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ruta toledoRuta monumental entre Madrid y Toledo, atravesada por el recuerdo de cuantos monarcas habitaron sus palacios y disfrutaron en sus jardines. Ruta que visita dos capitales, por derecho propio y porque en otro tiempo compartieron la sede principal de la Corte.

Cambio de capital

En 1561 Felipe II trasladó la capital a Madrid, hasta entonces, Toledo había sido a todos los efectos la capital del Reino.

Quién sabe si ese gesto salvó a la ciudad de un sinfín de desmanes urbanísticos, permitiendo que el tiempo y la Historia se pararan entre sus milenarios muros, dejándonos intacta esa maravilla que todavía hoy podemos contemplar.

Para Madrid, en cambio, la decisión del Rey Prudente la sacó de su anonimato. Hasta entonces, y salvo algunos funcionarios y los cortesanos de cada uno de los séquitos de los familiares del Cristianísimo Rey, pocos más se contaban en la actual Villa y Corte.

El Alcázar de Madrid y su homónimo en Toledo no eran las únicas residencias reales. Otra más había en Aranjuez, en lo que hoy es su palacio. Y otra más en Vaciamadrid. Y una más en El Pardo. Y también en Valsaín. Y también en El Escorial.

La senda cultural

En Alcalá de Henares, cuna de Miguel de Cervantes y Saavedra, a finales del siglo XV, el cardenal Cisneros fundó una de las primeras universidades del país, la Complutense.

Mucho antes, en Toledo, un rey apodado El Sabio había fundado la Escuela de Traductores, crisol de las tres culturas: la musulmana, la judía y la cristiana. No son éstos: Felipe II, el cardenal Cisneros y Alfonso X, sus únicos personajes ilustres.

La lista quedaría incompleta sin la mención de un cuarto, quizá el valido mas todopoderoso de la historia española, el Conde Duque de Olivares, enterrado en Loeches, localidad donde también buscó refugio cuando cayó en desgracia ante Felipe IV.

Esta localidad, Loeches, lo mismo que Chinchón y la cercana Colmenar de Oreja, son tres acabados ejemplos de pueblos mesetarios, de plazas soportaladas, de poesía cincelada en la piedra. El contrapunto abigarrado de un sueño barroco trazado con tiralíneas como es el urbanismo de Nuevo Baztán.

Ciudades sin límite

La ruta comienza y concluye en Madrid, capital del Estado español, Villa y Corte, y dueña de un aprendiz de río, como maliciosamente tildó Lope de Vega al Manzanares. Luego, y tras una breve parada en Illescas, entra en Toledo.

Es inútil poner límites temporales a la visita de estas dos ciudades. En todo caso, conviene apurar el atarceder de la primera jornada en Toledo y si llega el caso, lo más probable, aprovechar las primeras luces del día siguiente para completar su visita. Camino de Aranjuez se atraviesa la fértil huerta del Tajo, luego Chinchón y, finalmente Alcala de Henares, la Complutum de los romanos. Madrid queda a un paso.