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turismo en luxemburgoMir wëlle bleiwe wat mir sin“. Es decir, “Queremos seguir siendo lo que somos”, dicen las gentes de Luxemburgo, comprensiblemente orgullosas de su patrimonio histórico y cultural. Algo que tiene mucho mérito si tenemos en cuenta que su territorio es tan pequeño que en los mapas ni siquiera cabe su nombre.

Situado entre dos grandes imperios, Luxemburgo ha sido sucesivamente conquistado por ambos, pero también ha sabido adoptar por lo mejor de ellos, todo un atractivo para el turismo. Así, el multilingüismo es moneda corriente entre los luxemburgueses y ambos, alemán y francés, se usan en la prensa, en la política y en la vida cotidiana.

El francés es más común en los asuntos gubernamentales y las escuelas, pero el “luxemburgués” es la lengua que escucharéis con más frecuencia en las calles y si sabéis alemán os será fácil reconocerla ya que es una variante dialectal muy similar. Por otro lado el inglés es ampliamente hablado en las áreas turísticas. Tras siglos de “influencias” extranjeras, no es ninguna sopresa que la población de Luxemburgo esté compuesta por más del 30% de extranjeros, la cual es la proporción más elevada de todos los países de los Unión Europea.

Encajado entre Bélgica, Francia y Alemania, el país mide 84 kilómetros de largo y 52 de ancho. Desde la ciudad de Luxemburgo, la capital, os recorréis todo el país en menos de dos horas de coche.

Luxemburgo capital fue uno de los principales fuertes de Europa. El ingeniero militar francés Vauban descubrió el potencial defensivo de la ciudad y creó una de las fortalezas más imponentes construidas jamás, tan infranqueable que fue conocida como “el Gibraltar del Norte”. Esta construcción constaba de 3 muros defensivos con 24 puntos defensivos y 28 kilómetros de grutas subterráneas, los cuales siguen impresionando a los visitantes. Las grutas fueron excavados en 1644, bajo la dominación española, y resultan una verdadera telaraña de habitaciones y túneles.

Las ruinas de la fortaleza se conservan bien y desde ellas se puede emprender un bonito paseo hasta la avenida conocida como el “Chemin de la Corniche“, el cual ha sido adjetivado en numerosas ocasiones como “el jardín más bonito de Europa“. Al sur, la Ciudadela del Santo Espíritu también ofrece espléndidos panoramas de los valles que componen esta ciudad y del pintoresco barrio empedrado donde actualmente se concentra la vida nocturna. Girando la cabeza hacia el noroeste se encuentra el camino que conduce al Gran Palacio Ducal.

Sin embargo, una de las mejores cualidades de Luxemburgo, o al menos que permanecen largo tiempo en la memoria, es su cocina. La gastronomía de Luxemburgo ha estado influida por la francesa y la alemana durante siglos. Más recientemente, ha recibido los toques que han venido de la mano de los inmigrantes italianos y portugueses. En cualquier caso, los luxemburgueses siempre adoptan lo mejor de cada cultura. Alguien dijo alguna vez que la cocina de Luxemburgo no es nada más que una serie de platos franceses servidos en porciones de tamaño alemán.

De todos modos, existen especialidades locales a probar cuando se hace turismo en luxemburgo entre las que destacan el “judd matt gaardebounen” (a base de cerdo ahumado con judías), las frituras de pescado de río y las que se aderezan con salsa hecha con riesling (el famoso fino de estos parajes). El restaurante Léa Linter, en Frisange, ha ganado un “Bocuse d’Or” para premiar el esmero de su cocina de carácter tradicional.