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síntomas rabiaDebido a las medidas profilácticas tomadas por las autoridades competentes, la rabia tiende a disminuir año tras año, pero no obstante siempre constituye un peligro para nuestro perro.

Debemos considerar como sospechoso de estar afectado de rabia a todo animal que se presente con una o varias de las manifestaciones que mencionamos a continuación:

  • Cambio de hábitos y de carácter. De su habitual carácter alegre, atento y dócil, el animal se vuelve sombrío, taciturno, indócil, buscando la soledad y escondiéndose en los rincones solitarios o debajo de los muebles. A pesar de esto en algunos casos, al principio de la enfermedad de la rabia los perros se muestran alegres y más cariñosos que de costumbre.
  • Ansias de morder, terquedad, furor. En la rabia furiosa el animal busca morder a otros animales, personas y objetos que se encuentran a su alcance. Entre los animales, el perro especialmente ataca a los de su especie. Muy a menudo el perro rabioso conserva un cierto apego y aspecto inofensivo con su dueño o los familiares de la casa, pero se muestra malo y agresivo con los desconocidos.
  • Alteración de la voz, ladrido. La voz del perro atacado de rabia tiene un timbre distinto; el ladrido que emite es ronco, extraño, con aullido entrecortado. En la “rabia muda” o “tranquila” el perro permanece continuamente callado, sin ladrar ni gemir, aunque se lo golpee y sólo en casos muy raros el perro conserva el ladrido natural.
  • La boca abierta. En la “rabia muda” el perro mantiene la boca abierta, la lengua colgante, a menudo seca, negruzca, sucia de tierra o de barro, etc. Es un error creer que el perro rabiosos presenta la boca con baba y espuma. Esta particularidad no se observa sino en casos muy excepcionales. Cuando el animal ha mordido cuerpos duros aparece con la boca lastimada y sanguinolenta.
  • Apetito depravado. El perro atacado de rabia ingiere cuerpos extraños, de cualquier naturaleza, así sea maderas, piedras, excremento, paja, barro y hasta clavos. En algunos casos el perro rabioso, al principio del mal, toma sus alimentos normalmente.

Las características arriba mencionadas son las más comunes. Uno solo de ellos es suficiente para que el perro sea sospechado de tener rabia. Además pueden presentarse los siguientes síntomas: horror al agua, vómitos, agitación, divagación, alucinación y delirio, insensibilidad, parálisis y accesos convulsivos.

En los perros rabiosos pueden establecerse dos clases principales según las características generales de la enfermedad, a saber: los sujetos atacados por la “rabia furiosa“, que ordinariamente ladran y muerden, y los atacados por la “rabia muda” o “paralítica“, que permanecen generalmente tranquilos.