Compartir

tratamiento depresionLo que buscan estas personas que sufren lo que se ha dado en llamar la enfermedad del siglo XXI -que afecta tan sólo en nuestro país a más de tres millones de personas, según un estudio recientemente publicado por la OMS- es superar su malestar y averiguar sus causas a toda costa. Cansados de los medicamentos antidepresivos y de los tratamientos convencionales y despersonalizados, o incapaces de asumir que padecen una grave enfermedad, muchos pacientes recurren a terapias no farmacológicas o alternativas.

El abordaje de los trastornos neuróticos en muchas ocasiones se limita a “dar pastillas” o “dictar consejos”, cuando los tratamientos debieran marcar los tres ámbitos necesarios (biológico, psicológico y social), tan difíciles de llevar a la práctica.

Los sistemas terapéuticos inespecíficos y las clásicas combinaciones de medicamentos han creado un panorama preocupante, una especie de estación terminal, de vía final común que revela un doloroso fracaso de los pretendidos avances científicos psiquiátricos. Quizá por esto muchos enfermos de diversas dolencias intentan incluir en su tratamiento para la depresión aspectos que abarcan algo más que el ámbito farmacológico.

Moda “natural”

Esta tendencia también se debe, en cierto modo, a que la gente tiene miedo a las enfermedades, piensa que un tratamiento alternativo está abordando una alteración y no una patología. Cuando, al inicio de la enfermedad, se sospecha o se detecta una depresión, existe en nuestro país una enorme dificultad para dirigirse a un psiquiatra; se piensa que eso es sólo para “locos”. A esto se suman tanto componentes culturales como una especial filosofía de ver la vida, y todo ello orienta a los enfermos hacia una medicina natural que, según la creencia general, carece de contraindicaciones.

Las terapias psicológicas son, en buena parte, pedagógicas: potencian y habilitan los recursos del paciente y le instan a desarrollar nuevas actitudes frente a los acontecimientos. La psicoterapia bien dirigida puede ayudar mucho, dependiendo del carácter que haya detrás de una depresión. En función de cada persona, se recomienda un tipo de terapia u otra.

Dado que las enfermedades mentales suelen representar modos “de ser” más que modos de “estar”, las terapias cognitivo-conductuales suelen ser las más efectivas. Encargadas de analizar y reorientar la forma de pensar del paciente, éstas consisten en acudir a consultas con un psicoterapeuta especializado que intentará reforzar los logros y reconducir los comportamientos negativos del paciente. Mediante esta técnica, éste recapacita acerca de las situaciones que le resultan no placenteras y sobre los motivos de su crónica tristeza. La autoestima del enfermo puede afianzarse si los tratamientos son rigurosos y están indicados para cada caso.

Las psicoterapias se administran tanto en centros públicos, en los hospitales de día, como en consultas privadas, y pueden ser individualizadas o en grupo. Estas últimas no deben ser descartadas e, incluso, pueden implicar al núcleo familiar. Aunque resultan más complicadas, refuerzan necesidades sociales como la aprobación, el apoyo mutuo y la filiación.

La electroestimulación como tratamiento alternativo de la depresión

Retratada demoniacamente por la industria del cine -en filmes tales como “Alguien voló sobre el nido del cuco” o, más recientemente, en “Réquiem por un sueño”-, la terapia electroconvulsiva, sin embargo, se recomienda en numerosos casos de depresión. Es un tratamiento que, según los expertos, ha demostrado ser altamente efectivo y está especialmente indicado en ciertos tipos de depresión.

El personal sanitario es reticente al uso del “electroshock”, no tanto por sus efectos secundarios (que son leves), sino por su utilización abusiva a lo largo de la historia y su mala prensa. No obstante, desde hace algunos años ha sido nuevamente introducido en la práctica psiquiátrica. Actualmente, gracias a su rigurosa aplicación, se quiere rebautizarlo como electroestimulación, ya que su utilización apenas implica ningún “shock”.

Esta terapia de elección en pacientes con ideas graves de suicidio, depresiones delirantes y, especialmente, en el caso de ancianos, ya que toleran peor la medicación convencional. Resulta una buena opción en gestantes que no responden al tratamiento farmacológico y en enfermos crónicos que no reaccionan a los antidepresivos durante un tiempo prolongado.

Sus efectos secundarios son los propios de la anestesia ambulatoria y, en ciertos casos, se han detectado pequeños trastornos amnésicos. Precisa un atento protocolo para determinar si el paciente carece de enfermedades cardiovasculares y no es alérgico a la anestesia. Su tratamiento se imparte tanto en hospitales públicos como en clínicas psiquiátricas privadas.

La terapia magnética transcraneal

La terapia magnética transcraneal es una técnica novedosa que, a través de la aplicación de ondas magnéticas en determinadas zonas del cerebro, se utiliza para tratar la depresión. En estos casos, se aplica en la zona límbica y no precisa de ningún tipo de anestesia. Tras unas cuantas sesiones se pueden observar resultados en los pacientes, de forma que en un porcentaje alto de casos mejoran notablemente. Se utiliza, en general, cuando los enfermos toleran mal la medicación (normalmente debido a patologías hepáticas o renales que requieren dosis tan bajas que apenas muestran eficacia), o en periodos de crisis como medio para salir de éstas.

La sofrología

La sofrología, una forma moderna de hipnosis que produce una gran relajación, mejora el autocontrol y propicia la administración de fármacos o la ayuda psicoterapéutica.

La fotofobia

La fototerapia suele recomendarse a los pacientes que sufren el trastorno emocional conocido como TAE (Trastorno Afectivo Estacional), que provoca la recaída en los meses de otoño e invierno. También se utiliza en el periodo intermedio al cambiar de medicación a la espera de que la nueva empiece a hacer efecto. Empleada principalmente en los países nórdicos por su falta de luz, su efecto terapéutico se basa en la normalización de hormonas inhibidas por la disminución de la luminosidad y, generalmente, incluye tratamiento farmacológico.