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morella turismoKilómetro y medio de murallas perfectamente conservadas circundan el casco urbano de Morella. Dentro de ellas, espera al visitante, siguiendo las curvas de nivel, un laberinto de calles en las que se suceden notables monumentos que han hecho que la ciudad fuera declarada Conjunto Histórico Artístico ya 1965 y que le confieren un auténtico sabor medieval.

Morella se sitúa en el interior del norte de la provincia de Castellón y siendo el segundo término municipal más extenso de tierras valencianas (418 km2) en él se suceden una gran diversidad de paisajes en los que las montañas, con más de 1.000 metros de altitud, están surcadas por profundos barrancos, mientras que las tierras de pastizales y cultivos de secano se mezclan con masas boscosas (encinas y pinos sobre todo) de las que destacan los bosques de Pereroles y de Vallivana.

En este relieve escarpado hay sólo dos cursos de agua relativamente importantes en época de lluvias y nieves, el río Bergantes y el río Cervol, junto a ellas las fuentes que salpican estas tierras riegan unas pocas huertas que se cultivan para consumo propio, bien de las numerosas masías o de los propios habitantes de Morella.

Morella debe su fundación a los árabes quienes la perdieron una vez a manos del Cid y definitivamente en 1232 cuando la conquistó el caballero Blasco de Alagón quien la poseería hasta su muerte pasando después, dada su importancia estratégica, a ser dominio real (del Rey Jaume I), siendo Morella capital de una comunidad formada por los municipios actuales de la comarca de Els Ports, que pervivió hasta 1691. Morella ha tenido una singular importancia en distintas guerras y acontecimientos históricos, como podrán ver aquellos que hagan turismo en este pueblo. Cabe destacar su presencia en el Cisma de Occidente cuando se reunieron aquí el rey Fernando I, el Papa Luna (Benedicto XIII) y san Vicente Ferrer, y durante las Guerras Carlistas en las que Morella fue cuartel general de Cabrera cayendo en manos del general Espartero en 1840.

Al viajar a Morella podemos acceder a través de cualquiera de sus seis puertas que se abren en la muralla, siendo las más monumentales las de Sant Matey y Sant Miquel, también existen la del Rei, Ferrisa, Forcall, de la Nevera y del Estudis. Además otras torres jalonana este períetro amurallado que se construyó durante los siglos XIV y XV y fue reformado en los siglos XVII y XVIII. Se podrán encontrar bellos ejemplos de la arquitectura civil y religiosa entre un conjunto urbano de claro sabor medieval. Destaca la calle Blasco de Alagón, con sus bajos porticado donde se celebra cada domingo mercado, así como los palacios y casonas del Cardenal Ram (s.XVI), Ciurana (s. XIV), Cruilles (s. XVI), de la Cofradía de Labradores (s.XVII), Piquer (s.XVI) y el Ayuntamiento (s.XIV-XV).

La Arquitectura religiosa tiene en la iglesia arciprestal de Santa María la Mayor su obra más destacada. Se trata de una verdadera joya, destacando las puertas de los Apóstoles y de las Vírgenes y el coro, curioso ya que es uno de los pocos casos del mundo en los que éste se encuentra aislado y en alto. Merecen igual la pena el altar mayor, las vidrieras y el majestuoso órgano de Torrull.

Esta y otras iglesias y monumentos de interés se encuentran a resguardo del castillo a los pies del cual se encuentra el exconvento de San Francisco con una importante iglesia (s.XIV) y un notable claustro (s.XIII), ambos góticos. Desde el castillo, en un entramado de puertas, torres y salas que suben hasta la cima de Morella, podremos contemplar una magnífica vista.

Tampoco faltan museos en Morella para los turistas. “Temps de Dinosaures” recoge una muestra de los restos de dinosaurios qu se han encontrado en estas tierras, “Dímage” es una muestra fotográfica de la ciudad de finales del siglo XIX y principios del XX, y “Temps de Història” recorre las etapas históricas más importantes de Morella.

Así mismo, pervive una rica artesanía textil, que antaño fue la más importante fuente de recursos económicos para esta población, pues durante la Edad Media y siglos posteriores llegaron a trabajar más de 500 telares de lana. Entre las distintas labores destaca la apreciada manta morellana. Típica es también hoy su gastronomía, claramente autóctona. Hay buenos restaurantes que se nutren de productos propios, entre los que destaca la apreciada trufa, transformados en sabroros platos como la sopa morellana, la sopa de flan, croquetas morellanas, “la truita (tortilla) en mullador”, el ternasco, la gallina trufada, etc. Y no faltan postres como la “collà” (cuajada) o los “flaons” (pasteles rellenos de requesón y almendra.

En cuanto a las fiestas, destacan las que se celebran inmediatamente, en enero, con motivo de Sant Antoni, con las típicas hogueras, el próximo mes (febrero) también destaca el Carnaval, en mayo la romería al Santuario de la Vírgen de Vallivana, y en junio con la celebración del Corpus Christi, toda la rica tradición de Morella sale a la calle, y por fin las fiestas patronales en agosto, en honor de la Vírgen de la Asunción y Sant Roc.

Merece especial interés unas fiestas que se celebran cada seis años desde 1673. Se trata del “Sexenni” que viste de gala a Morella, adornando espectacularmente sus calles y dedicando cada día a uno de sus antiguos gremios (torneros, teixidors, llaurados, etc.). Cada año “l’Anunci” (El anuncio) pregona tal celebración con su procesión de carrozas engalanadas, todo un atractivo turístico para viajeros.

Además, cada mes de agosto, reflejo de una intensa actividad cultural,tiene lugar un festival de música barroca.

En los alrededores, magníficas masías, ermitas, bosques, parajes, casas rurales y conjuntos urbanos llamarán nuestra atención en el agreste paisaje de Morella.