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parejas con gustos diferentesAl unirnos a otra persona, interiormente buscamos en ella lo que nos falta. Lejos de ser algo negativo para la relación, esa búsqueda puede ser muy provechosa. El tener gustos diferentes o opuestos en algunas parcelas, lejos de ser un problema, puede convertirse en algo enriquecedor.

La atracción entre los extremos

A ella le gustaba la playa y a él la montaña. Este año, por primera vez, las vacaciones habían sido un éxito porque habían decidido pasar la mitad juntos y la otra mitad separados. Él se fue con unos amigos a hacer montañismo y ella, con su familia, a la misma playa donde pasó sus veranos infantiles.

Leticia y Jorge habían encontrado la fórmula para compatibilizar sus gustos personales con el bienestar de la pareja. La propuesta la hizo Jorge y, aunque ella tenía dudas pues argumentaba que si él deseaba irse sólo era porque no la quería, la fórmula resultó un éxito.

La separación física reforzó la unión sentimental y ninguno de los dos se sintió culpable, como había ocurrido otros años, de hacer renunciar al otro a las vacaciones que deseaba. El reencuentro en septiembre fue estupendo. Tenían ganas de verse, de contarse todo, de estar juntos.

Leticia y Jorge tienen características y gustos opuestos, pero su relación funciona bien. Él es reservado y le gusta escalar rodeado por el silencio de la montaña. Ella, en cambio, es muy sociable y habladora. Le encanta tumbarse en la playa y hablar.

Se conocieron en una reunión y cuando ella llevaba largo rato hablando, le preguntó a Jorge: ‘¿Y tú qué dices?’. Él respondió que prefería escucharla. La elección de una pareja con gustos diferentes a los nuestros puede estar motivada por el deseo de mantener una separación que evite la confusión entre ambos y aumente el sentimiento de libertad.

La afinidad con el otro nos hace sentir seguridad porque nos movemos en un terreno que dominamos, pero también puede resultar asfixiante si todos los espacios propios se comparten.

Los gustos opuestos: Diferencias muy positivas

El tener gustos opuestos en algunas parcelas, lejos de crear inconvenientes, puede convertirse en algo enriquecedor. De hecho, en casi todas las parejas hay algún tipo de oposición. Es lo lógico, porque tenemos subjetividades distintas.

Ahora bien, las diferencias entre los miembros de la pareja pueden ser fuente de satisfacción cuando en su relación no habita la intolerancia, la intransigencia ni el deseo de dominar al otro. Entonces, surge la pelea.

La mayoría de discusiones que surgen cuando se tienen gustos diferentes es porque se crean lazos de dependencia tan fuertes que se hace difícil comprender que lo más normal es que haya discrepancias y gustos diferentes. La sensación de asfixia o invasión no se produce cuando cada miembro de la pareja es capaz de defender su propio espacio.

El matrimonio es el proyecto de compartir la vida con otro, de acompañar y ser acompañado por ése al que hemos elegido como pareja por razones que van más allá de la razón y que están muy cerca de la pulsión.

Esa fuerza desconocida que nos empuja a querer al otro se basa en asociaciones misteriosas y, a veces, desconocidas, porque son inconscientes. Disfrutar de gustos y actitudes opuestas puede cumplir una función importante porque ese ‘desequilibrio’ pone en marcha la ley de la compensación.

Ventajas e inconvenientes de tener gustos diferentes

Compartir un matrimonio cuando hay gustos opuestos tiene sus ventajas:

  • La libertad es mayor porque se tienen parcelas que el otro no comparte. Se organiza un equilibrio psicológico más seguro porque se tienen más tareas en las que poner la energía. 

Entre los inconvenientes se encuentran:

  • La opresión que se siente si se tienen que abandonar los gustos propios por los del otro. 
  • La culpa de los sentimientos agresivos que se pueden tener contra la pareja si no somos capaces de defender nuestros gustos.

El rechazo a quien es diferente

Según un estudio de la Universidad de California (EE.UU.), la percepción que una persona tiene de sí misma influye en la elección de pareja hasta el punto de que nos acercamos al otro cuando es muy parecido a nosotros.

Las afinidades en la búsqueda de pareja son importantes, pero hasta un cierto grado, porque en el amor también cuentan las diferencias. Amamos lo que no tenemos, deseamos lo que el otro nos da porque no lo poseemos. Cuando el otro es muy parecido a mí me enseña menos que si no lo fuera, aunque me hace sentir más seguro, porque no me enfrenta a mis carencias.

Este estudio señala que estamos en un mundo que acepta mal lo que es diferente. Rechazar lo que no es afín a nosotros nos conduce a la guerra de sexos porque somos distintos; a la misoginia porque la mujer es diferente y la ideología dominante sigue siendo machista; al racismo y al fanatismo.