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quiero ser madreEl querer ser madre puede ser producto, en ocasiones, del papel que la sociedad ha asignado a la mujer y no de un deseo personal libremente elegido.

La difícil línea de los 40 años

¿Quiero ser madre? ¿Es natural el deseo de tener un hijo? ¿Existe en todas las mujeres, o es la presión social y familiar la que nos conduce a él? ¿Una maternidad, aparentemente frustrada, podría ser, en el fondo, un deseo realizado? ¿Los impedimentos para tener hijos, podrían ocultar un deseo inconsciente de no tenerlos?

Clara pasó por unos momentos difíciles cuando, a punto de cumplir los 40 años, advirtió que apenas le quedaba tiempo para ser madre. No es que no lo hubiera pensado hasta entonces, pero había ido retrasando la decisión porque nunca encontraba el momento oportuno.

A los hombres con los que había estado, por otra parte, no los había visto nunca como padres de sus hijos. También pensó, en algún momento, que siempre quedaba la posibilidad de adoptar. Ahora, a su edad, se preguntaba si debía renunciar a tener un hijo y si se sentiría frustrada más adelante en caso de no hacerlo.

Clara era abogada, trabajaba en un bufete y le gustaba defender casos de malos tratos. El trabajo le ocupaba casi todo su tiempo y ponía mucha pasión en él.

¿Por qué no había encontrado tiempo para tener un hijo? ¿Ahora se trataba de un deseo propio, o respondía a que su cuerpo le señalaba el límite biológico que las mujeres tenemos para procrear? Su madre había tenido cinco hijos, y siempre la había oído protestar por el trabajo que le habían dado.

Su padre, ausente por las horas que dedicaba al trabajo, jamás tuvo el tiempo que su hija necesitaba. De este modo, Clara quedó bajo la tutela de una madre que se quejaba permanentemente de su condición y que rechazaba su suerte como mujer.

Ella y su hermana menor pasaban los veranos con una tía soltera que, lejos de vivir agobiada como su madre, tenía un carácter abierto y alegre. Clara siempre prefirió parecerse a su tía a quien, por otra parte, su madre envidiaba. Frente a tal panorama familiar era inevitable que se preguntara si para ser mujer era necesario, también, ser madre. Sobre Clara pesaba la idea de que había habido un exceso de hijos en la generación anterior.

El eterno femenino

A través de la psicología se ha confirmado que querer ser madre no es la esencia de la realización femenina, más bien el resultado de nuestra historia y vivencias, y más concretamente la relación con nuestros padres.

Decir: “quiero ser madre” es una decisión personal marcada por nuestra historia personal y no definida de manera natural.

“Quiero ser madre”: Mandato social o deseo personal

  • Cuando los deseos de maternidad se han visto frustrados, conviene pensar si, además de los motivos manifiestos que la han impedido, no habrá otros de carácter inconsciente. 
  • Para confesarse a sí misma que no quiere tener hijos o que no se siente apta, una mujer necesita ser valiente. 
  • Antes de verse tachada de egoísta, puede engañarse a sí misma diciéndose que no encuentra marido o, simplemente, que no se queda embarazada. 
  • La cultura patriarcal asimila ser mujer con ser madre, lo que constituye una forma de dominarla.

¿Qué es la ‘función paterna’?

  • El deseo de la madre es siempre un enigma para el niño quien, por miedo a perderla, intentará satisfacerla convirtiéndose en su objeto. El riesgo es que él desaparezca como un sujeto con sus propios deseos. 
  • Si el padre no interviene para separar esa unidad, su hijo se queda pegado a la madre y se anula como sujeto independiente. Esta función de separación entre la madre y el niño recibe en psicoanálisis el nombre de ‘función paterna’, y puede llevarla a cabo cualquiera al que ella dirige su deseo. 
  • La madre introduce al padre en su relación con el hijo para separarle y darle la posibilidad de ser libre al romper la dependencia total que tiene de ella.