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ser pesimistaHay personas pesimistas que no saben vivir de forma positiva y que siempre buscan el lado negativo a las cosas. Muchos son víctimas de un masoquismo que no reconocen.

En el fondo del problema

El pesimista tiene una tendencia que le conduce a ver la vida oscura o a convencernos de que la nuestra lo es. ¿Por qué? ¿Qué le empuja a ello? ¿Hay posibilidad de cambio?

La persona con estas características no quiere dar opción a que el otro vea el mundo de otra manera, porque ella tampoco quiere enfrentarse a la oscuridad que lleva dentro.

De esta forma sigue alienado en una forma de pensar y sentir con la que se castiga a sí mismo y a cuantos le rodean.

La oscuridad en la que vive, que le impide ver lo bueno de la vida y disfrutar de ello, proviene de unas ideas que se han formado en su psiquismo y que le dicen que no sirve para nada.

La idea inconsciente y dolorosa que guarda es que él no merece vivir, a lo que da la vuelta asegurando que es la vida la que no merece ser vivida porque es fundamentalmente mala.

Los sentimientos que el pesimista experimenta sobre sí son pobres, vagos y opacos. Sus padres fueron, probablemente, espejos nublados o grises que le devolvieron una imagen poco nítida de sí.

El apoyo que le prestaron fue pobre, y su respuesta a las necesidades de afirmación del hijo fue mínima. Debido a esta respuesta paterna, el pesimista se ha registrado inoportuno, poco deseado o que no mereciera vivir.

El cambio se produce cuando la persona está dispuesta a transformar lo que dentro de sí la conduce a instalarse en el pesimismo.

Metas inalcanzables

  • Cuando nuestras expectativas no se cumplen, aparece la frustración, el malestar, el pesimismo y la idea de que la vida no merece la pena.
  • Una de las razones que alimenta el pesimismo es haber organizado expectativas muy altas con relación a nuestras posibilidades reales y no saber proyectar los pasos para conseguirlas. Cuando las metas son exageradas, el deseo de reconocimiento también lo es. Entonces se funciona más para los otros que para alimentar el crecimiento personal.
  • Detrás de una postura pesimista hay dosis de inseguridad. Los objetivos inalcanzables señalan una inmadurez al no saber evaluar los recursos que tenemos para hacer lo que deseamos.

Cómo tratar con un pesimista

La convivencia con un pesimista puede resultar difícil, y conviene tener en cuenta que:

  • Sirve de poco razonar con ellos porque siempre encuentran argumentos y motivos que muestran el lado negativo de la vida. Hay que intentar que se responsabilicen de lo que les pasa y no le echen ‘la culpa’ de todo a la vida.
  • Si no quieren cambiar, es porque su resentimiento contra el mundo les hace castigarse y molestar a los otros. Conviene protegerse de ellos, sugerirles que reflexionen sobre sí mismos, y después dejarles solos.
  • Hay que enseñarles, porque no lo saben, que de los fracasos es de donde más se puede aprender.
  • El pesimista es un niño protestón que patalea porque la vida no está hecha a su medida. Es una persona inmadura y poco generosa que en ocasiones necesitaría un tratamiento psicológico para salir de la oscuridad en la que está atrapado. Es bueno frenar sus proyectos y argumentaciones cuando perjudiquen a otros.