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relaciones entre hermanasLas relaciones entre hermanas y sus actos son las primeras complicidades fuera de la dependencia de los padres. Tenemos con ellas una historia en común que ha ido tejiendo una red de lazos afectivos profundos y duraderos.

No nos sentimos solas cuando podemos contar con una hermana. Ahora bien, esta relación no fue siempre idílica. En un principio fue una mezcla de sentimientos entre los que primaba la rivalidad. No es raro que le hayamos atribuido en su día la responsabilidad de haber sido expulsadas del paraíso materno, o que hayamos tenido celos de sus capacidades porque era mayor que nosotras y no soportábamos que la pusieran de modelo.

¿Por qué la rivalidad entre hermanas?

En la relación entre hermanas los celos son la primera emoción fuerte que se siente cuando aparece una en tu vida, y están motivados por la amenaza de que sea otra la que se convierta en el centro de atención. Lo peor siempre es sentirse despreciada.

Para investigar quiénes somos, la primera pregunta es: ¿quién soy yo para mis padres? La respuesta debería hacernos sentir importantes para ellos. Mucho más tarde, la influencia de cómo creemos que nuestros padres nos miran pierde peso y a la pregunta sobre quiénes somos entran en juego muchos otros factores. Si podemos confiar en nosotras mismas, no nos sentiremos amenazadas por una hermana.

Pero si hemos sufrido un abandono afectivo que nos impide aceptar nuestros deseos, temores o limitaciones, estableceremos una feroz competencia con ella porque seguiremos sintiéndonos menos queridas, ahora ya no sólo por nuestros padres, sino también por nosotras mismas. El acuerdo íntimo respecto a cómo somos nos hace querer a la hermana como es y entonces aparecen la solidaridad y el apoyo mutuo.

La relación con los padres, decisiva en las relaciones entre hermanas

Detrás de las relaciones entre hermanas de rivalidad se ocultan sentimientos de hostilidad hacia la madre, que la niña padece y utiliza para independizarse de esa figura que guarda en su psiquismo como modelo a imitar. La ambivalencia hacia la madre es inevitable, pues se quiere ser como ella y también diferente.

En el proceso que nos lleva a conformar una identidad adulta, la niña pasa por muchos avatares y peligros, entre ellos el de quedarse enganchada patológicamente al padre o a la madre. Cuando ocurre esto, se establece una alianza inconsciente con uno de sus progenitores, de quien se depende infantilmente. De esta forma se cree ganar a la hermana.

Entonces, la rivalidad está asegurada y dura siempre. Esta alianza patológica puede estar favorecida por la actitud de alguno de los padres, que se apoya en una de las hijas por no poder resolver dificultades con el otro miembro de la pareja, intentando de este modo solucionar antiguos problemas infantiles.

En el lugar de la madre

En la hace algún tiempo publicada correspondencia entre Marilyn Monroe y su hermanastra Berniece se descubre que ésta fue su gran apoyo. Marilyn no conoció a su padre. Su madre, esquizofrénica y alcohólica, dio a Berniece en adopción, y la encerró a ella en un orfanato. Berniece cumplió con Marilyn una función materna.

A veces, cuando la patología de los padres es grave y no pueden hacerse cargo de los hijos, se establece entre los hermanos una alianza para sobrevivir. Se apoyan e intercambian papeles. No es raro que las hermanas mayores hagan de madres de las pequeñas. La mujer que se vió obligada a comportarse como una adulta en la infancia, tiene posibilidades de comportarse como una niña en la madurez.

Comparaciones que son odiosas

  • La fraternidad es compañera de la solidaridad, del respeto a la diferencia y de una identificación con el otro en el que no existe la rivalidad. Tales sentimientos son posibles cuando se es dueño de una identidad que asimila por amor rasgos del otro y que se separa para ser diferente.
  • La identidad se organiza en una red de identificaciones con padre, madre y hermanos, además de otros modelos. Pero si algo entorpece la lucha por quererse sin confundirse, es la comparación entre ellas por parte de los padres. Las comparaciones son odiosas porque no respetan las características individuales y suelen colocar modelos.
  • En ocasiones, las hermanas eligen destinos muy diferentes. A veces, una elige su profesión; otra, la familia; una se queda más apegada a los padres; otra se mantiene alejada de la familia.

La causa de los celos en la relación entre hermanas

La rivalidad es el primer sentimiento que se tiene frente a un hermano. Éste se interpone entre la madre y él, le destrona del lugar que creía tener reservado para sí. Desde esta perspectiva, ¿por qué habría de acogerle bien?

Los mismos celos causantes de la agresividad del niño hacia su padre, causan la rivalidad fraterna. Esta hostilidad, si no ha sido elaborada en la infancia, puede persistir a lo largo de la vida. En ocasiones se desplaza hacia la familia política, amigos o compañeros. La relación entre hermanos marca las relaciones competitivas que se tendrán más adelante.

Cuando la hostilidad puede ser nombrada, sin reproches de los padres, la envidia se transforma en amor. Si a la hija que se siente celosa de una hermana se le deja mostrar sus celos sin que dañe su autoestima, dejará de sentirlos. Si sus padres la quieren y ella no es indigna por tener esos sentimientos, deducirá que su hermana no le quitará protagonismo.

Se consigue querer al hermano cuando no se proyecta sobre él lo malo que sentimos dentro, cuando se integran los aspectos que nos gustan y los que no. ¿Cómo son los lazos con tu hermana?

El caso de Marta y Milagros

Marta ha estado en casa de su hermana. Una vez más, cuando sale de allí, se encuentra irritada. Milagros es mayor que ella, está casada y tiene dos hijos, uno de ellos un bebé. Marta atribuye a su hermana una especie de arteriosclerosis mental que no le deja pensar en otra cosa que en sus hijos, su casa y su marido. Todo gira en torno a los asuntos domésticos. A ella le aburren las interminables conversaciones que su hermana mantiene con su madre sobre las cosas que les pasan a los niños. Le irrita esa sumisión y acomodo de su hermana a las reglas tradicionales de cómo y qué debe hacer una mujer. Además se siente un poco desplazada y excluida de tanta sabiduría materna.

Marta vive sola y hace poco rompió con su pareja. Trabaja en una editorial en la que es diseñadora gráfica y le acaban de ofrecer la dirección de un departamento. Fue a casa de su hermana adar la noticia a toda la familia, porque sabía que estaban allí.

Tanto Milagros como sus padres la felicitaron, pero el comentario sobre su ascenso duró cinco minutos y en seguida se volvió a hablar de los niños de su hermana. Sólo su padre le dedicó un poco más de tiempo preguntándole sobre sus nuevas responsabilidades. Milagros está muy ocupada con su maternidad y parece feliz. Sin embargo, tiene celos de la libertad de que disfruta su hermana. Ha renunciado a sus ambiciones profesionales en pro de las maternales y se ha aliado con su madre. Marta cree que no le interesa la maternidad, pero tiene envidia de su hermana.

Ella no ha sido capaz de diseñar hasta ahora una relación de pareja que funcione. Está aliada a un padre tosco, con dificultades para expresar los afectos, y al que no acepta como es. Esto provoca que cuando ve en otro hombre el mínimo atisbo de lo que no le gusta de su padre, corte con él. La relaciones entre hermanas de rivalidad aumentan si los padres favorecen una alianza con una de las hijas. Es lo que ocurre, por partida doble, en el caso de Milagros y Marta. Cada una desearía algo de lo que tiene la otra porque no oyen sus deseos y continúan enganchadas a ataduras que no les permiten conectar consigo mismas.