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timo internetQue nadie da duros a cuatro pesetas es algo que todo el mundo sabe. Sin embargo, ¿quién no ha sido timado alguna vez en su vida? Si usted es uno de los que se creían inmunes al timo de la estampita, del fontanero o del tocomocho, no se descuiden, porque con la nueva era de Internet van a tener bastante difícil librarse de, por lo menos, algún pequeño engaño.

Hoy en día, en el ciberespacio las tornas han cambiado. Los timadores ya no llamarán a su puerta disfrazados de almas cándidas, no hace falta, pues se escudan tras un módem muchas veces imposible de localizar. Esos profesionales del fraude que antaño se vestían de pícaros paletos hoy en día se han transformado en ejecutivos al frente de grandes compañías o ladronzuelos de poca monta con un alto control de las nuevas tecnologías. Los timados, posiblemente, han pasado de ser inocentes viejecitas a ser internautas de una aceptable formación y cultura. Y los timos, para qué nos vamos a engañar, siguen siendo los mismos de toda la vida pero trasladados al siempre espectacular mundo de la red de redes.

La Comisión Federal de Comercio (FTC) de EE.UU. ha decidido tomar cartas en el asunto del fraude por Internet y ha publicado un informe sobre las diez estafas más frecuentes realizadas en la Red, basándose en los datos recogidos en una lista de más de 285.000 quejas de consumidores. El objetivo de la publicación de este ‘Top 10 del timo cibernético‘ es el de informar a los consumidores de cuáles son estos engaños y qué deben hacer para prevenirlos. Veamos pues, por dónde nos pueden venir los tiros:

El truco de las subastas

Las páginas de subastas, además de permitir adquirir gangas por medio de la puja, también ofrecen promociones de productos en stock con sugerentes descuentos. Muchas veces el usuario descubre horrorizado cómo, después de haber pagado religiosamente, recibe un producto de menor valor que el prometido o, simplemente, no recibe nada. Como solución para estos casos, el internauta debe exigir pagar con tarjeta (siempre puede cancelar el pago) o contrarreembolso, puesto que una vez enviado el dinero, es muy difícil recuperarlo.

El fraude telefónico en las páginas porno

Los sitios para adultos son de los pocos negocios fructíferos de la Red. Si cae en la tentación onanista, desconfíe de bajarse programas que le prometen un universo de voluptuosas carnes gratuito, pues no son más que ‘dialers’, software que le conectará con un remoto servidor en Filipinas sin avisarles de que están haciendo carísimas llamadas de larga distancia. Lea bien la letra pequeña si tiene dudas.

Timos de proveedores de servicios de Internet

Uno de los más habituales. Al firmar los contratos con su proveedor de pago (los gratuitos no son un peligro), dé la vuelta al impreso y lea con atención las cláusulas. Muchos de estos ISP’s ocultan que son contratos de larga duración, por lo que intentar finiquitar la relación con el proveedor antes de tiempo le puede salir por un ojo de la cara, debido a las penalizaciones asociadas a una rescisión anticipada.

Engaños con la tarjeta de crédito

Existen sitios para adultos en los que, al autentificar que el internauta es mayor de edad, solicitan un número de tarjeta de crédito como aval. Aunque no se lo crean, hay mucha gente que pica y manda el número. Luego vienen las lamentaciones al descubrir el incauto que le han pasado cuantiosos cargos por compras fraudulentas. A la hora de reclamar al banco, pocas veces se pueden cancelar los pagos.

La trampa de las promociones de páginas web

Para navegar por determinados sitios es necesario que su módem llame a un número distinto al de su proveedor de acceso. Generalmente, lo avisan, y suelen ofrecer treinta días de prueba como regalo para captar usuarios. El fraude aparece cuando pasados los treinta días, la página no da de baja al internauta y le pasa ligeros –pero detectables– cargos telefónicos mensuales. La única solución para no caer en el engaño es no aceptar el periodo de prueba y, si lo hace, revisar minuciosamente la factura telefónica.

El timo del comercio piramidal

Los que alguna vez ganaron algunos durillos con las bayetas ecológicas o las chapas de ‘¿Quiere perder peso? Pregúnteme como’, no lo tendrán tan fácil en Internet. Es muy común que capten al cándido en sugerentes sitios, haciéndoles comprar un stock de productos muy grandes a cambio de una inmensa lista de posibles clientes. Allí no habrá más que una recua de distribuidores como usted y no público general, por lo que no podrá vender ni un objeto, ya que todo el mundo tiene los suyos propios.

Fraude en viajes y vacaciones

Reservar las vacaciones por Internet es, a buen seguro, la solución más barata que existe. Se suelen dar con bastante asiduidad casos en que se contratan verdaderas gangas de viajes con miles de extras por el mismo precio de un paquete básico. Al llegar al destino, el atónito turista descubre muchas veces cómo los alojamientos y servicios son de una calidad mucho menor a la pactada. A la hora de reclamar, contactar por teléfono con algún responsable de la página que arregle el entuerto puede resultar una empresa harto complicada.

Timos del tipo ‘hágase rico rápidamente’

O el timo del inversor novato. Tentado por bonitas e infalibles predicciones de mercado, los usuarios invierten en una ‘oportunidad de hacer negocio única’ (biz op, en el argot) que posteriormente se transforma en una ruina total (biz flop, para los enteraos) como por arte de magia. Antes de prestar su dinero para sabe Dios qué operaciones, infórmese de la compañía y pida referencias en los miles de foros de inversión que existen.

La tentación de ‘sea su propio jefe’

“Invierta en nuestra franquicia, de éxito contrastado, y sea su propio jefe”, frases como estas llegan constatemente a través de nuestro correo electrónico. No les haga caso, dificilmente una empresa o franquicia de éxito utilizará esta vía.

El fraude sanitario

El peor de todos, por su naturaleza vil y sin escrúpulos. Existen páginas que ofrecen productos milagrosos que, a priori, sanan enfermedades incurables. Amparados en el anonimato de Internet, estos sitios (perseguidos y penalizados) juegan con la sensibilidad de personas con problemas vendiéndoles pildoritas de esperanza a precios desorbitados. Para cuando los responsables son localizados, las páginas han desaparecido y no pueden ser procesados.

Como pueden ver, aunque los tiempos cambien, los fraudes seguirán basándose en la buena fe e ingenuidad de las víctimas. Y en su codicia, quizá la mejor arma con la que cuentan los timadores. El afán por hacer dinero fácil o adquirir chollos seguirá perdiendo a más de uno, sobre todo a aquellos que sufren una especie de hipnotización cuando leen la palabra GRATIS en una pantalla de ordenador.

Y es que, si parece demasiado bueno para ser verdad, no lo dude, no lo será.