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vacaciones formenteraAntes de que se acabe lo que popularmente se conoce como “el veranillo del membrillo“, es decir, unas semanas algo más cálidas antes de que el otoño obligue a desempolvar definitivamente los abrigos, una visita a la isla de Formentera ofrece infinitas posibilidades.

Los turistas que arrasan las vecinas playas ibicencas han desaparecido y la colonia germano-mallorquina apenas si se mueve de sus dominios, así que el visitante puede recorrer los 80 quilómetros cuadrados de la isla de Formentera sin miedo a las aglomeraciones y los estruendos. Para integrarse en el paisaje, lo mejor será alquilar una bicicleta, el vehículo más popular por estos llanos caminos y utilizarla para sortear los pinares y las huertas típicamente mediterráneas que salpican la isla.

El olor a los últimos higos -procedente de higueras estacadas según una técnica tradicional-, el aroma maduro de los membrillos y las hojas secas de las parras en la entrada de las abundantes y dispersas casas rurales conducen hasta las playas. -Allí las aguas brillan con colores mediterráneos, que van desde los celestes más diversos hasta los intensos esmeraldas.

Las calas de Formentera, casi desiertas en esta época del año, suelen estar rodeadas de dunas en vez de rocas, por lo que el baño resulta delicioso y sin peligros. Después de consumarlo, pedalear hasta un bar donde el tiempo se ha detenido permite conversaciones surrealistas con los lugareños, encantados de charlar con el extraño cuando éste no tiene prisas. Sus historias parecen no tener fin: desde leyendas sobre los piratas que desde siempre cercaron la costa, hasta la función de los molinos de viento -tan emblemáticos que incluso aparecen en la bandera de la pequeña pitiusa-.

Divertido el capítulo de las anécdotas referidas a los hippies que hace unas décadas solían acercarse por la “Fonda Pepe” hasta acabar enamorándose de la isla. Algunos de ellos se quedaron para siempre e instalaron sus talleres artesanales en estas áridas tierras y, aunque en principio parecen culturalmente muy distantes a los 5.000 insulares, han sabido integrarse en sus ritmos, vestirse con sus típicos “adlibs” y disfrutar de las olivas.En cualquier caso se recomienda imitar su temple para adaptarse al lugar y no visitar la isla apresuradamente o nos perderemos la mitad.

Lo mejor es comenzar ascendiendo hasta el promontorio de La Mola, con una cima completamente plana desde la que se puede contemplar la isla entera y también sus alrededores. Allí, intuyendo las posibilidades del lugar, empezaremos a planear que lo mejor es no planear, no hacerlo en absoluto, sino camuflarse entre los lentiscos, las jaras y los tomillos de los arenales, como si fuésemos una lagartija pitiusa (sargantanes), protegidas hoy oficialmente.

Lo mejor es siempre preguntar a los vecinos por las playas y rincones, pero queremos recomendaros visitar la Cala Saona, que aun no siendo la más equipada, sí es muy frecuentada por los lugareños. La de Ses Illetes puede presumir de aguas limpias y cristalinas, en las que el nudismo está permitido, al igual que en Llevant. De hecho, esta práctica es habitual en casi todas las playas de la isla.

El faro del cabo de Barbaria es el punto más elevado de la isla. Desde sus cimientos se divisan dunas tan blancas que os exigirán gafas de sol para proteger vuestra vista. Lo mismo ocurrirá si decidís visitar alguna salina. El estanque des Peix es uno de los grandes lagos naturales de la isla. Sus aguas cristalinas son ideales para el baño, pero también para las pequeñas embarcaciones -si es que decidís venir hasta Formentera con barca propia y prescindir de los ferries, que salvan la distancia con Ibiza en media o una hora según la compañía escogida-. La playa del Caló, formando una pequeña ensenada, es otro rincón perfecto para barquitas. También se trata de una buena época para el buceo.

Si sois frioleros quizás no os atreváis a bañaros, pero el sol del otoño es maravilloso y aún muy activo en esta zona. Eso sí, si queréis marcha tendréis que desplazaros hasta la vecina Ibiza. La jet set ha desertado ya de las discotecas más fashion del Mediterráneo, pero las ganas de divertirse continúan.