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visitar bangkokPaís exótico, barato, seguro, encantador y con una red de transporte más eficaz de lo que la mayoría de gente piensa. Tailandia es un país ideal para descubrirlo por libre, sin agencias, sin ataduras, sin horarios… Al ritmo de su gente. Bienvenidos al paraíso.

Pero antes de ir al paraíso debemos tomar en cuenta una serie de cosas. Como por ejemplo que debemos vacunarnos unas semanas antes de nuestra marcha contra la fiebre amarilla y la malaria. No necesitamos ningún visado ni ningún adaptador eléctrico, ya que los enchufes son exactamente iguales que en España. No obstante, sí debemos tener muy en cuenta qué ponemos en nuestra maleta. En principio sólo necesitamos un chubasquero y un poco de ropa de algodón, ya que la ropa en Tailandia está muy barata y nos puede interesar mucho comprarla allí cuando la necesitemos (unos Levi’s pueden costar 6 euros y una camiseta 1,75). Además, si vamos a viajar a Tailandia en verano seguro que nos vamos a encontrar con un par de horas de lluvia diarias (normalmente por la tarde). Los mejores meses para viajar a este país son los que van entre noviembre y febrero.

Por lo que respecta al dinero, lo más interesante es llevar Traveller’s Checks y cambiarlos en baths (la moneda oficial tailandesa) a nuestra llegada a Bangkok (de hecho, en los bancos dan un mejor cambio por Traveller’s Checks que por dólares en efectivo). Por cierto, lo de las propinas no se estila nada en el continente asiático, o sea, todo esto que nos vamos a ahorrar. Es importante llevar también un pequeño botiquín con antiestamínicos, desinfectantes y, sobre todo, con medicamentos para el aparato digestivo, ya que la cocina thai es muy diferente a la europea y nos puede costar digerirla durante los primeros días.

Emprendamos la marcha

Don Muang. Ese será el primer lugar en el que pisaremos suelo tailandés. Se trata del aeropuerto internacional de Bangkok, un centro vital para la aviación regional que es utilizado por más de 50 aerolíneas internacionales que ofrecen vuelos directos con todos los rincones del mundo. Y sólo llegar a Son Muang nos daremos cuenta de que estamos muy lejos de casa. El lenguaje Thai, la humedad, los gritos, el aspecto de la gente… nada tiene que ver con nada de lo que hayamos visto hasta el momento.

Pero lo más inteligente será empezar a pensar como movernos hasta el centro de la ciudad para alojarnos. Hay tres opciones. Empezamos por la más cara: el taxi. Si acabamos de llegar seguramente va a ser también la más cómoda. El taxi está pensado en Bangkok sólo para extranjeros y turistas. Esto quiere decir que lleva aire acondicionado y taxímetro (cosa que va a evitarnos sorpresas posteriores). El precio va a ser muy similar a lo que pagaríamos en cualquier ciudad española para ir del aeropuerto al centro urbano. La segunda opción es el autobús turístico. Sale de la propia terminal de las llegadas internacionales de Don Muang y pasa por los principales hoteles de la ciudad. Su precio es la mitad que el de un taxi pero puede tardar tres o cuatro veces más en llegar a nuestro hotel en función de cuál sea su recorrido. Y la última opción es el autobús público. Es realmente barato (unas diez veces más que el autobús turístico), y por menos de 60 céntimos nos puede llevar dónde vaya. Decimos esto porque no es fácil entenderse con los tailandeses el primer día que uno llega a Bangkok. Por lo tanto, conviene confirmar muy bien el destino y el recorrido del autobús antes de subirnos en él.

Por cierto… no hemos contemplado la posibilidad de llegar sin tener un sitio donde dormir. Pues bien, no nos será difícil llegar y alojarnos en alguna parte. Como ocurre en casi todo el mundo, los precios en la capital son más caros que fuera de ella, pero continúa siendo barato dormir en Bangkok. Un hotel de tres estrellas puede costarnos 12 euros por persona más un suplemento de 3 euros si queremos tener aire acondicionado en la habitación (imprescindible). Ahora bien, si nuestro presupuesto es realmente reducido buscaremos una “Guest House”, donde podremos dormir por menos de 6 euros(aunque en unas condiciones un tanto precarias). Desde aquí recomendamos dos guest houses de precios asequibles e instalaciones más o menos decentes: Peachy Guest House y New Merry V Guest House, ambas en el este del río Chao Praya.

El encantador caos de Bangkok

Hemos llegado que no es poco. Después de un vuelo de casi 15 horas, de jet lag, y de una llegada no accidentada pero si intensa, nos levantamos en una ciudad hiperactiva que parece no descansar nunca. Estamos en el ombligo de Asia y hay que aprovecharlo.

Lo más normal es que queramos aprovechar nuestra llegada a Bangkok para visitar la ciudad mientras nos aclimatamos al país y a sus costumbres. No obstante, recomendamos no pasar más de 4 días en la ciudad a no ser que nuestro viaje sea realmente largo. El motivo es, simplemente, que los encantos de Tailandia van mucho más allá del bullicio de una ciudad caótica. Por lo tanto, la recomendación es pasar tres o cuatro días en Bangkok aprovechando el tiempo al máximo y aprovechar para planificar nuestra ruta por el sudeste asiático.

Pero antes de dejar el hotel o la “Guest House” donde hayamos dormido es fundamental mantener una pequeña charla con el propietario o recepcionista del establecimiento. Esta recomendación es válida para viajes a cualquier país del mundo, pero no está de más. Nunca le preguntaremos por restaurantes o tiendas donde comprar (lo más seguro es que tenga comisión), lo que si haremos será preguntar qué precio debemos pagar por según qué productos. Es decir, cuál es un buen precio en un restaurante, para un taxi, o para cualquier cosa que podamos necesitar. Hecha esta salvedad cruzamos la puerta del hotel y nos disponemos a abordar Bangkok.

Lo primero que nos va a sorprender va a ser la extraordinaria humedad que hay en la ciudad y el olor intenso y penetrante del agua y la comida en la calle. No es un olor agradable, y habrá que acostumbrarse a él porque nos acompañará durante todos los días que estemos en la ciudad. También quedaremos sorprendidos de la cantidad de agua que hay en las calles que proviene de los aparatos de aire acondicionado instalados en casas y establecimientos comerciales. La verdad es que el aire acondicionado se ha convertido en el bien más preciado en la capital tailandesa. Y todavía otra recomendación: mirar tres o cuatro veces una calle antes de cruzarla. El tráfico es tan intenso y variopinto que nos puede atropellar un camión, un autobús, una furgoneta, un coche, una motocicleta, una bicicleta y hasta un “tuk-tuk”.

De hecho, este es uno de los conceptos que debemos retener: el “tuk-tuk”. Son motocicletas que incorporan un pequeño banco atrás sobre dos ruedas y que permite desplazarse por la ciudad por muy buen precio pudiendo captar toda la esencia de Bangkok. No tienen cristales (con lo que notaremos los olores y el clima), nos moveremos a una velocidad perfecta para no perdernos nada y todo por un precio mucha más económico que el de un taxi.

Lugares a visitar en Bangkok

Para lo grande que es Bangkok, esta ciudad tiene una sorprendente cantidad de lugares tranquilos donde ir. A un solo paso de las bulliciosas calles podemos encontrar hasta 4000 wats (templos monasterios) donde el arte y la paz espiritual se abrazan para ofrecernos cobijo entre tanta actividad, contaminación y gritos. No podemos dejar de visitar el Wat Phra Kaew, el Grand Palace, el Wat Pho y el Wat Triamit. Este último es también conocido como el “Templo del Buda de Oro”, e incluye una talla de más de tres metros con la figura del Gran Buda en oro macizo. Sin duda, tampoco podemos dejar pasar la oportunidad de comprar algo en el mercado flotante de Wat Sai, en el barrio de Thonburi, ni de viajar por la extensa red de canales de la ciudad. También puede ser curiosa y divertida una visita al Saovabha Institute Snake Farm, o lo que es lo mismo, a una granja de serpientes.

Nos llamará la atención la gran cantidad de perros y gatos que encontraremos en los monasterios y pagodas, pero esto va a ser sólo una broma cuando veamos lo que hay fuera de la ciudad.

Llega la hora de comer. Hay varias opciones, aunque lo mejor es que busquemos un restaurante donde sentarnos y que haga más o menos buena pinta. La verdad es que no es muy recomendable para los estómagos europeos comer fruta comprada en los mercados de Bangkok. Las condiciones de higiene no son precisamente excepcionales, y será mejor buscar alguna alternativa. Hay muchos bares y restaurantes y es relativamente fácil encontrar un sitio donde comer barato. Lo más normal es que nos sirvan una comida muy parecida a la de los restaurantes chinos que conocemos en España, aunque con más frutas, y verduras. Es especialmente rico y usual el pollo con piña. El arroz (en grano o en fideos) lo usan como nosotros el pan, por lo que nos acompañará todas las veces que nos sentemos en una mesa. Por cierto… es imposible que traigan los platos en el orden que los hemos pedido o que nos gustaría. Simplemente se trata de no desesperar con este tema.

Respecto a la bebida, lo normal es comprar agua embotellada y a poder ser con gas (así aseguramos que no han rellenado las botellas con agua del grifo). Son buenísimos los batidos hechos con frutas naturales (piña, coco, plátano, rambután, melón,…), aunque nunca sabremos qué agua o líquido han utilizado para hacerlos.

Si todo esto no nos convence, siempre podremos acudir a un McDonald’s, Pizza Hut o Kentucky Fried Chicken, aunque cuando salgamos de Bangkok no habrá más sabores que los autóctonos.

Otras actividades

Hay dos cosas más que deben hacerse para conocer Bangkok. Una es comprar y la otra descubrir la ya legendaria noche de la ciudad. Empezamos por las compras.

Las tiendas y paradas callejeras se extienden por toda la ciudad. Lo normal es que encontremos miles de falsificaciones de marcas muy conocidas por precios ridículos. En estas zonas debemos ir con cuidado con los carteristas y estar dispuestos a regatear “hasta la muerte”. Lo más normal es que cuando nosotros creamos que hemos conseguido un buen precio por un producto ellos nos hayan estafado. Es igual, es otro de los encantos de la ciudad. Son especialmente interesantes los mercados de Chinatown y Pahurat, donde encontraremos productos chinos y de la India a un precio muy asequible. Por lo que respecta a la artesanía, los turistas acostumbran a comprar piezas en tela de seda y orfebrería de plata y oro. La joyería también tiene una gran tradición y si se entiende un poco se pueden encontrar muy buenas piezas.

Por lo que respecta a la noche de Bangkok hay demasiadas cosas para ver. La más cultural son los espectáculos de danza thai, basados en las ancestrales tradiciones de este país. Bailarinas con uñas larguísimas y totalmente disfrazadas escenifican situaciones al son de una músico incomprensible.

Pero si se quiere algo más de actividad recomendamos asistir a un combate de kick-boxing (una especie de boxeo en el que se permite el uso de los pies, las rodillas y los codos), que es para los tailandeses lo que el fútbol para los españoles. Cada día se celebran combates en uno de los dos estadios de la ciudad, y es increíble la reacción de los espectadores ante todo lo que ocurre en el ring. Este es el deporte más popular del país y, evidentemente, también podremos apostar por uno u otro luchador.

Finalmente no podemos pasar por alto la zona de los bares nocturnos donde, por desgracia, el “producto estrella” son los niños y niñas que son obligados a prostituirse desde los siete años. Mantener relaciones sexuales con estos niños y niñas es muy arriesgado y a la vez ilegal (estaríamos cometiendo un delito que nos podría llevar a una cárcel tailandesa). Además, tampoco hacemos ningún favor a nadie potenciando este tipo de turismo. No obstante, forma parte también de la realidad de Bangkok aunque esta zona, no es, ni mucho menos, una atracción turística.