Compartir

viajar a keralaEn el sur de la India, junto a la punta del Cabo Comorín, existe una región suave y fértil, surcada por canales, en la que es posible encontrar en abundancia un bien precioso: la calma.

La naturaleza en Kerala es desprendida y tranquila. El campo es dulce, feraz y liso. Se suceden los arrozales rodeados por palmeras. Una red de arroyos de agua clara y abundante que va a dar a ríos y canales oscuros los recorre; la brisa los atraviesa cada cierto tiempo cambiando los tonos del verde. Aquí y allá aparecen plantaciones y selvas de mangos, anacardos y cocoteros. Esta sosegada franja de tierra que se extiende entre el brillante mar de Arabia y los Ghatts Occidentales, cuyos barrancos y selvas la aíslan del continente, es quizás la región más placentera de la India.

La dulzura de Kerala no se encuentra sólo en el paisaje: es una región singular por muchos motivos. Sus nativos, los malayalam, son abiertos, cosmopolitas y viajeros, los podemos encontrar en todas las partes del mundo buscando fortuna. Los maharajás que la gobernaron, en Cochín y Travarcore, dieron la mayor importancia a la educación. También aquí alcanzó el poder el primer gobierno comunista libre y democráticamente elegido del mundo, en el año 1957. Hoy Kerala es la región más alfabetizada de la India y con menor mortalidad infantil.

Al sur de Kerala se encuentran las playas blancas de Kovalam, que en los años setenta fueron el refugio de hippies y otros buscadores de conciencia, el paraíso de la vida fácil en un lugar olvidado, el fin de trayecto para muchos. La industria de un turismo estándar y autocontenido ha caído ya estos años sobre ellas. Más al norte, entre islas y penínsulas, está la preciosa Fort Cochín, la ciudad de los enigmáticos “judíos blancos”. Aquí llegaron a tener en el siglo X su propio reino. De esta comunidad, instalada hace dos mil años, sólo quedan ya veinte miembros. Las calles tortuosas y serpenteantes de la judería son hoy un bullicioso centro de comercio de especias, de venta de clavo, curry y cardamomo.

Uno de los mayores enantos a la hora de viajar a Kerala son los llamados backwaters, una red intrincada de canales, lagos, ríos y lagunas de aguas poco profundas que se extiende a lo largo de decenas de kilómetros bordeando la costa y hacia el interior. Las barcazas arroceras (los kettuvalam) se mueven despaciosamente a través de ellos propulsadas por largas pértigas de bambú. Pequeños transbordadores unen ciudades como Allepey, Kollam y Kottayam.

En los canales se desarrolla un comercio abundante de sándalo, anacardos y fibra de coco. Es posible alquilar un kettuvalam y moverse por sus aguas oscuras durante días, navegar entre el sol y la sombra de las lagunas y los canales estrechos, detenerse en los remansos de la corriente o en las aldeas de sus márgenes, pernoctar y bañarse en los lagos, dejar fluir el tiempo. Todavía hoy es un placer asequible.

Cuando en 1498 los portugueses llegaron a esta costa en busca de especias encontraron una comunidad de cristianos que habían practicado la fe de la caridad aislados durante más de mil años. Se sorprendieron de que nunca hubieran oído hablar del Papa. No debe extrañarnos. Definitivamente, siempre ha sido así: viajar a Kerala es ir a lugar manso donde perderse, un lugar para el olvido.