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viajar a uluruEn 1873, mientras exploraba el árido territorio del desierto de Australia, Willian Gosse descubrió una hilera de montículos rocosos al sur de la ciudad australiana de Alice Springs. El más impresionante de todos fue un enorme monolito rojo, al que en honor del primer ministro australiano, Henry Ayers, bautizó como Ayers Rock. Sin embargo, la roca ya tenía nombre, Uluru, y para los Anangu, un pueblo aborigen australiano, era la montaña sagrada, el centro del universo.

El Uluru es una roca de dimensiones extraordinarias que emerge en una inmensa llanura roja del desierto de Australia Central. Tiene 9,5 kilómetros de perímetro y se eleva a una altura de 348 metros sobre la planicie que la rodea, a pesar de que tan sólo ha emergido a la superficie el 5% de su total. Uno de sus rasgos más peculiares son sus constantes cambios de color: por la mañana es de un tono rojo-marrón, al atardecer pasa a ser rosa y si llueve puede tornarse de color gris negruzco.

Esta mole de arenisca es, tanto por sus características geológicas como por el lugar en el que se haya enclavada, uno de los lugares más visitados de Australia. Despierta el interés de todo tipo de viajeros: geólogos estudiosos de su formación, escaladores que intentan llegar a su cima y turistas que la visitan atraídos por su belleza mientras realizan una ruta por el desierto australiano.

Al viajar a Uluru también estamos visitando un símbolo espiritual para el pueblo de los Anangu, que consideran como una misión ancestral custodiar la roca y para los que las visitas masivas por los mismos caminos que recorrieron sus antepasados son un agravio a sus creencias y su religión.

La riqueza geológica de la roca tiene para este pueblo otra lectura bien diferente a la del hombre blanco. Para ellos, cada grieta, saliente o gruta tiene un significado especial: las manchas de humedad en la roca eran sangre de los venenosos hombres serpiente o las cavidades en la montaña son símbolos de los ojos de un enemigo muerto. Su modo de vida gira alrededor de esta montaña y no acaban de entender la obsesión de los Minga (hormigas), como llaman al hombre blanco que asciende en fila hasta la cima, por llegar a la cumbre de su centro del mundo.

Los Anangu permiten el acceso, a pesar de que durante el pasado mes de mayo se restringió durante veinte días la presencia de turistas en el lugar por la muerte de uno de los indígenas que custodiaba la montaña. Además, para ellos, el accidente de algún visitante en la roca es un mal presagio que relacionan con posibles desgracias futuras y perturbar su paz habitual.

Los nativos quieren limitar las visitas a la roca sagrada e intentar concienciar a todos los que accedan de la importancia del respeto hacia sus tradiciones que, por ejemplo, establece lugares separados en el Uluru para los dos sexos y ninguno de ellos puede ni tan siquiera mirar en la dirección del otro. En 1978 una europea que se acercó a un punto tabú para las mujeres fue amenazada de muerte si volvía a repetir su actuación.

La cuestión no es de solución fácil. Ayers Rock es una de las zonas australianas que más turismo recibe en todo el continente, cuenta con su propio aeropuerto y existen vuelos diarios desde la mayoría de ciudades importantes en Australia. Son numerosas las rutas turísticas que se organizan para recorrer el desierto y visitar sus puntos clave, lo que además es una importante fuente de ingresos para el país. Un acuerdo satisfactorio pasa por el respeto hacia los dos modos de entender la roca y el entorno natural, mientras las visitas siguen en este lugar privilegiado del planeta.