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Derwentwater ruta lagoEl Distrito de los Lagos en Cumbria (Inglaterra) fue la residencia y el motivo de inspiración de los más grandes poetas del primer Romanticismo inglés. Hoy lo tiene a gala: sus casas de campo entre lagos y montañas se han convertido en uno de los principales atractivos turísticos de la región.

Cumbria es una sucesión de lagos afables y tranquilos entre el moderado relieve de algunas de las montañas más altas de Inglaterra. Lagos como Ullswater, Conimore o Windermere se alternan con colinas boscosas, arroyos, cascadas, arboledas, pequeños cottages y pueblos apacibles. Hacia el norte la región se abre hacia los altos páramos de los Montes Peninos, desnudos y desolados; al oeste termina en playas solitarias y enormes y acantilados que miran a poniente. Aquí y allá hay ruinas medievales como las de la desmoronada arenisca roja de la abadía de Furness que, en una pradera junto al mar, forma el prototipo de evocador escenario romántico.

De esta región dijo William Wordsworth que “aquí se puede oír crecer la hierba si es que alguna vez en algún lugar se pudo“. En estos lagos se gestó a fines del siglo XVIII una nueva manera de hacer poesía, más sencilla y sincera. De este célebre hito podemos encontrar múltiples trazas en la zona.

En Grasmere se encuentra la blanca casa de campo de Dove Cottage, donde Wordsworth residió entre 1799 y 1808, entregado a una vida sencilla de pensamiento y amor a la naturaleza, curándose del desencanto de sus primeros viajes. Allí escribió gran parte de su obra poética, quizás sus versos más hermosos. Hoy la casa es un museo dedicado a su figura. No muy lejos de allí se encuentra Rydel Mount, donde vivió hasta su muerte en 1850. La casa se asoma sobre los lagos Windermere y Rydal, entre colinas abruptas, envuelta en el colorido de matas de rododendros y narcisos. Tanto las habitaciones como el jardín se conservan casi idénticos a como fueron entonces. Wordsworth manifestó siempre una honda simpatía por el mundo y la humanidad. Está enterrado entre los tejos que él mismo plantó en la vecina iglesia de St. Oswald, junto a su mujer. Su tumba es un lugar muy visitado.

En el cercano Keswick, junto al Derwentwater, está la preciosa Greta Hall, donde vivió el soñador e indolente Coleridge. Íntimo amigo de Wordsworth, además de su complemento literario, sus poemas nos hablan de lo extraordinario y extraño. Las ruinas y las nieblas del invierno no sólo invitan aquí a las emociones de la contemplación, también incitan al ensueño. Esta fue también la casa de Robert Southey, el otro gran poeta de los lagos.

En Dove Cottage vivió también Thomas De Quincey, y aquí su adicción al opio le originó las más espantosas visiones y tormentos, que narra en sus célebres Confesiones. Aquí soñó con innumerables rostros humanos balanceándose en la superficie del mar, unos suplicantes, otros desesperados; soñó estar “durante mil años encerrado en el corazón de las pirámides eternas en un sarcófago de piedra, en la angustia de una cámara secreta “, ser en un Asia monstruosa y antigua “el ídolo y el sacerdote, adorado y sacrificado“. Contemplar las paredes encaladas de Dove Cottage, el confort de los escritorios y chimeneas, y la quietud y placidez del lago, imaginar la cálida vida familiar de De Quincey, rememorar la sencilla belleza y claridad que este mismo rincón inspiró en Wordsworth, y contraponerlas al sufrimiento de estas pesadillas resulta un ejercicio de inquietud y contradicción. G.K. Chesterton dijo que leer a Wordsworth es como beber al alba una copa de agua clara entre montañas. En los lagos de Cumbria entendemos al fin cabalmente esta comparación. También aprendemos que sus brumas pueden originar tristeza.