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bebé sueño cambiadoCon frecuencia nos podemos encontrar a algún padre, con cara de sueño, que nos diga: “Mi bebé tiene el sueño cambiado” que no ha podido dormir porque su bebé lo suele hacer por el día y no por la noche, como sería lo más normal y especialmente lo más indicado, no tan solo para el pequeño, sino para el resto de la familia.

Durante el primer año de vida el niño aprende diferentes hábitos. Entre ellos están los de comer bien y el de dormir correctamente, dos de los más importantes. Tanto uno como otro constituyen un hábito.

Los niños son capaces de aprender a dormir solos, acompañados por los padres, en su cama, en el sofá, en la habitación de los padres…, pero las normas que deben acompañar al acto de dormir tienen que ser dictadas por los padres y han de ser coherentes con las normas sociales del lugar.

Por ello y teniendo en cuenta nuestro ambiente, un bebé a partir de los seis o siete meses debe iniciar el sueño solo, sin llanto, y debe tener una duración de al menos 11 o 12 horas seguidas. El niño puede utilizar un objeto transicional, como un peluche que sea su “amigo acompañante” y debe dormir en su cuna con la luz apagada.

Sin embargo los niños afectados por el insomnio infantil nunca duermen bien y los padres recuerdan que desde un principio los despertares nocturnos han sido muy frecuentes. El fenómeno clínico que caracteriza a este tipo de insomnio es la dificultad para que el niño inicie el sueño solo y que éste se interrumpa con mucha frecuencia durante toda la noche, imposibilitando que el niño lo concilie de forma espontánea y sin ayuda.

La causa que origina este problema es la deficiente adquisición del hábito del sueño, al que se llega debido a una serie de asociaciones inadecuadas que hace el niño con relación al sueño, o como se dice coloquialmente el bebé tiene el sueño cambiado. Con el paso del tiempo, y a medida que el niño crece y va adquiriendo más vocabulario y más conocimiento de su entorno, el problema se agrava, ya que el niño empieza a exigir que le canten, que le traigan agua, que quiere estar delante del televisor para dormirse. Nada de esto le favorece. A este cuadro hay que añadir que los fármacos inductores del sueño tienen poco efecto.

Puede parecer, al que no sufre esta situación, que es algo de poca importancia, ya que el niño es física y psíquicamente normal, pero el insomnio infantil puede llegar a desestabilizar la armonía en el matrimonio, llegando a producir cierto rechazo de los padres hacia el niño y no deseando tener más hijos.

De todo esto podemos aprender una lección: a los niños y bebés también se les debe enseñar a dormir.