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perfume en la pielEl mismo perfume puede causar impresiones diferentes según la persona que lo lleve. Al margen de la cantidad de producto que se ponga y el lugar donde se haga, hay factores personales que modifican las notas de una fragancia, alterando su acidez y otros matices de su fórmula. Entre estos elementos figura la composición de las pieles grasas; la adrenalina y la transpiración, fruto de situaciones estresantes o de una actividad física; y el consumo exagerado de especias, tabaco y alcohol.

El efecto vasoconstrictor del frío hace que las notas de un perfume se desarrollen más lentamente en la piel. Con el calor, los aromas se expanden más rápidamente, por eso en verano prima la precaución a la hora de vaporizar una fragancia. También la mezcla de cosméticos perfumados, como geles de baño, desodorantes o cremas hidratantes corporales en la piel pueden afectar o modificar el aroma de un perfume. Los olores corporales no se enmascaran con aguas de colonia y, menos aún, con perfumes. Éstos nunca deben aplicarse antes de la higiene corporal.

Momentos de discreción. Por la mañana, en lugares cerrados y especialmente en los restaurantes hay que ser muy discreta. En estos casos, una buena manera de perfumarse es vaporizar al aire y entrar inmediatamente en esa ‘nube’. Otra forma es aplicar con cuidado la fragancia en el forro, el dobladillo o el revés de una prenda de vestir. Las colonias y las ‘eaux de toilette’ son las adecuadas para estas ocasiones.

Momentos de intensidad. Al caer la tarde, el olfato acepta mejor los aromas intensos, las ‘eaux de parfum’ y los extractos. Pero, aunque esto ocurra, el perfume no debe anunciar tu llegada; lo ideal es que solo deje una leve estela a tu paso. Al aplicarlo en el pulso, no frotes una muñeca contra otra para no destruir las moléculas olfativas.