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vacaciones en familiaVivimos deprisa, soportando a veces un ritmo demasiado rápido. Las vacaciones son un respiro necesario.

Por eso, por la importancia que tienen para nuestra salud física y mental, conviene prepararlas tanto desde el punto de vista de las cuestiones prácticas como desde el de la disposición psicológica con la que afrontamos el descanso.

En busca del propio espacio

No es necesario estar solas para dedicarnos un poco a nosotras mismas, pero, lo cierto, es que en la vorágine de la vida cotidiana es fácil que una mujer llegue a olvidarse de sí misma.

Durante estos días de finales de junio, cuando los niños llenan la casa y los horarios se relajan, muchas madres ya han hecho planes para organizar todo el tiempo que sus hijos tienen de vacaciones.

La oferta para unas vacaciones en familia es plural y diversa: campamentos de verano, cursos en el extranjero, granjas-escuelas, etc. Compaginar lo que les va bien a los pequeñines y lo que les gusta a los más mayores no es fácil. Lleva tiempo y ocupación mental, y todo este trabajo suele recaer sobre las madres.

Pero las vacaciones son para todos. La madre también necesita relajarse, por lo que cada miembro de la familia, dentro de sus posibilidades y según su edad, tiene que colaborar un poco y responsabilizarse de sus cosas. Por ejemplo, todos, a partir de los 12 años, deberían participar en la toma de decisión de dónde y cómo se va a pasar el verano.

Cuando se prepara el viaje, a partir de la adolescencia, cada uno de los hijos tendría que ocuparse de preparar sus maletas. Después de los ocho años, deberían ocuparse de meter en su mochila algún juguete y ayudar en lo que puedan. En el lugar de destino, cada uno debería recoger su cuarto.

Los problemas, más evidentes de las vacaciones en familia

Prepararlas con alegría y ganas de empezarlas es el mejor síntoma para reconocer que nuestra familia marcha bien y que las relaciones que mantenemos son saludables.

Ahora bien, si el cansancio, la desgana y las protestas llenan los días previos a la marcha, tenemos suficientes señales para saber que dentro de nuestra familia existen problemas que hay que afrontar.

Si el malestar es nuestro, debemos investigar qué nos pasa, incluso podemos aprovechar las vacaciones para revisar qué le pasa a nuestra función de madre o de esposa, si no nos encontramos bien dentro de ella.

Si el malestar proviene de algún hijo, hay que ayudarle a descifrarlo. Si la dificultad se encuentra en nuestra pareja, habrá que escucharla.

Una de las formas que tienen los hombres de expresar el malestar que sienten dentro de su propia familia es dedicarse a trabajar durante las vacaciones, lo que constituye una manera de huir para no tener que estar con los suyos.

Durante las vacaciones familiares, la convivencia es estrecha y se está mucho más tiempo juntos: vivirlas bien es una prueba de amor a la familia.

Visitando a los abuelos

Algunos niños tienen la suerte de que sus abuelos viven en un pueblo donde ellos van a pasar parte de las vacaciones en familia.

Cuando se dan estas circunstancias, todos están de enhorabuena. Sobre todo los niños de ciudad, que se encuentran más alejados de la naturaleza.

Quizá algunas madres teman que los abuelos maleduquen a sus hijos y piensen que luego se los van a encontrar un poco salvajes.

Este tipo de temores no tiene fundamento, pues los niños distinguen claramente que las normas de sus padres son diferentes de las de sus abuelos.

Y esta diferencia de criterios, lejos de ser perjudicial, es buena porque les enseña la diferencia existente entre las generaciones.

Además, amplia la gama de sentimientos que el niño siente por sus mayores y le da una visión sobre la historia de su familia más amplia, lo que siempre favorece la autoestima del niño.

Entretener a los niños

Cuando hay niños pequeños y viajamos en coche, conviene salir temprano, porque, de esta forma, pueden ir durmiendo parte del camino.

Suele dar buen resultado desayunar en ruta, para estirar las piernas y que los pequeños jueguen un rato al aire libre.

Al continuar la marcha, cuando se empiecen a sentir cansados, es el momento de organizar juegos. Los relacionados con el lenguaje, como el de encadenar palabras, tienen mucho éxito.

Consiste en nombrar una que comience por la misma sílaba con que ha terminado la anterior. Los juegos como el ‘veo veo’ les gustan.

Pero tampoco se trata de agobiarles con juegos continuos, sino de entretenerles. Cuando se cansan de jugar, la música es un elemento importante para relajarles.

Si el viaje es en avión o en tren, se pueden hacer juegos como las tres en raya o darles papel para que dibujen. Después de jugar, hay que descansar y observar el ambiente.