de sol no dejéis de visitar la impresionante colección del Museo Provincial (Pl. de la Soledad), además de sus exclusivos torques celtas y las piezas de orfebrería prerromana. Con la misma entrada se tiene acceso al colindante Museo de la Parroquia de San Pedro, declarado Monumento Nacional, donde reposan los restos del duque de Arjona, muerto en el Alcázar de Sevilla por las huestes de Pedro del Cruel. Entre la catedral y la Puerta Miña está el barrio de La Tinería, con arquitectura de cinco siglos atrás, menos canalla hoy que hace años, pero todavía con cierto sabor a prohibido, aunque se nota más por las noches.

Para llegar hasta las Termas Romanas, a la orilla del río Miño, merece la pena tomar el camino de la rúa Xeneral Tella para atravesar los magníficos parques de Rosalía de Castro y el de Costas do Parque que desembocan frente a las Termas. Aunque las Termas Romanas forman parte del actual balneario, que es de propiedad privada, se pueden visitar.

Queda otra visita inexcusable al pasado romano de Lugo, a Santa Eulalia de Bóveda, donde se dice que podría estar enterrado Prisciliano. No se sabe con seguridad si fue un ninfeo o una piscina de casa de campo, pero lo que sí es evidente es que se trata de un importante monumento romano bastante bien conservado. Son impresionantes las Pinturas Murales de la Hispania Romana y el conjunto escultórico. (Está a 17 kms de la ciudad, por lo que la excursión estaba programada para la tarde).

La zona de tapas más popular está en las calles Cruz y Rúa Nova. Se suceden los bares y pulperías sin pretensiones, de precios módicos y excelente materia prima. Además del glorioso “pulpo a feira”, dejaros seducir por las empanadas de papuxas (tórtolas), zorza y raxo (picadillo de cerdo y lomo de cerdo adobado) y sabréis lo que es la gloria gastronómica. Visita obligada en vuestro viaje a Lugo.