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síndrome nido vacioVolver a la vida en pareja no es fácil cuando los hijos se marchan. Cuidar todas las facetas personales puede ser la clave. A veces, la pareja aporta insatisfacciones en lugar de favorecer el desarrollo de sus miembros.

Si son tus hijos los que dejan el hogar, el síndrome del nido vacío

Quizá tus hijos están a punto de irse de casa o se han marchado ya y te enfrentas a una nueva etapa en tu vida. Quizá estés a punto de vivir lo que se ha dado en llamar el ‘síndrome del nido vacío’, un conjunto de sensaciones que se producen cuando el último de los hijos se va de casa.

Ellos llenan gran parte de nuestras ocupaciones en la vida adulta y al partir dejan un espacio no sólo en las habitaciones, sino también en nuestro ánimo. ¿Dónde colocar la energía que antes les dedicábamos a ellos?

Dos aspectos fundamentales cobran entonces importancia: la relación con la pareja y el cómo hayamos cuidado espacios personales como el trabajo, las amistades o las aficiones. La energía que antes se tenía destinada a los hijos se puede dirigir ahora a cuidar mucho más todos estos aspectos de nuestra vida.

La pareja, de nuevo frente a frente

Cuando los hijos se van, la pareja se queda frente a frente. Si no han cuidado su relación, ahora tendrán que recomponer lo que no funciona. En ocasiones, los hijos se pueden llegar a retener para que hagan de colchón entre las tensiones matrimoniales porque se tiene miedo a que estallen cuando la pareja se queda sola.

Aunque también hay matrimonios que se han hecho fuertes educando a los hijos. Según cómo haya sido la relación con los hijos, esta separación será un acontecimiento feliz o se convertirá en el desencadenante de un malestar que afectará la salud física y mental de los padres.