viajar parque nacional paineEl Parque Nacional Torres del Paine, declarado por la UNESCO Reserva de la Biosfera en 1978, está considerado uno de los más espectaculares de Chile y de la Patagonia. En sus 242.242 hectáreas de superficie se encuentran las colosales torres y cuernos de granito y roca que le han dado gran prestigio, con alturas de hasta 3.050 metros sobre el nivel del mar.

Situada en la punta de Sudamérica, la Patagonia Chilena está separada del resto del país por una colosal barrera de fiordos y montañas, sobre los cuales yace el Campo de Hielo Patagónico Sur, la segunda masa de hielo continental más grande del hemisferio. Este terreno, anclado aún en el pasado, es una reliquia de una era anterior. Todavía hoy los glaciares trituran rocas y crean majestuosos valles, mientras que las laderas, de bosque nativo, flanquean ríos de un hielo milenario que fluyen sin que nada ni nadie los perturbe desde la última glaciación. Con este grado de independencia salvaje no nos debe sorprender que la Patagonia esté, en su mayor parte, protegida por parques, reservas nacionales y reservas de la biosfera mundial.

Durante muchos siglos y hasta la llegada de los primeros europeos, cuatro etnias, adaptadas de forma admirable y misteriosa, vivían en estos parajes. Los Tehuelches eran cazadores nómadas que recorrían las extensas pampas del oriente en busca de guanacos y ñandúes, la versión local del avestruz. Los Alacalufes o Kawéshkar navegaban en canoas por los canales de la Patagonia occidental. Los Selknam, cazadores de las pampas fueguinas, y los Yaganes surcaban por los canales al sur de Tierra de Fuego hasta Cabo de Hornos.

Estos nativos dejaron su huella en los nombres actuales de estos lugares. Cuando Hernando de Magallanes, en 1520, descubrió la Patagonia y el estrecho que lleva su nombre, vip humo que se elevaba de las fogatas encendidas por los indígenas en la ribera sur del estrecho. A esa parte la llamó Tierra del Fuego. Hacia el norte, ya en la costa continental, encontró grandes huellas dejadas por los fornidos Tehuelches; a este lugar lo llamó Patagonia, que quiere decir, Tierra de los Pie Grande. Estas connotaciones y referencias a los indígenas es lo último que nos queda de ellos. Las represiones, asesinatos y enfermedades hicieron que, en muy poco tiempo, los nativos sucumbieran sin poder adaptarse al hombre europeo.

De Punta Arenas a Puerto Natales

Nuestro viaje comienza en Punta Arenas, capital de la XII Región, conocida como Región de Magallanes. Esta ciudad es la puerta de entrada a la Patagonia Chilena, Tierra de Fuego y la Antártida y, como tal, nos recibe un furioso viento, que nos hace imposible imaginar cómo con un clima así el hombre europeo fue capaz en el siglo XVI de llegar en carabelas de más de cien toneladas a estas inhóspitas tierras. Tras esta pequeña reflexión partimos hacia Puerto Natales.

Durante el trayecto la belleza agreste de la mítica Pampa y la compañía de los guanacos crean un paisaje espectacular, insólito y, a su vez, solitario, dándole un aspecto mágico y misterioso. Tras kilómetros y kilómetros de llanura divisamos Puerto Natales, antesala de hielos y montañas, y las inmensas Torres de granito del Parque Nacional Torres del Paine salvaguardando el horizonte. Una vez en la ciudad hacemos un pequeño descanso antes de empezar a sentir emociones más fuertes. El viaje ha sido largo y decidimos disfrutar, por un momento, de la apacible tarde paseando por los fiordos de alrededor contemplando cómo los cisnes de cuello negro nadan plácidamente entre cormoranes y otras aves marinas.

Decidimos continuar nuestro viaje deseosos de poder llegar cuanto antes a nuestro destino final: el Parque Nacional de Torres del Paine.

El Valle de las Chinas

Nuestro viaje comienza en un conjunto impresionante de montañas emerge desde la Pampa, dominado por los fotogénicos Cuernos y las espigadas Torres de granito. El macizo está coronado de glaciares y rodeado de lagos aguamarina, esmeralda, turquesa, zafiro y lapislázuli. Este caleidoscopio de formas naturales constituye el famoso Parque de Torres del Paine.

Ya dentro del parque nos dirigimos a la Laguna Azul. Aquí reponemos fuerzas en un entorno privilegiado frente a los míticos cuernos del Paine. La característica roca negra que los corona es una crónica de las fuerzas glaciares que esculpieron este macizo hace más de nueve millones de años. Todo un ejemplo del poder de la naturaleza.

Tras nuestra breve parada a orillas de la laguna nos dirigimos hasta la Estancia Gemita en los límites del Parque. Allí nos espera nuestro buen amigo Juan, un gaucho propio con un estilo de vida mítico, con los caballos bien ensillados para recorrer el famoso Valle de las Chinas en dirección a la Estancia Dos de Enero, donde pernoctaríamos esa noche.

Durante el recorrido observamos a los guanacos huir despavoridos por los bosques de lenga con sus troncos oscuros y ramas retorcidas cubiertas de musgo y líquenes, perseguidos por el depredador por excelencia de estas tierras: el puma. El camino es largo, pero se hace mucho más si no estás acostumbrado a ir a lomos de un equino. No obstante, la sensación de estar en el comienzo del mundo colma las aspiraciones de cualquier aventurero.

Para terminar el día, en la Estancia Dos de Mayo nos esperaban los carismáticos gauchos para que compartiéramos con ellos un auténtico asado al estilo patagónico.

El Glaciar Grey

cuernos painePartimos en dirección al lago Grey bordeando la Laguna Azul y la Laguna Amarga. Esta última refleja en sus aguas color turquesa, siempre que el viento se lo permite, las colosales Torres del Paine con sus cumbres escarpadas. Seguimos bordeando el Lago Nordenskjöld para subir al Valle del Francés con su impresionante laguna glaciar en la base de las Torres del Paine. Aquí la sensación de grandeza e intimidad es difícil de describir, ya que en lugares como éstos es mejor no decir nada y limitarse a disfrutar de cada minuto que allí se pasa. Dejamos atrás el Lago Nordenskjöld para atravesar el río Paine. Debemos cruzar por el puente Weber. Debido a que el río baja muy crecido ya que estamos en época de deshielo, el cruce es difícil y tenemos que extremar las precauciones. Un movimiento erróneo provocaría un fatal accidente. Nuestro guía, experto en situaciones como ésta, opta por explorar el terreno de forma exhaustiva. Al final decidimos pasar, no sin sufrir algún pequeño susto. La adrenalina fluye por nuestras venas casi a la misma velocidad que el agua transcurre por el río.

Tras esta intensa anécdota llegamos al Lago Grey y divisamos al otro extremo el impresionante Glaciar Grey. El Glaciar Grey se desplaza por un majestuoso valle rodeado de montañas, tomando la forma de una inmensa lengua de hielo. Para llegar a él lo podemos hacer o bien siguiendo senderos que bordean la ribera este del lago, o bien en bote navegando por el lago Grey.

Si elegimos la segunda opción navegaremos por un cementerio de témpanos que flotan por el lago como consecuencia del avance del glaciar hacia la costa del lago provocando ruidosas rupturas de bloques de hielo en su cara frontal.

Al llegar a las paredes del glaciar un escalofrío recorre nuestro cuerpo; la sensación de majestuosidad impresiona bastante. Las paredes frontales del glaciar alcanzan una altura de sesenta metros. La nieve que se acumula en las cuencas superiores se compacta eliminando el aire, y se transforma en la masa azulada del glaciar que luego avanza hacia el frente.

Observamos durante horas el glaciar como si se fuera a derretir ante nuestros ojos, sin darnos cuenta de las historias y anécdotas que habrá vivido esta gran masa de hielo con el paso de los años, y que guarda sigilosamente en sus entrañas. Este lugar es, sin duda alguna, una de las maravillas naturales más impresionantes del mundo.

Consejos prácticos

En la Patagonia Chilena, especialmente en el Parque Nacional Torres del Paine, por su cercanía al Campo de Hielo Sur y al Océano Pacífico podemos tener las cuatro estaciones en pocas horas. Por lo tanto, debemos estar preparados para toda circunstancia. El viento es el principal factor de clima, predominando en primavera y verano, y alcanzando en algunas ocasiones rachas superiores a cien kilómetros por hora. La temperatura de verano (diciembre-marzo) oscila entre cuatro grados de mínima y quince grados Celsius de máxima (pudiendo bajar a temperaturas bajo cero durante la noche), y en algunas ocasiones alcanzando hasta los veinticinco. Durante esta estación los días tienen hasta dieciocho horas de luz. De octubre a abril la temperatura desciende bastante.

Calzado de trekking impermeables (recomendamos ablandarlos, si son nuevos). Chaqueta y pantalones impermeables (Gore-Tex). Camisetas térmicas, chaqueta polar resistente al viento, gorro con orejeras, guantes térmicos, calcetines térmicos, pantalones cortos, cuello polar, saco de dormir cuatro estaciones (-10 Cº), compresor de saco, mochila 90 litros, mochila de ataque (para transporte de cosas personales como cámara, botella de agua y ropa extra). Gafas con protección para los rayos ultravioleta, protector solar (mínimo factor 30), protector labial y repelente de mosquitos.

Para recorrer el parque debemos tener una preparación física aceptable, ya que caminaremos un promedio de 6 horas diarias a través de montañas de granito que, junto con el viento existente, hacen que exista un pequeño grado de dificultad. Se estima que debemos invertir alrededor de 9 días en completar el recorrido.