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acabar rutinaLos hijos, el trabajo, la pareja, la casa. . . Encerrarnos en la rutina nos protege de los imprevistos, pero también acalla nuestras emociones, por ello es necesario romper con la rutina.

La rutina como escudo 

La rutina nos protege siempre de los imprevistos, pero, cuando es excesiva, no compensa la tranquilidad que proporciona. Llegados a ese punto, conviene preguntarse si no estamos ahogando nuestras emociones y deseos por miedo a hacerles frente.

Cuando sentimos que nuestra subjetividad se diluye en respuesta únicamente a demandas externas, conviene preguntarse: ‘¿En qué nos concierne lo que hacemos?’.

La monotonía es como un arrullo que nos adormece y nos hace pasar por la vida sin vivirla; es la medicina de los cobardes, pues tapa los vacíos afectivos al precio de quitarnos las ganas de vivir.

Romper la rutina cuando ya no sacamos ningún partido de ella significa estar del lado de la vida. La rutina constituye también un modo de controlarnos, de no dejarnos arrastrar por las pasiones, lo que es una manera de no asumir nuestros impulsos agresivos.

El aburrimiento como patología

Nos volvemos muy meticulosos con el tiempo cuando sentimos una fuerza interna explosiva que nos da miedo. Por eso las personas maniáticas del orden se exasperan si se las saca de sus hábitos e intentan que los demás sigan sus pautas.

El cumplimiento patológico de los horarios y las tareas no tiene otro objeto que el de dominar el mundo pulsional. Ese mundo tiene algo incontrolable, pero es precisamente de él de donde proviene la creatividad y la capacidad para sentir placer.

El deseo de vivir lleva aparejado el deseo de innovar, la voluntad de cambiar y el anhelo de mejorar, asumiendo el pasado y transformando el futuro. La rutina que se repite hasta el aburrimiento puede esconder el deseo de que alguien nos diga continuamente lo que tenemos que hacer, como en la infancia.

Si rompemos la armadura que nos oprime, sentiremos bienestar. Y si nos acercamos a nuestros deseos, no nos invadirá nunca la monotonía.

Anestesiar los sentimientos para romper con la rutina

Cuando la vida diaria se vuelve monótona, pregúntate si estás asfixiando con el aburrimiento alguna de estas emociones:

  • La agresividad: quizá no sabes decir que no y te has cargado de actividades que detestas, lo que te produce rabia. 
  • La decepción: tal vez tenías otros proyectos que no has alcanzado y estás decepcionada. 
  • El miedo: quizá temes que tu pareja te acuse de estar loca o de ser una insensata si le planteas algo que se salga de la rutina. Él se irrita ante los cambios porque tiene miedo a no poder controlar sus sentimientos.

¿Qué es el proceso secundario?

  • Se trata de la forma de funcionamiento mental más evolucionada que se organiza en el ‘yo’ de la persona. La teoría psicoanalítica explica el proceso secundario como lo que permite al ‘yo’ dominar todo el tiempo y el espacio, y evitar así las posibles contradicciones que se puedan producir. 
  • El proceso secundario es sinónimo de pensamiento y está constituido por palabras. Requiere una metamorfosis desde su nacimiento y se crea para dominar el proceso primario, que pertenece a nuestro inconsciente y que es donde se hallan todos nuestros impulsos. 
  • La forma de conducirnos para llevar a cabo deseos realizables, o para evitar los que no lo son, consiste en pensar en aquello que deseamos con la parte consciente de nuestro psiquismo, que acepta la realidad.