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mentirSi nosotros no fuéramos capaces de engañarnos previamente a nosotros mismos, tampoco lo haríamos con los que nos rodean. Éstos se convierten en espejos y queremos que nos devuelvan una imagen distinta de la que tenemos.

Nos disfrazamos para ser mejores y también peores, y engañamos al otro por venganza o cobardía. Cuando mentimos somos tan débiles como crueles, aunque disfracemos la mentira de piedad o cortesía.

Sin embargo, muchas mentiras tratan de acercarnos a la verdad que ocultan y que quizá nosotros no queremos reconocer. Mentimos para disfrazar una realidad que no soportamos, pero, cuando lo hacemos, señalamos con más intensidad la verdad que tratamos de ocultar.

Cuando engañamos a otro pensando que es por su bien, menospreciamos su inteligencia y nos creemos con poder para manipular su vida.

Casi nunca lo conseguimos, y el dolor que experimenta la persona engañada al descubrir la verdad demuestra que no era por su bien, sino por el nuestro. La mentira tiene un camino de ida y otro de vuelta.

La peor farsa, la mayor mentira, se da cuando estamos dispuestos a estafarnos a nosotros mismos, aparentando lo que no somos e impostando rasgos de otro, ya sea real o imaginario

¿Por qué necesitamos mentirnos de esa manera? Pues porque no queremos ser quien somos.

Nos engañamos sin piedad porque no soportamos la distancia que hay entre lo que hemos llegado a ser y lo que queríamos ser. Un terreno abonado para la mentira es el del amor. Mentimos para aumentar nuestras excelencias.

Adornamos nuestro pasado y nuestra vida para resultar más interesantes. Queremos agradar a ese otro, pero, en esas mentiras, ¿no queda al descubierto la inseguridad de la que somos víctimas?

Cada vez que mentimos o somos engañados sería conveniente preguntarnos de qué huimos o qué es lo que el otro no es capaz de enfrentar poniéndonos a nosotros como escudos de sus patrañas.

La mentira se define como expresión contraria a la verdad y para que se dé requiere de la palabra, el otro y una verdad. Con la palabra encubrimos lo que pretendemos hurtar a la mirada de los otros. El destinatario es imprescindible.

Puede que le engañemos para que no se decepcione o no se preocupe, pero, a veces, por paradójico que parezca, lo hacemos de tal modo que confiamos en que el amor o la inteligencia del otro sepan leer más allá de lo que le hemos dicho y nos descubra.

Engaño en pareja

Hay parejas cuya relación sexual es un fraude, un engaño. Nunca existió una satisfacción plena por parte de los dos. Desde la frigidez a la impotencia, son muchos los síntomas que se esconden tras la puerta de una alcoba.

Las parejas pueden convenir en no resolver lo que les ocurre por temor, ignorancia o acomodo. Esta insatisfacción mutua no pasará inadvertida, sin embargo, a la mirada de los hijos. Éstos siempre desenmascaran a sus padres allí donde ellos intentan engañar.

Algunas madres, cada vez menos por fortuna, no dudan en empujar a sus hijas hacia el matrimonio, incluso aunque ellas no hayan tenido una relación de pareja satisfactoria, y se hayan quejado de descuido o abandono por parte del hombre.

Puede suceder que no hayan logrado un acuerdo con su identidad, con su cuerpo y con su vida, pero prefieren mentirse así mismos. Esta contradicción la recoge, a veces, el inconsciente de la hija, repitiendo a su pesar, pero sin poder evitarlo, una mala relación de pareja.

La mentira de los padres en aspectos fundamentales del mundo familiar recae en los hijos, a no ser que éstos afronten el dolor que supone reconocer la verdad.

Rechazos que marcan nuestra vida

  • La familia es la escuela donde aprendemos a mentir. La transmisión de una enseñanza tan indeseable no se hace de manera consciente, pero eso no le quita eficacia. 
  • Si en la infancia nos hemos sentido incomprendidos o rechazados por nuestros padres, rápidamente aprendemos a mentir para adaptarnos a lo que suponemos que ellos quieren. La mayoría de estos desencuentros entre padres e hijos se produce cuando los padres no pueden colocarse en el lugar del niño y aceptar su falta de dominio, exigiéndole más de lo que el niño puede dar. 
  • De esta forma, puede mentir para protegerse de una crítica o para dar una imagen de sí mismo que calme a los mayores. Siente que sus padres le exigen más de lo que él puede dar y miente para evitar el desamor.