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bebé recien nacidoUna serie de test busca detectar cualquier anormalidad en el bebé, con el objetivo de darle un pronto tratamiento. Exámenes de sangre y de reflejos son algunas de las pruebas.

Un recién nacido ha llegado al mundo y, mientras lanza sus primeras voces, los especialistas tomarán al bebé para realizarle una serie de exámenes cuya importancia, para muchos padres, se pierde en el torbellino de emociones que se viven en ese instante.

Lo cierto es que al llegar al mundo cada ser humano es sometido a un sinnúmero de observaciones. El objetivo de estos exámenes es determinar la normalidad del recién nacido e investigar precozmente patologías, lo que permite salvar muchas vidas. Este es uno de los grandes desafíos: detectar a tiempo los males, porque cuando una enfermedad ya está instalada se ha perdido tiempo vital para tratarla.

Test de Apgar: la vitalidad del bebé recién nacido

Uno de estos test es el llamado Apgar, que mide la vitalidad del recién nacido. Un médico o enfermera especializada evalúa al recién nacido de acuerdo a cinco parámetros, los que reciben una puntuación que va de cero a dos. El promedio normal va de siete a 10.

El médico ausculta al bebé para medir la frecuencia cardíaca, también observa el esfuerzo que hace para respirar (si llora fuerte es el ideal), el tono muscular para ver si hay flaccidez o movimiento normal, que en los bebés es como de contracción de brazos y piernas. También se ve la irritabilidad ante los estímulos, como secarlos fuertemente y que a ellos les moleste, y el color de su piel que va cambiando desde que nacen (va de pálido o cianótico, que es la puntuación más baja, pasando por un tono rosado, excepto en pies y manos, hasta el rosado total).

Este conjunto de observaciones se realiza en el primer minuto de vida, que es cuando el recién nacido está en las peores condiciones fisiológicas adaptativas: viene saliendo de la placenta, desde la cual recibía el oxígeno, y tiene que comenzar a respirar con sus propios pulmones.

Vuelve a repetirse a los cinco y a los 10 minutos, y suele ser normal que el bebé marque una puntuación regular en la primera medición y otra más alta en la última. El Test de Apgar es como tomarle una foto instantánea al recién nacido. Tiene una enorme importancia como pronóstico neurológico, ya que si el niño da una puntuación persistentemente baja pueden existir problemas serios.

Otros exámenes a tu bebé

Si cree que su hijo dio los primeros pasos cerca del año de vida, está equivocado. Minutos después de haber cortado el cordón con la madre, el bebé es sujetado de las axilas por el médico para que dé unos cuantos pasos (de uno a 10) sobre una mesa. Esta “marcha refleja” forma parte de las evaluaciones neurológicas que se le toman y que incluyen el test espinal (se frota la columna para estimular a los que han nacido un poco deprimidos) y el de Moro, en el que el médico lo levanta rápidamente. La respuesta natural del pequeño es abrir los brazos y volver a cerrarlos, como abrazándose.

Entre los exámenes de sangre que se hacen en el momento del parto está el de grupo sanguíneo, factor Rh y Coombs, que mide la posible incompatibilidad sanguínea entre madre e hijo.

El TSH se hace al tercer día de vida para evaluar la función de la tiroides. Otro test es el PKU, que pesquisa la fenilcetonuria, un déficit en el metabolismo del aminoácido fenilalanina, cuya acumulación en la sangre produce daño cerebral.

Finalmente, entre otros aspectos, se estudia la respuesta a los estímulos sensoriales: el especialista da fuertes palmazos para ver las reacciones del bebé, y si no hay ningún tipo de sobresalto recomendará exámanes de audición.

Lo mismo sucede con la visión: para detectar reacciones el facultativo mueve una pequeña linterna ante los ojitos semicerrados del pequeño bebé, para ver si es capaz de fijar su recién estrenada vista durante unos segundos en el punto luminoso.