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Viajar a la patagoniaPoca gente. Mucho viento. Aquí hay menos de un habitante por km. cuadrado. Una única persona muy de cuando en cuando, pero siempre dispuesta a ofreceros su hospitalidad si la meteorología amenaza con demostraros porqué estáis en Tierra de Fuego.

La Patagonia son dos países (Chile y Argentina) y dos mundos, desierto y hielo. Y montones de adjetivos y sustantivos que se cuelan entre estas parejas de “pseudoantónimos”. Lo único que siempre las acompaña es el calificativo de salvaje, en el sentido de no domesticado, imposible doblegar este submundo dentro del nuestro a leyes que no sean las de la naturaleza y la de sus intrépidos y orgullosos habitantes. Ahora, que está a punto de comenzar el verano austral, es la mejor época para realizar trekkings y disfrutar del entorno con temperaturas más humanas. Aquí os hacemos algunas propuestas, pero antes de llevarlas a cabo recordad que no vale la pena desplazarse hasta el fin del mundo durante menos de 15 días y que lo recomendado es disponer al menos de un mes para viajar a la Patagonia:

Ruta 40

Esta carretera, de unos 130 kilómetros, puede transformarse en otra ruta sin que lo notéis. Así son las vías de la Patagonia, misteriosas y oníricas. Si recorréis este tramo en autostop podéis estar seguros de que alguien os recogerá, pero quizás pasen doce horas hasta que eso ocurra, lo que se tarda en ver un vehículo por estas latitudes. Durante este trayecto no encontraréis nada. Separadlo con sílabas, na-da y decidlo lento, que aquí todo lo es: na-da. Y esa es su maravilla y la razón de que todos los viajeros que se adentran en estas tierras quieran experimentar la maravilla de este desierto diferente. Sin embargo, pequeños desvíos os conducirán hasta el lago Posadas, la Cueva de las Manos y el parque nacional de Perito Moreno. Una de las principales atracciones de esta ruta es el tramo sin asfaltar que discurre entre Perito Moreno y el Calafate. Son 500 kilómetros que hacen las delicias de los motoristas.

La Trochita

Es el nombre que recibe el tren de madera que aún recorre un tercio de las tierras de la Patagonia a su ritmo decimonónico, calentado por peligrosísimas estufas de leña. Si aún sigue circulando por 420 kilómetros de la Pampa (200 de ellos en paralelo a la ruta 40) se debe en gran medida a la influencia del libro de viajes The Old Patagonian Express, del escritor norteamericano Paul Theroux. En sus escasos asientos se mezclan extranjeros curiosos y lugareños que no cuentan con otro medio de transporte.

El faro del fin del mundo

El mismo que sirvió para titular la novela de Julio Verne fue reconstruido hace unos años por un grupo de románticos franceses en la isla de los Estados, donde estuvo el original desde 1884.

San Carlos de Bariloche

Población que vive del turismo deportivo. Es el centro ideal para esquiar en cualquier época del año, pero también para practicar deportes acuáticos en las aguas del lago Nahuel Huapi.

El Bolsón

Muy cerca de Bariloche, los habitantes de este pueblo se declararon independientes de cualquier estado y fundaron la República de El Bolsón. Aseguraban aquellos pioneros que sólo debían obedecer a Dios o las fuerzas más benignas, por haber creado en este lugar el más bello de la Tierra, tanto que hasta los mismos ovnis se interesan por él y circulan tranquilamente por este atajo. En cualquier caso, su belleza y su espíritu libertario atrajeron a una importante comunidad de hippies de todas las nacionalidades en los años 60 y 70, entre ellos muchos artistas. Siguen ahí y su influjo se hace patente en algunas manifestaciones como la declaración del municipio como “Zona no nuclear” (1984) y “Municipio Ecológico (1991)”.