Compartir

nervios de la bodaLos sucesos que, en un primer momento, pueden considerarse positivos, como el hecho de casarse, pueden conllevar cierta dosis de ansiedad que es importante identificar y controlar.

Preparar una boda se convierte en una tarea contrarreloj, llena de obstáculos y de dudas. Pero también podemos disfrutar de ello.

Los nervios por la boda perfecta

La perfección de las cosas no existe, por lo tanto, la de una boda tampoco. Si te has metido en este berenjenal, te habrás dado cuenta de todo lo que supone, hoy en día, casarse. Por eso es muy importante que una vez que tu pareja y tú habéis optado por casaros, os sentéis a hablar sobre cómo queréis que sea vuestra boda.

Está claro que todo no lo podéis decidir ahora, pero sí qué cosas son las que realmente tienen valor para vosotros. Podéis decidir sobre si será civil o religiosa, a quién queréis invitar, si queréis algo sencillo o algo más sofisticado…

Se trata de poner algunos límites. ¿Por qué? Porque seguramente desde el momento en que digáis que os vais a casar, todo el mundo querrá dar su opinión y contribuir a que vuestra boda sea ‘perfecta’.

Pero vosotros ya sabéis que esa perfección no existe y por eso lo que debe primar es aquello que vosotros consideráis esencial. Si los dos tenéis claro lo que queréis (a veces habrá que negociar pues no se está de acuerdo, pero la última decisión la tendréis vosotros y no los demás), os será más fácil manejar la ansiedad que provoca la presión de los otros.

Por otro lado, al tener claro (o más o menos claro) lo que queréis, iréis buscando exactamente eso y no perderéis el tiempo con cosas que son superfluas para vosotros.

Compartiendo responsabilidades, evita el estrés en tu boda

¡Cuidado con el chantaje emocional que se puede dar en esta situación! Imagínate que tú consideras fundamental que en la ceremonia haya una pequeña orquesta de cámara que os deleite con algunas piezas clásicas, pero tu pareja no lo ve importante.

Pagar lo que cuesta este servicio no entraba dentro de sus planes y se niega en rotundo. ¿Qué hacer? Desde luego no dramatizar por ello. Tu pareja te quiere aunque tenga otros gustos y seguro que hablando podéis llegar a un acuerdo para algo que tú quieres, también le apetezca a ella.

Se trata de llegar a acuerdo, de ceder en algunas cosas (pero que no siempre ceda la misma persona)… Vuestras preferencias son diferentes, y eso también os hace ser especiales. Así que aprovecháos de ello para enriquecer más vuestra relación y hacer una boda más personal (aunque cueste ser original).

Una vez que habéis decidido lo que queréis, repartíos las responsabilidades. Intentad que no sean muchas si tenéis poco tiempo o estáis ocupados en otras cosas. Casarse es importarse, pero no tiene sentido llegar a la boda todo extenuado y después de haber sufrido algún que otro ataque de ansiedad.

Haced una lista con aquello que tenéis que hacer y, por supuesto, contad con los demás. Hay determinadas cosas (recoger, entregar documentación…) que no exigen que vayáis vosotros.

Seguro que podéis contar con alguien de confianza que os puede echar una mano. Eso sí, tampoco agobiéis mucho a los demás. Lo importante no es que se hagan muchas cosas en la boda, sino que os permita disfrutar.

La ansiedad en tu boda: La presión de los demás

Las tradiciones pesan y parece que si una novia no se viste con un traje blanco o el novio no reparte puros en el banquete, no es una boda. ¡Nada más lejos de la realidad!

Vivimos en un momento en el que podemos escaparnos de aquellas tradiciones o costumbres que no nos gustan y merece la pena arriesgarse, aunque eso suponga algún que otro dolor de cabeza.

Todo el mundo querrá opinar sobre cómo debes ir vestido, qué debéis comer o dónde debéis iros de viaje de novios. A todos nos viene bien escuchar sugerencias y contar con los consejos de determinadas personas os será de gran utilidad. Pero que no os mareen.

Si la boda es para vosotros, hacedla como vosotros queráis. No hay normas. Lo mejor es escuchar a todo el mundo, recoger sus sugerencias y finalmente, hacer aquello que se cree más conveniente.

Es cierto que determinadas personas por su forma de ser querrán influir de una forma más directa. Sé que no es un buen momento para enfadarse, pero sí se pueden poner algunos límites para dejar claro que se trata de vuestra vida y de decisiones que debéis tomar vosotros. Echad mano de la diplomacia para evitar conflictos innecesarios.

Algunas parejas quieren que en su boda participen directamente algunos familiares y amigos. En esos casos, es conveniente tener en cuenta sus opiniones y preferencias.

Al fin y al cabo, para muchos padres la boda de sus hijos es algo así como un rito de separación. Si entra dentro de vuestros planes, hacedles partícipes de algunas cosas.

Y, el gran día, a disfrutar

Una vez que se ha organizado todo lo organizable (hay cosas que se pueden quedar sin hacer) es más que probable que surjan detalles que se escapan de vuestro control. En el último momento hay un invitado que avisa que no viene y también aparecen otras personas que no habían sido invitadas.

Tu pareja y tú ya habéis hecho todo lo posible para que las cosas salieran bien y el día de vuestra boda tan sólo os debéis ocupar de disfrutar. Dejad a alguien de confianza que se encargue del protocolo: de acomodar a los ‘nuevos’ invitados y de atender a la gente, de repartir los regalos, de recoger los papeles, de llevar o traer coches…

Contad con los demás, sin complicaros ni complicar a nadie. Habéis dedicado mucho esfuerzo para disfrutar de un día que es especial para vosotros y no podéis estar pendiente de pequeños detalles.