Compartir

despistes y distraccionesLos despistes, descuidos y distracciones son mensajes de agotamiento emocional y estrés que nos envía nuestra mente.

El porqué de las distracciones

Varios factores influyen para ser más o menos despistado. El denominador común que funciona en casi todas nuestras equivocaciones es que, al no hacer lo que teníamos que hacer, realizamos, por acción u omisión, otra cosa que no estaba en nuestro programa consciente, sino en nuestro sistema inconsciente.

Los despistes, las equivocaciones o los errores nos muestran que hay algo que nos hace actuar más allá de nuestra voluntad, porque nuestro mundo interno guarda todo un arsenal de deseos e impulsos que intentan salir y se cuelan a través de esos despistes, intentando burlar nuestro control.

Lo principal ante este tipo de sucesos es no criticarlos, sino escucharlos y aceptar lo que nuestro inconsciente trata de decirnos.

En el origen de los despistes

Las personas despistadas tienen una sobredosis de realidad psíquica que demanda ser escuchada. Una condición psicológica que aumenta de manera considerable el número de los descuidos es el agotamiento, el estrés.

Si tenemos demasiadas cosas a las que atender y no sabemos poner freno a las demandas que nos hacen, se produce una invasión en el psiquismo, que se defiende y comienza a enviarnos señales.

De esta manera podemos ver en nuestras equivocaciones un mensaje de que no nos estamos cuidando como deberíamos. Con frecuencia, se hace una crítica, incluso severa, hacia este tipo de actos.

Ello es debido a la ignorancia sobre cómo funciona nuestro psiquismo y, sobre todo, a una negación de nuestro inconsciente. La negación se da porque el reconocimiento de esta instancia psíquica rompe la creencia de que todo lo que hacemos está dominado por nuestra voluntad consciente.

Olvidar los papeles si vamos a dar una clase; salir a la calle en zapatillas; ponernos pendientes de distintos pares o meter el jabón en la nevera puede ocurrirle a cualquiera, si bien hay personas en las que es más habitual.

Las más tolerantes consigo mismas y menos rígidas en lo que se relaciona con el mundo emocional suelen ser también más despistadas. Tomarse bien estos sucesos significa que tenemos buena relación con nuestro mundo interno y nos aceptamos como somos.

Cuando nos ponemos muy nerviosos y criticamos severamente nuestros errores, es que rechazamos algo que viene de dentro y que no queremos reconocer.

Marta y sus distracciones

Marta metió el móvil en la nevera y cogió un yogur. Mientras se lo tomaba, pensaba que tenía que volver a la clínica para ver a su madre. Luego se dirigió al salón, cogió el bolso y salió corriendo de casa.

Cuando llegó al coche, no encontraba las llaves. Fue a mirar la hora, pues se le estaba haciendo tarde, pero también había olvidado ponerse el reloj. Busca el móvil, pero no lo encuentra en el bolso, de modo que ni siquiera puede llamar a la clínica para disculparse. ‘Cuando llegue al hospital y cuente lo que le ha ocurrido, a nadie le va a extrañar’, piensa.

Marta tiene fama de ser bastante despistada. Su madre, ordenada hasta la exageración, se refiere a esta característica de su hija con cierta benevolencia no exenta de crítica. Dice que es como su padre.

Marta es imaginativa y muy creativa. Se dedica a ilustrar cuentos para niños, por lo que su madre atribuye malintencionadamente los despistes a lo cerca que se halla del mundo infantil. Sin embargo, esa característica es para Marta una conquista de su identidad.

Tiene facilidad para entender a los niños no por ser infantil, sino porque se conoce bien a sí misma y puede acercarse sin temor al mundo de los impulsos y de las fantasías que sirven para entenderlos.

La conquista de la identidad en Marta pasó, precisamente, por diferenciarse de su madre en ese rasgo que, más que asimilarla al padre, le daba la posibilidad de sentirse distinta, aunque es cierto que detrás del amor por el dibujo estaba el amor a su padre.

El cúmulo de despistes que ha sufrido hoy tiene relación con una sobrecarga de trabajo. En momentos así es cuando su mundo interno protesta y aparece de forma exagerada el rasgo que la ha hecho diferente. Es, en definitiva, una manera de afirmarse, de protegerse.

A Marta le gusta ser así y cuando los despistes se acumulan, se ríe y procura pensar qué le está ocurriendo. Sabe que esos descuidos son mensajes de su inconsciente y ha aprendido mucho de sí misma al escucharlos. Algunas de las ilustraciones que más le gustan han sido el resultado de una equivocación.

El teléfono móvil le obligaba a estar disponible en todo momento para acudir a la llamada de su madre; el reloj le marcaba la hora de tener que dejar lo que quería para acudir a sus obligaciones y las llaves del coche también la llevaban a la clínica.

No le apetecía ir y, sobre todo, escuchar las interminables quejas de su madre, que no es una enferma fácil.