salud en ancianosEl proceso de envejecimiento se produce de forma fisiológica en la última etapa de la vida y se caracteriza por la aparición de una serie de alteraciones en la estructura y la función de los órganos y tejidos, que condiciona una disminución en los mecanismos de adaptación frente a las distintas situaciones del medio ambiente físico, social y cultural que nos rodea.

Existen muchas teorías que intentan explicar las razones que condicionan este proceso inexorable que afecta a todos los humanos, y que únicamente se diferencia en la edad de aparición, la velocidad con que se presenta y en el grado de deterioro funcional que produce. La mayor parte de ellas intentan explicar el mecanismo por el que envejecemos en los trastornos producidos en la síntesis de proteínas o en los cambios estructurales de las proteínas ya existentes. Las explicaciones más fundamentadas que se han aducido son las siguientes:

  • Cambios bioquímicos en los enlaces que vinculan las moléculas de colágeno.
  • Alteraciones celulares producidas por radicales libres que alteran la estructura de las membranas de las células.
  • Cambios en la respuesta inmunológica con reacciones anormales contra estructuras propias de los tejidos.
  • Deterioro de la regulación endocrina.
  • Acumulación de errores en los ácidos nucleicos de las células, etc.

Las investigaciones actuales intentan descubrir los factores condicionantes de estos cambios, sus mecanismos intrínsecos y, en particular, se centra en la investigación de fármacos útiles para bloquear estos procesos, y en el papel que el medio ambiente y la alimentación pueda representar para el envejecimiento sano.

Epidemiológicamente, está bien demostrado que una alimentación sana y la práctica de ejercicio físico regular retrasan la pérdida de función intelectual y física asociada al envejecimiento, aumentando la esperanza de vida, y mejorando la calidad de vida y salud en ancianos. En el campo de la nutrición, son temas de gran interés los siguientes:

  • El papel de la dieta en las distintas enfermedades crónicas que afectan a las personas mayores.
  • Pautas dietéticas concretas (suministro total de calorías, proporción de nutrientes, suplementos dietéticos, etc.) en las personas mayores sanas y su relación con la calidad de vida.
  • Relación intrínseca entre los factores de la dieta y los mecanismos íntimos del proceso de envejecimiento.

Nutrición en la tercera edad

De manera más concreta, el aporte de calorías de la dieta para la salud en ancianos debe estar ligeramente restringido y adaptado a la actividad física que haga. La prescripción de una alimentación correcta en el anciano va íntimamente vinculada con la práctica de actividad física de forma regular, que tiene mucho que ver con el mantenimiento de la masa magra y con el balance energético final.

Es necesario que el 55% de las calorías procedan de los hidratos de carbono, recomendando que los azúcares de absorción rápida, procedentes de los alimentos que saben a dulce no supere el 10% de la ingesta total de calorías, siendo más recomendables los hidratos de carbono procedentes de los cereales integrales, de las legumbres y de las verduras.

En relación con la grasa, se debe procurar disminuir la proporción de grasa saturada (mantequilla, tocino, alimentos ricos en grasas animales) e insistir más en los aceites vegetales y las grasas poli y monoinsaturadas. Al menos el 3% deben ser ácidos grasos esenciales y en conjunto los alimentos grasos no superarán el 30% de los aportes totales de calorías.

Se recomienda un aporte de proteínas de 0,75 gr. por kilo igual que en las personas jóvenes, procurando que las calorías aportadas por los alimentos proteicos no superen el 15% de las calorías diarias totales.

Respecto al consumo de vitaminas y minerales, como resulta difícil en la práctica controlar las cantidades de estos nutrientes, es suficiente decir que como norma general no se hace necesario el uso de suplementos vitamínicos salvo en casos concretos de calcio y vitamina D. Una dieta variada que tenga un poco de todo aportará con toda seguridad las cantidades necesarias de vitaminas y minerales para que nuestro organismo funcione con normalidad.

Aunque existen algunos estudios que hacen recomendable un aporte en flúor, zinc, cobre, cromo, calcio y selenio por su papel en el proceso de envejecimiento, en la práctica se sigue recomendando asegurar la diversificación en los grupos de alimentos, y la dieta equilibrada como máxima garantía para asegurar los aportes necesarios. Sólo en casos concretos en los que existan problemas de salud en ancianos que dificulten la alimentación equilibrada correcta, está justificado dar suplementos de vitaminas, de minerales o en algunos casos incluso de proteínas, grasas e hidratos de carbono. En estos casos será preciso estar al tanto de las posibles manifestaciones carenciales que pudieran presentarse, pues el tratamiento vendrá condicionado por el aporte de los nutrientes deficitarios.

Entre los problemas nutricionales que más frecuentemente se pueden observar en el anciano por una malnutrición se podrían citar los siguientes:

  • Falta de hierro que puede producir una anemia ferropénica del anciano, hecho que no es excepcional.
  • Los déficits de tiamina y niacina se asocian con pérdida de memoria, y los déficits de ácido fosfórico tienen que ver con el mayor riesgo de depresión del anciano, demencia y trastornos inmunológicos.
  • La disminución del aporte de vitamina C, rivoflabina y ácido fólico, tiene relación con la disminución de la capacidad de trabajo, la concentración y la inmunidad.

Los malos hábitos alimentarios, en algunos grupos de población las situaciones económicas de pobreza o muchas minusvalías, el alcoholismo, las dietas restrictivas inadecuadas o incluso la aplicación de fármacos que interfieren con la resolución, el metabolismo o la excreción de nutrientes, pueden facilitar en estos grupos de población déficits nutricionales que requieran la atención y el tratamiento adecuados.

La vigilancia del proceso de alimentación y de la dieta como factores condicionantes de la nutrición en la tercera edad representa uno de los factores condicionantes más importantes para facilitar un envejecimiento sano y disminuir la incidencia de estas enfermedades relacionadas con la nutrición y citadas a lo largo de este texto.