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turismo surafricaMuchas cosas han cambiado en Sudáfrica en muy poco tiempo. La violencia política parece ser historia y la gran mayoría de la población sueña ilusionada con seguir construyendo una nueva nación. Ese hervidero hace que sea un gran momento para visitar el país y hacer turismo, sobre todo porque también hay algo que no cambia en absoluto: su belleza natural.

La sociedad post-apartheid es optimista y muy vital y ha convertido a Sudáfrica en una especie de cóctel en el que se mezclan gentes muy diversas que, sobre tdoo, comparten muchas energías. Por eso ahora el país está recuperando su tradición como uno de los lugares favoritos de los viajeros más intrépidos, después de que durante un siglo evitaran este destino.

Las infraestructuras sudafricanas son muy buenas, el clima es templado y hay muchos lugares donde observar la vida salvaje. También geográficamente resulta imponente, con casi 2.000 kilómetros de recorrido entre el río Limpopo, en el norte, hasta el cabo Agulhas, en el sur. Las distancias de este a oeste son 1.500 km. entre Durban y Port Nolloth respectivamente.

El país está dividido en tres grandes zonas: las grandes llanuras del interior (Highveld), la cordillera (the Great Escarpment, donde se encuentra Kalahari) y la estrecha llanura costera del sur (lowveld). En cada una de estas regiones existe una impresionante variedad de vida salvaje y paisajes. Rinocerontes blancos y negros, cocodrilos, hipopótamos, varios tipos de pájaros (entre ellos los de mayor tamaño del planeta) y flamencos son fáciles de ver con sólo acudir a uno de los muchos parques naturales, donde la gente organiza “safaris” sin riesgos.

Sabi Sabi es uno de los parques sudáfricanos más grandes y famosos, y de los que más turistas atrae. Allí os ofrecerán guías muy cualificados, con quienes podréis recorrer la zona en un vehículo adecuado para esos trotes. Verdadero sabor africano si lo hacéis debidamente. Es decir, que emprendéis la marcha con la primera luz del día y no paráis hasta casi agotarla, un par de horas antes del atardecer. Si seguís durante la noche, observaréis la verdadera vida salvaje, pero también será más peligroso. A esa hora los grandes depredadores se dedican a cazar sus presas. Mejor no quedarse dormido y sólo hacerlo cuando te lo sugieran los guías. Suelen hacerlo a la hora de la siesta y en lugares adecuados para ello, no sufráis.

Mala Mala está situado en la parte este de Sudáfrica, en la provincia de Mpumalanga. Comparte 33 kilómetros con el Parque Nacional Kruguer y en su interior (5.5 millones de acres en el Lowveld) viven interesantes especies. En esta área coexisten varios tipos de hábitat, como la sabana abierta y los ecosistemas fluviales. A causa de su latitud y altura, los mosquitos que transmiten la malaria y las moscas tse-tsé, el hombre nunca se adentró demasiado por estos parajes, con lo cual la naturaleza se mantuvo a salvo.

Ahora los insectos ya no son un problema y el lugar merece visita. Responsable, eso sí. Se trata de no molestar a las más de 200 especies que viven en el lugar haciendo la delicia, sobre todo, de los ornitólogos. Sin embargo, para pasear por aquí deberéis alojaros en alguna de las instalaciones de la reserva Mala Mala, ya que la tierra es propiedad privada.