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primeros auxilios quemadurasEn términos generales, se acepta la clasificación de estas lesiones en función de la profundidad de afectación de la piel. Así, éstas pueden dividirse en las siguientes categorías: De primer grado, en las que se afecta la capa más superficial de la piel y se caracteriza por su enrojecimiento, o eritema, sensación molesta o dolorosa de la zona quemada y ligera inflamación. De segundo grado, de profundidad algo mayor, puesto que en este caso se encuentra afectada casi toda la epidermis; se caracterizan porque en la zona quemada aparecen ampollas, suelen acompañarse de una inflamación subcutánea intensa, presentan un aspecto enrojecido y húmedo y, por lo común, son muy dolorosas. De tercer grado, que son las de mayor gravedad, presentan afectación completa de toda la piel, que alcanza hasta la grasa subcutánea, por lo cual son las más profundas; en éstas aparecen zonas de trombosis, inflamación y, por faltarles la proteción de la piel, existe un gran peligro de infección.

En la mayor parte de los caos, no son lesiones dolorosas, debido a que las teminaciones nerviosas que transmiten al cerebro las sensaciones de dolor han sido destruidas por la acción del calor.

Gravedad de las quemaduras

La gravedad real de una quemadura para la vida de la víctima depende, además de la profundidad de la lesión, de la extensión que ésa tenga con respecto a la superficie corporal.

Para calcular el porcentaje de esta extensión se emplea LA REGLA DE LOS NUEVES, la cual emplea divisiones topográficas corporales en zonas que representan el nueve por ciento de la superficie corporal total:

  • cabeza y cuello (9%)
  • parte anterior del tronco (2×9%=18%),
  • parte posterior del tronco (2×9%=18%)
  • cada pierna (2×9%=18%)
  • cada brazo (9%)
  • la zona inguinal (1%)

Primeros auxilios de las quemaduras

Si se prende la zona de la víctima, ésta en ningún caso debe correr, puesto que al hacerlo se avivan las llamas con el consiguiente empeoramiento de esta dramática situación. Tampoco el accidentado deberá permanecer de pie, ya que habrá riesgo evidente de inhalar las llamas o que se le prenda el cabello. En esta situación, el quemado se deberá arrojar al suelo, y con una manta o una prenda cualquiera se le deberá envolver con decisión a fin de apagarle las llamas.

Una vez hecho esto, se debe empapar con agua al accidentado con el fin de evitar que las ropas, que están aún conb una temperatura muy levada, continúen abrasando al herido. A continuación se debe recubrir la herida. Para ello no se ha de desnudar a la víctima puesto que, con esta acción, se podrán desprender tozos de piel parcialmente quemada, arrancando ampollas ya formadas, y provocándole un incremento importante de la sensación dolorosa, además del riesgo de la posible infección. Por lo cual, la ropa que recubra la superficie quemada deberá reirarse siempre cortándola.

En los casos de quemaduras de tercer grado, éstas se deberán recubrir con apósitos estériles empapados en agua fría o, en su defecto, el material similar más limpio de que disponga; con ello se previene la contaminación de la herida y se disminuye la sensación dolorosa. No se debe aplicar hielo en este tipo de lesiones puesto que provocaría una fuerte constricción de los vasos arteriles, lo cual impediría la llegada de sangre a los tejidos sanos circundantes.

Se mantendrá al quemado acostado sobre plano duro y, si no ha perdido el conocimiento, se le podrá administrar agua, con media cuharadita de bicarbonato y otra de sal por litro, en dosis de medio vaso cada quince minutos, suspendiendo dicha ingesta si el paciente vomita.

En el caso de las quemaduras leves de segundo grado, no se reventarán las ampollas ni se aplicarán pomadas o aceites; tan sólo se cubrirán con compresas estériles para prevenir la infección. En las de primer grado, se aplicarán compresas empapadas en agua fría para atenuar el dolor.

En las quemaduras de segundo grado que abarquen más del diez por ciento de la superficie corporal, y en las de tercer grado, siempre se evacuará al herido con urgencia a un centro médico.

En el caso de tratarse de una quemadura química, se lavará escrupulosamente la zona dando, a continuación, el tratamiento como si fuera una quemadura térmica. Si la lexión se ha producido en los ojos, estos se rociarán con agua abundantemente. Si el agente causante es un ácido se añadirá bicarbonato al agua en la cantidad de una cucharadita por cada medio litro; por último, se cubrirá el ojo con un apósito y se evacuará al lesionado al oftalmólogo.

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