Compartir

tratamiento de la hipertensión arterialDicen que una persona hipertensa que no sigue un tratamiento para la hipertensión reduce hasta en 20 años su esperanza de vida. Además se está estudiando mucho la relación entre hipertensión e impotencia.

A pesar de ser el problema de salud crónico más frecuente en Europa, parece que para concienciar a la gente de la importancia de controlar la hipertensión arterial hay que invocar el sexo. Algo debe de fallar en la comunicación, porque no sólo no hay consciencia real del problema, sino que la mitad de los pacientes tratados abandonan la terapia al cabo de un año, a pesar de los riesgos que conlleva. La gente debería saber que la hipertensión no es la enfermedad ‘silenciosa’ porque da pocos síntomas, sino que lo es porque puede deteriorar todos los sistemas sin previo aviso.

En descargo del personal, hay que decir que, con tanto estudio contradictorio y tanta noticia alarmante como le llega últimamente, no debe de sentirse muy animado a empezar un tratamiento. ‘Hoy te dicen que dejes la sal y mañana que la sal no es tan importante. Ayer te hablaban maravillas de un fármaco, y ahora te lo quitan porque dicen que aumenta el riesgo de ataque cardíaco  Hace unos años no podías tomar grasas y hoy te mandan pescado azul y aceite de oliva. ¿Dónde está la verdad?

Factor de riesgo de la hipertensión arterial

Lo cierto es que existen unos factores de riesgo objetivos que hay que tener en cuenta.

  • Primero, la herencia: si los padres o abuelos fueron hipertensos, el riesgo de desarrollar la enfermedad es mayor. 
  • En segundo lugar, la edad, ya que la posibilidad de padecerla aumenta con los años. 
  • En tercer lugar, es importante controlar el estilo de vida. La falta de ejercicio, la mala alimentación, el tabaco y el estrés favorecen su aparición. El exceso de peso es un factor de riesgo no desdeñable, ya que el riesgo de sufrir hipertensión se multiplica por ocho si se supera en un 20 por ciento el peso ideal. 
  • Por último, la hipertensión puede estar asociada a otras enfermedades, como la diabetes, ya que uno de cada dos diabéticos es hipertenso. De momento, la prevención y una dieta adecuada son lo más recomendable, mientras prosiguen las investigaciones sobre una nueva familia de fármacos que reducen la angiotensina II.

Sal o no sal, ésa es la cuestión

Un estudio publicado en el British Medical Journal concluía que reducir el consumo de sal puede evitar sufrir hipertensión. Pero otro aparecido en Journal of the American Medical Association decía que no les beneficia. Ninguno tenía razón. Hoy sabemos que se debe limitar la sal a un máximo de cuatro gramos al día, con una excepción: los que hacen ejercicio y pierden sales a través de la transpiración.

¿Cuánto ejercicio?

A diferencia de antes, hoy se acepta que cualquier ejercicio – desde lavar el coche a pasear- es bueno. Los hipertensos que hacen ejercicio regular (aunque no sea intenso) tienen un riesgo un 30 por ciento menor de desarrollar hipertensión maligna que los que no se mueven.

Tratamiento de la hipertensión: Cuestión de peso

Adelgazar reduce la tensión arterial y la necesidad de medicación. Si es usted del tipo ‘pera’ (más grasa en la cadera), está de suerte. El riesgo cardiovascular es mayor en los que tienen tipo ‘manzana’ (más grasa en la cintura). Si ese es su caso, baje sólo centímetros totales: la forma en que el organismo almacena grasa se hereda, como el color de los ojos.

Tratamiento de la hipertensión arterial: Medicamentos buenos o dudosos 

Una revisión de nueve estudios con 27.000 pacientes ha descubierto que los antagonistas del calcio -que toman 28 millones de hipertensos en el mundo- podrían estar relacionados con miles de infartos e insuficiencias cardíacas evitables. En conjunto, el riesgo de ataque cardíaco era un 27 por ciento mayor y el de insuficiencia cardíaca un 26 por ciento más alto entre los que empleaban antagonistas del calcio que entre los que tomaban otros fármacos. Esos otros son:

  • Diuréticos: Aumentan el volumen de la orina y ayudan a eliminar el sodio. Los expertos los siguen considerando seguros y eficaces.
  • Betabloqueantes: Relajan las arterias.
  • Alfabloqueantes: Actúan en el sistema nervioso simpático.
  • IECAs: (inhibidores de la enzima de conversión de angiotensina II). Nueva familia de fármacos que bloquean una enzima que constriñe los vasos sanguíneos o bloquean los receptores de esa enzima. Con pocos efectos secundarios, son beneficiosos en pacientes con enfermedad renal diabética y/o insuficiencia cardiaca. Podrían retrasar el envejecimiento.

La mejor de las grasas

Las grasas omega-3 del pescado son esenciales, ya que si el organismo no dispone de ellas, emplea otras para fabricar las membranas celulares. Pero las membranas de otra grasa son menos elásticas, y la falta de elasticidad contribuye a la tensión alta y afecta al corazón. Las elásticas sí previenen la hipertensión y las arritmias.

¿Qué hay de la vitamina C?

Un nuevo estudio confirma que 500 mg de vitamina C al día pueden reducir la hipertensión de modo comparable al de fármacos específicos. La explicación: el estrés oxidativo inhibe la acción del óxido nítrico, que contribuye a mantener una tensión normal. La vitamina C (un potente antioxidante) combate el estrés oxidativo.

¿Qué comer?

Se llama dieta DASH para el tratamiento de la hipertensión y que es famosa en Estados Unidos. Sus principios: poca carne (magra), muchos vegetales, lácteos descremados y casi nada de grasa. Pero en Europa se cuestiona su beneficio, porque los que siguen la dieta mediterránea -frutas, verduras, pero también grasas en forma de aceite de oliva y pescados azules- tienen mejor salud cardiovascular.

Sin previo aviso

En su clandestina acción, la hipertensión no tratada afecta a estos órganos:

  • Cerebro: Multiplica por dos o tres el riesgo de accidente vascular cerebral.
  • Retina: Aumenta el riesgo de ceguera. 
  • Corazón: Sometido a un esfuerzo mayor, crece el riesgo de angina, infarto, arritmias e insuficiencia cardiaca. 
  • Pulmones: El riesgo de insuficiencia respiratoria se multiplica por tres. 
  • Riñones: El exceso de presión altera los vasos y puede acabar en una insuficiencia renal. 
  • Arterias: El recubrimiento interior de las arterias se vuelve rugoso por la presión y es más fácil que se acumulen partículas de grasa y se forme una placa. Si se rompen forman trombos que causan ictus, trombosis. 
  • Genitales: El deterioro de los vasos impide la correcta erección. 
  • Piernas: Agrava los problemas de arteritis.