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viajar a groenlandiaViajar a Groenlandia es el gran desafío de los polos, la vida de los inuit, las grandes exploraciones polares, el sol de medianoche, largas travesías con trineos de perros, gélidos vientos, icebergs, focas, ballenas… Groenlandia, paraíso salvaje y oculto entre el cielo y el hielo, forma parte de este frío corazón de la Naturaleza.

Éramos diez… Éramos diez los miembros del grupo internacional los que quedábamos sobre unas rocas de origen volcánico a las afueras de Qeqertarssuaq, una aldea situada en el extremo de la bahía de Disko, a 70º latitud norte, más arriba del Círculo Polar Ártico.

El helicóptero, nuestro medio de transporte habitual, se alejaba difuminado entre la neblina grisácea y los torbellinos de nieve que levantaban sus propias hélices. Me detuve a presenciar el panorama. Fue entonces cuando pensé que, cualesquiera que fueran las escenas y vivencias que en un futuro nos esperasen aquí, nunca presenciaría ninguna más brutal que aquella profunda sensación de soledad que experimenté y que nunca más en la vida he vuelto a sentir.

El contacto y la convivencia de pequeñas comunidades de cazadores y pescadores groenlandeses con personas de diferentes culturas, lenguas y costumbres era la finalidad de un proyecto promovido por una organización danesa en colaboración con el gobierno de Groenlandia. El grupo formado por miembros de diferentes países europeos, entre los que me encontraba, asistió a un seminario de una semana de duración en Copenhague para adquirir unos conocimientos básicos sobre historia, situación política y cultura inuit que más tarde, in situ, nos encontraríamos.

Groenlandia: La mayor isla del mundo

Groenlandia. Así es como el primer colono blanco, el islandés Erik el Rojo, llamó a esta isla al descubrirla en el verano del año 982. Tomó tierra en el sur, a más de 2.000 kilómetros de su punta norteña. Ya entonces se encontró, impasibles, a los habitantes primitivos: los inuit que, procediendo del continente americano, habían seguido a sus presas de caza en su camino hacia el sur y, a lo largo de 4.000 años, poblaron la costa oeste de la isla.

Estos inuit llamaron a su tierra kalaallit Nunaat: el país donde viven los seres humanos. Es su isla, y la mayor del mundo con una superficie de 2.175.600 km2, de los cuales el 80% está cubierta de hielo: el Inlandsis.

Geográficamente forma parte del continente americano y es políticamente una parte del reino de Dinamarca como pueblo autóctono, con identidad cultural propia y autogobierno en lo que se refiere a asuntos internos.

Los groenlandeses son una mezcla de inuit y europeos. Viven de la pesca y la caza. Son bajitos y de caracteres asiáticos: pelo negro y laceo; la cara curtida por el sol; se les adivina tímidos y de pocas palabras.

Las casas son de madera pintada en multicolores de claro estilo colonial danés y mucho más acogedoras de lo que pueden parecer desde el exterior. Están dispuestas de forma anárquica en medio de desnudas rocas basálticas muy erosionadas por el hielo invernal.

Al no haber carreteras ni ningún tipo de comunicación terrestre entre las aldeas, todo el transporte de mercancías se realiza en helicóptero o por vía marítima. Aparte de pescado y las carnes de foca, ballena y reno, que son los genuinos alimentos frescos de estas tierras, todo lo demás como frutas, verduras, tabaco y diversos productos de consumo son de importación, y los precios son muy elevados debido a las altas tasas y al costoso transporte.

Ejemplo de naturaleza ártica

Qeqertarssuaq es un lugar idóneo para el estudio de la naturaleza y sus fenómenos. Muchos de los peculiares procesos del Ártico son descritos con detalle y fácilmente reconocibles aquí. El área posee una interesante flora gracias a las numerosas surgencias de aguas termales, que favorecen las condiciones de desarrollo de la tundra y el crecimiento de vegetación. Este agua se puede considerar relativamente caliente si tenemos en cuenta la temperatura exterior. Su presencia es debida a zonas calientes en el subsuelo que son vestigios de anteriores periodos volcánicos. Resulta pues, desconcertante, pensar que puedan existir estas zonas bajo tierra, considerando que a unos cientos de metros se levantan glaciares que son auténticos congeladores naturales y que perduran desde el tiempo de las grandes glaciaciones. Esto es, sin duda, la calma del principio eterno. Así era la Tierra; todo fuego y todo hielo, tomándose cada uno su periodo y turnándose según el poderío de la naturaleza.

Se ha establecido una estación ártica orientada a investigar la Geología, Botánica y Zoología de estas latitudes, y también como base a diversas expediciones científicas y deportivas que intentan cruzar el Islandsis en trineos de perros.

El Islandsis está formado por hielos perpetuos de kilómetros de espesor que cubren la mayor parte de Groenlandia, formando glaciares con abismales grietas, a menudo tapadas por ligeras capas de nieve y hielo que cubren su totalidad y son difíciles de ver, lo que las hace extremadamente peligrosas. Éste es un lugar que los inuit siempre han temido. Según ellos, allí habitan los espíritus del mal y sus fantasmas, y aquellos que osan molestarlos son tragados por las gigantescas grietas.

Rutas blancas

Todas las familias son propietarias de trineos con perros y un barco con el que se puede recorrer la costa, viajar dentro de Groenlandia,  hacer excursiones, visitar a los parientes e ir de caza y pesca. Algunos tienen motos de nieve, pero no confían mucho en estos modernos transportes mecánicos. En pocos años se han cobrado más víctimas que con los perros de trineo en toda su historia. En el oscuro invierno, un fallo mecánico en la moto, estando alejado de cualquier población, significa una muerte segura.

Les acompañamos en sus travesías y somos testigos de típicas actividades de tiempo libre y de tareas cotidianas de caza y pesca. En el Ártico todas las distancias son largas y hay muchos días de viaje por delante. Tomamos un pequeño barco de pesca que nos lleva a lo largo de la costa sorteando los icebergs: esos compañeros que, desde que pisamos Groenlandia, están siempre presentes. Esos mismos que, a menudo, nos llaman la atención por el estruendoso chapoteo que producen al desprenderse trozos y caer al mar, lo cual hace que la navegación en sus proximidades sea arriesgada.

La navegación por el Ártico en busca de caza es especialmente peculiar. Su dureza se ratifica por las bajas temperaturas, a lo que hay que sumarle el viento helado y la humedad, que aumentan enormemente la sensación de frío. Un vistazo a la brújula del barco nos detalla que a cada rumbo tomado hay que sumarle 60º de declinación entre el norte magnético y el norte geográfico. Lo que en el continente es casi despreciable, en estas latitudes la declinación es algo a tener muy en cuenta a la hora de trazar rumbos en el mar o de orientarse sobre el hielo.

En estas aguas hay grandes bancos de peces. Sólo bastan 20 minutos para llenar un cesto que nos irá muy bien para la cena. Después de cuatro horas de viaje desembarcamos en un amarradero natural entre rocas e icebergs. Salvando los primeros metros de acantilados de la costa, emprendemos una marcha por la extensa tundra ártica. Muy a menudo tenemos que sortear y cruzar zonas completamente inundadas debido al deshielo. Se forman saltos de agua que se ramifican en múltiples brazos, que mantienen a media altura nubes de gotas en suspensión y que reflejan la luz en mil colores.

La vida en el Ártico siempre se ha desarrollado en comunidades pequeñas, puesto que el entorno permite la alimentación de sólo unos pocos al mismo tiempo. Está claro que en esta parte del mundo es imposible vivir sin una combinación especial de solidaridad e individualismo. El inuit es individualista a la hora de cazar, tiene que sobrevivir solo y sin ayuda, y a la vez ser solidario a la hora de repartir. Muy rara vez los cazadores salen en grupo. Cada uno debe encontrar su propio momento para comenzar el largo camino hacia el interior. Cuanto más se prolonga la caza, más se retiran los renos hacia otras zonas. Los animales se despellejan, se limpian y se despiezan en el mismo lugar donde son abatidos, y hay que cargarlos todo el camino de vuelta al campamento.

En los círculos que se forman a la hora de la cena, se relatan antiguas creencias inuit: al nacer en estas tierras, el niño recibe el alma de un pariente fallecido. Ese alma ayuda al niño a aprender a hablar con los espíritus de los animales. Los que han aprendido a comunicarse con los espíritus son los que pueden encontrar a los animales, cazarlos y, por tanto, sobrevivir. El que no sabe comunicarse con ellos, muere. Los inuit han convertido la selección natural del Ártico en unas bonitas creencias místicas.

Los días siguientes, ya sobre los trineos de perros, nos movemos con más rapidez e incluso nos ponemos los esquís de travesía. Los perros son del tipo groenlandés y, a pesar de que marcan un medio de subsistencia en esta sociedad, también la ley es implacable con ellos. Si alguno de ellos se rompe una pata de manera que no pueda seguir, lo matan de un disparo en la cabeza y aprovechan su piel. Lo mismo ocurre con los que muerden a alguien. No hay ninguna discusión posible con el dueño. Es un mundo diferente con reglas diferentes. Aquí tienen su forma de hacer las cosas, cuanto antes lo comprendamos mejor para nosotros y para nuestras convicciones morales sobre la vida y la muerte.

Jack’s town es un saliente de rocas entre la nieve y el hielo lo suficientemente alto como para perder la vista en el horizonte blanco al igual que los aullidos de los perros se pierden en el viento. Una vieja cabaña de madera nos acoge engullida en el manto blanco. La convivencia de los groenlandeses es muy distendida a pesar de la rudeza del entorno y, a veces, logran sorprendernos con alguno de sus comportamientos. Mientras la carne de foca se guisa al fuego, nos cuentan orgullosamente que ellos pertenecen al grupo étnico de los inuit o, como dicen en Europa, de los esquimales. Ven que su cultura de autoabastecimiento, que se basa en el consumo de carne de foca y de ballena, no se comprende en Europa y esto, como si de algo inmoral se tratase, lleva a malos entendidos. Para ellos es necesario salir a cazar y a pescar, y esta cultura de la caza es el alma de su cultura. Ésta es la esencia de su identidad y luchan por conservarla. Más tarde, intentando conciliar el sueño, resuenan en mis oídos las palabras de los inuit: no hay ninguna especie animal que se encuentre amenazada por los habitantes nativos del Ártico o que haya sido exterminada por ellos. Sin embargo, sí lo son por el hombre actual industrializado. Mientras afuera, con un radiante sol, cae la noche.

Al acercarnos de nuevo a la costa, los cada vez más numerosos icebergs nos indican que estamos cerca del Jakobshavn Glacier, que se encuentra más al sur. Este enorme glaciar es extremadamente productivo en gigantescas masas de hielo que desprende al mar. Es el más activo del mundo y se mueve a razón de 30 metros por día sobre un frente de 8 kilómetros de ancho.

El agua, el elemento más importante para los seres vivos, está siempre presente aquí en forma de mar, nieve y hielo. Es el signo existencial en esta parte del planeta. Estos tres elementos que en verano marcan el ritmo cotidiano de la vida, se transforman en invierno en uno sólo: un gran bloque de hielo de 2 millones de kilómetros cuadrados sin diferenciarse el mar de la tierra lo envolverá todo. La palabra nada cobrará toda su fuerza y una singular línea en el horizonte marcará la diferencia entre los dos mundos existenciales del espíritu inuit y la dignidad esquimal que se mantienen, imperturbablemente, entre el cielo y el hielo.

Guía practica

Accesos

Desde Copenhague: SAS y Grondland Fly tienen vuelos directos.

Desde Islandia: Grondland Fly vuela de Reykiavick a Nuuk y Narsarsuaq.

Desde Canadá: Grondland Fly y First Air vuelan a Nuuk desde Iqaluit, donde se pueden conectar vuelos hacia Montreal y USA.

Para moverse por Groenlandia no existe ni el ferrocarril ni hay carreteras, por lo que el avión, el barco y el helicóptero son los únicos medios de transporte. Grondland Fly se ocupa de todos los vuelos interiores, con billetes de elevado coste.

321.

Mejor época del año para viajar a Groenlandia

Entre el mes de junio y finales de agosto es la temporada del año en la que el tiempo es más benigno, con 24 horas de luz solar.

La mosquitera se hace esencial al ser época de deshielo.

El invierno polar es muy crudo, llegando algunas veces a los 70º bajo cero.

Equipo necesario

Al viajar a Groenlandia conviene llevar buena ropa de abrigo, a poder ser equipo individual de alta montaña, que es ligero y abriga. Para el viento: chaquetón, peto, forro polar, un par de guantes, manoplas, ropa interior térmica, gorro, un par de buenas gafas de sol, crema solar, saco de dormir de plumas, botas de alta montaña y de trekking. Para las zonas de tundra inundadas por el deshielo, se deben incluir botas altas de goma, mosquitera individual y una grande para dormir. En el mismo país se pueden conseguir pantalones y chaquetón de piel de perro, que suelen usar los inuit en el manejo y travesías con los trineos de perros. Un buen consejo: los perros de Groenlandia son parcialmente salvajes. Así lo quieren sus dueños. Dicen que los perros domesticados no sirven para arrastrar los trineos. Los tienen encadenados al suelo y, a menudo, hambrientos para evitar su engorde en verano. Así que, por favor, no tratéis de acariciarlos ni domesticarlos, y recordar que un trineo de perros tiene prioridad de paso y no se le oye venir.

Gastronomía

En un país que no árboles y escasos cultivos agrarios resulta cara una alimentación de frutas, verduras y hortalizas. Lo que se encuentra a este respecto está importado de Dinamarca. Disfrutad de las especies propias de estas latitudes: carne de foca, ballena, reno y caribú asados al fuego, así como salmón y variedad de pescados.

Alojamientos

El gobierno autónomo de Groenlandia está haciendo un esfuerzo considerable para potenciar el turismo -hasta ahora destinado a sólo unos cuantos con alto nivel adquisitivo- por lo que está invirtiendo grandes sumas de dinero para fomentarlo y dotar al país de una infraestructura estable de hoteles, alojamientos y oficinas de turismo con el fin de incrementar la acogida de viajeros. Por lo tanto en la capital, Nuuk, y poblaciones un poco grandes es mejor contactar con anticipación o dirigirse a las oficinas de turismo para información de alojamientos, transportes, rutas y excursiones locales.