tratamiento para las migrañasQuejarse de dolor de cabeza y migrañas siempre levanta suspicacias. Esta dolencia se ha convertido en sinónimo de excusa para huir de situaciones molestas y ha perdido por esto toda credibilidad. Tal desprestigio ha perjudicado principalmente a las personas que sufren migrañas, que sufren la incomprensión de aquellos afortunados que no sufren la sufren. Muchos tratan de que los demás no sepan que padecen esta enfermedad.

Este desgastador mal afecta por lo general a personas entre los 20 y los 60 años, pero puede manifestarse incluso desde los cinco años de edad.

La migraña es una larga condena que afecta al 12% de la población mundial, y las mujeres son sus principales víctimas.

Se caracteriza por la aparición de crisis recurrentes de dolor de cabeza acompañadas de náuseas y vómitos. Afecta aproximadamente a una de cada ocho personas. Sin embargo, la cifra no se reparte de igual forma en ambos sexos. Mientras aflige sólo al cuatro a cinco por ciento de los hombres, la prevalencia en las mujeres alcanza del 18 al 20 por ciento. Se cree que esta diferencia tiene un origen hormonal, pues en la infancia la prevalencia es igual en ambos sexos, pero las cifras femeninas se disparan después de la primera menstruación.

El dolor migrañoso se diferencia de otros dolores de cabeza porque es unilateral, pulsátil y de magnitud moderada a severa. Esto último significa que durante la crisis, los pacientes realizan su trabajo a duras penas o simplemente no son capaces de continuar con sus actividades. La crisis puede durar entre cuatro y 72 horas. Si dura menos de cuatro horas, es poco probable que sea una migraña. Otra característica del dolor migrañoso es que se agrava con el ejercicio, a diferencia del dolor de cabeza tensional, que se alivia con el ejercicio.

Clasificación de las diferentes clases de migrañas

En el 20 a 25 por ciento de los pacientes, el dolor de cabeza es precedido por uno o más síntomas neurológicos llamados “aura”. Estos frecuentemente aparecen antes del dolor, pero pueden también acompañarlo o sucederlo.

Los más frecuentes son los de tipo visual, que van desde una visión borrosa hasta una ceguera transitoria. También pueden presentarse adormecimiento o parálisis transitoria de labios, cara, un brazo o una pierna. Si la parálisis se presenta en ambas extremidades a la vez, el paciente debe consultar de inmediato al médico, pues esto podría indicar una patología más grave. Con menor frecuencia puede haber vértigo y trastornos del lenguaje.

La presencia o ausencia del aura permite clasificar las migrañas en dos grupos: con aura o clásica y sin aura o común. En ambos tipos de migraña, el dolor puede acompañarse de hipersensibilidad frente al ruido, a la luz o a los olores, y malestar digestivo, como náusea y vómitos.

Desgraciadamente, el mecanismo que lo genera no está del todo dilucidado. Actualmente existen dos teorías que intentan explicar las migrañas: la vascular y la neuronal. La primera sostiene que la dolencia se relaciona con una contracción inicial de las arterias cerebrales, seguida de una dilatación de las mismas. La segunda afirma que ocurre una activación anómala de las neuronas desde la parte posterior hacia la parte anterior del cerebro. Estas teorías no son mutuamente excluyentes. Hoy se busca integrarlas en un mecanismo único que explique la patogenia de la enfermedad.

Tratamientos para las migrañas

Se han identificado varios factores desencadenantes de las crisis de migrañas. Estos factores actúan de modo muy diverso en cada persona, por lo que es muy importante que el paciente aprenda a identificarlos y evitarlos.

El tratamiento de la migraña consta de tres partes: educación del paciente, tratamiento abortivo de la crisis y tratamiento preventivo de las crisis futuras. La educación consiste en explicarle al paciente que la migraña es una enfermedad crónica para la que no existe una cura definitiva, pero sí un tratamiento que puede disminuir la intensidad y la frecuencia de los episodios.

Los factores desencadenantes de las migrañas más importantes son los alimentos, entre ellos, alcohol, chocolate, embutidos y productos dietéticos. Otros son la luminosidad del verano, el estrés (ya sea durante o después de la tensión), el ejercicio, el exceso o falta de sueño. En las mujeres, las hormonas son determinantes.

Cuando se desencadena una crisis, se debe detener el episodio lo antes posible. Para eso, se recomienda que siempre lleve consigo algún medicamento y se lo tome de inmediato. Luego, lo mejor es que se acueste y trate de dormir, ya que el sueño tiene una acción terapéutica.

Para abortar una crisis en evolución, es recomendable comenzar con un analgésico simple, como paracetamol, aspirina o dipirona. Si el dolor no cede, se puede recurrir a un antiinflamatorio no esteroidal, como ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco o ketoprofeno.

Si el dolor persiste, puede entonces intentar con los ergotamínicos (migranol, cefalmin, etc). Estos últimos deben ser tomados con moderación, ya que pueden producir adicción. Si la crisis es refractaria a todos los medicamentos anteriores, existe aún otra opción: los triptanes.

Estos son agonistas selectivos de los receptores de serotonina. Disminuyen el tránsito de impulsos dolorosos y corrigen la dilatación y la inflamación vascular.

Si el paciente sufre más de dos crisis severas en un mes, se le indica tratamiento preventivo. Los fármacos utilizados son: beta-bloqueadores, antagonistas del calcio, tricíclicos y algunos antiepilépticos. Últimamente se está estudiando la acción de la toxina botulínica (la misma que se utiliza como tratamiento para las arrugas). Se observó que los migrañosos que usaban este tratamiento tenían menos crisis. El efecto preventivo puede durar hasta nueve meses.

El problema de la automedicación

Las personas que sufren migrañas rara vez consultan a un médico. En cambio, recurren a la automedicación. Con el tiempo, esta conducta ha generado un grave problema de adicción a ergotamínicos y de cefalea de rebote.

Debido a que tienen la propiedad de contraer los vasos sanguíneos, los ergotamínicos, ingeridos en exceso, pueden poner blancos manos y pies, provocar úlcera, subir la presión, y alterar los riñones y la visión. En las personas mayores, pueden incluso provocar un infarto al miocardio o un accidente vascular.

Además de los efectos adversos ya descritos, el abuso produce una cefalea de rebote o cefalea por abuso de ergotamínicos o analgésicos. Cualquier analgésico (aspirina, dipirona, etc.) usado diariamente y en forma crónica puede generar un dolor de cabeza incontrolable. El que está abusando de los medicamentos no puede usar tratamiento preventivo, porque éste pierde su efecto. El paciente debe desintoxicarse, suspendiendo totalmente el consumo de ergotamina.

Signos de gravedad de las migrañas

Si usted presenta alguno de estos síntomas durante un ataque de migraña, consulte inmediatamente al médico:

  • Fiebre mayor de 38 C.
  • Déficit neurológico persistente (adormecimiento o parálisis de la mitad del cuerpo por más de 30 minutos).
  • Primera ocurrencia en paciente mayor de 50 años.
  • Pérdida de conciencia.
  • El dolor se prolonga por más de 48 horas.