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turismo por la alcarriaLa comarca de La Alcarria, conocida por su excelente miel y por la obra de Camilo José Cela, lo es menos por sus grandiosos y desolados campos de tierra roja, por sus castillos erguidos, pero no amenazadores, por sus pueblos monumentales o por los riscos en los que anidan los buitres.

Tiene una historia densa esta extendida comarca, historia que entre los siglos XV y XVIII aparece inseparable del poder de la familia Mendoza, que dio guerreros, poetas y cardenales, y a la que encontramos en diferentes lugares de esta ruta.

Un castillo literario

A 20 kilómetros de Guadalajara capital, circulando por la N-II en dirección a Medinaceli, se ve a mano derecha un castillo. Es el de Torija, con torre cuadrada y torreones redondos, elevado sobre una pequeña loma, perfectamente proporcionado. Aquí topamos por primera vez con los Mendoza, en concreto con Iñigo López de Mendoza, el marqués de Santillana, autor de las “Serranillas”, que ocupó más tiempo de su larga vida en guerrear que en escribir.

Un grupo de escolares espera en la plaza a que aparezca el guardián del castillo para visitar el museo sobre el libro “Viaje a la Alcarria”, instalado en la torre del homenaje: fotos de personajes alcarreños, útiles de la vida en la zona y numerosas ediciones de la obra de Camilo José Cela en los más variopintos idiomas.

Pocas calles más allá, la iglesia renacentista exhibe, espléndida, su torre, portada, escudos nobiliarios, arcos interiores y rejas. Muchas casas del pueblo aprovecharon las piedras del castillo, arruinado durante la Guerra de la Independencia y aún en reconstrucción, para levantar sus muros. Ante la insistencia del dueño de un bar me acerco a ver la picota: la columna labrada en la que los reos eran ajusticiados y expuestos a la vergüenza pública que, despojada de su siniestra función, es con razón un motivo de orgullo para el pueblo.

Algunas nubes salpican un cielo azul que se junta a lo lejos con estas tierras aplanadas, de tono rojizo, en las que empiezan a brotar la cebada y la hierba forrajera entre montículos de piedras arrancadas del árido terreno.

Por interesante que sea Torija, no es sino un aperitivo de lo que me espera…

Brihuega

Tras 15 kilómetros de carretera recta y unas curvas finales aparece Brihuega, ceñida por el río Tajuña. Un nombre hermoso para una localidad sorprendentemente monumental. Frente al arco de la antigua muralla, la Puerta de la Cadena, trabaja una cuadrilla de jóvenes de la escuela taller, ocupados en la restauración de calzadas, muros y fuentes.

Brihuega: su muralla, su castillo en el que está incrustado el cementerio y sus calles soportaron en 1710 un asedio durante la Guerra de Sucesión entre Felipe V, ya coronado rey de España, y el archiduque de Austria aspirante al trono, que se prolongó en dura batalla en una llanura a mitad de camino de Villaviciosa. Los habitantes de Brihuega obtuvieron compensaciones por su fidelidad al rey Borbón, entre otras, exenciones de impuestos y la construcción de la Real fábrica de paños que, durante años, tuvo una gran actividad. Actualmente, se busca destino a este enorme y hermoso edificio circular y se baraja la posibilidad de convertirlo en parador de turismo.

Hay también dos preciosas iglesias en Brihuega, ambas de los siglos XIII y XIV, la de san Felipe, iniciada en románico y terminada en gótico, y la de santa María, junto al castillo y el cementerio, dominando la vega del Tajuña.

Cifuentes

Llego a Cifuentes por una carretera ancha y recta. A las afueras del pueblo destaca el castillo, en el que pueden verse todos los elementos que rodeaban la vida medieval. Fue mandado construir en el siglo XIV por otro escritor guerrero, el infante Don Juan Manuel.

Cifuentes tiene arriba una plaza irregular en la que se levantan la iglesia del Salvador, un antiguo convento de dominicos y la noble casa de los Gallos, y abajo, otra con soportales donde se encuentra el ayuntamiento. Los dos espacios son magníficos, pero recomiendo en particular a los aficionados a la imaginería medieval detenerse en los relieves de la portada de la iglesia, un amplio catálogo de figuras sagradas y profanas.

Sigüenza

Camino de Sigüenza, hay que hacer un alto en Pelegrina. El pueblo, prácticamente deshabitado entre semana y situado en una cresta, está rodeado de tajos y riscos. Nidos de buitres y águilas en las paredes de roca, balcones para observar el fantástico panorama y un recuerdo a las hazañas televisivas de Félix Rodríguez de la Fuente nos enseñan la otra cara de esta comarca sorprendente.

Sigüenza, que por sí sola merece un viaje, es el mejor conjunto monumental de toda la provincia. En primer plano, su catedral románica, gótica y renacentista está repleta de tesoros, entre ellos la famosa escultura del Doncel que reposa sobre su tumba con un libro entre las manos. Pero también hay que disfrutar del entorno de su Plaza Mayor, visitar el castillo transformado ahora en parador y las iglesias de san Vicente y Santiago, pasear por sus calles y saborear el ambiente en el que tanto el pasado como el presente armonizan a la perfección.