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papel masculinoEl papel masculino tradicional está en crisis y la ausencia de modelos con los que identificarse puede causar problemas. La depresión masculina aumenta, y se enmascara con adicción al trabajo entre otros síntomas. ¿Están perdidos los hombres? ¿Qué les ocurre?

Hasta hace poco, en algunos casos, la mujer acababa convirtiéndose en la madre de sus hijos y de su marido, lo que imposibilitaba una relación de igual a igual. Desde el modelo tradicional, el hombre idealiza a la mujer, idealización que a ella le sale muy cara, pues la convierte en una madre asexuada. Después de convertirla en madre, este tipo de hombre dirige la sexualidad fuera de casa, llevándola a cabo con mujeres que sí considera sexuadas, pero que desprecia.

Busca mujeres sexuales o madres, alternativamente, e ignora cómo relacionarse con ella por igual, como una compañera o como una cómplice. Piensa que no gana nada con ello; y siente que, si lo hiciera, descendería del pedestal del hijo admirado de mamá. Hoy la depresión masculina aumenta, y se enmascara con somatizaciones y adicción al trabajo entre otros síntomas.

Atrincherados en el papel masculino tradicional

Algunos sienten que su vida carece de sentido. Se atrincheran detrás del televisor o se esconden en una burbuja de silencio cuando no se creen reconocidos por su familia. Otros, tras un fracaso matrimonial , optan por comenzar una nueva relación que repare sus heridas. No es raro que elijan una mujer más joven que ellos, lo que no favorece una relación basada en la igualdad y le da una situación de aparente dominio. Es justamente el papel masculino tradicional de dominio en las relaciones de pareja lo que algunos hombres se niegan a abandonar desde la más rancia concepción de la identidad masculina. Y desde una precaria maduración afectiva.

Mientras las mujeres tienen ilusión por conseguir nuevas metas y sienten que se enriquecen, otros hombres sienten que pierden privilegios si se hacen cargo de cuestiones domésticas asociadas a la mujer. Al igual que nosotras, están marcados por modelos culturales que la familia ha transmitido.

Sentimientos femeninos

En el fondo, se sigue considerando que todo lo relacionado con sentimientos es más propio de mujeres. Sin embargo, este planteamiento es erróneo, porque los dos sexos tenemos rasgos del otro. El hombre tiene un arsenal de rasgos femeninos que suele rechazar y de esta forma se aleja de comunicarse mejor con las mujeres y consigo mismo.

Los hombres que han colaborado con las mujeres en este cambio de relaciones lo saben. Ahí están los nuevos padres, colaborando con la madre en la construcción de una familia y una pareja más justas y solidarias. Otro motivo para huir de las emociones es porque piensan que en esos territorios se manejan peor que las mujeres, lo que les asusta. Se aproximan a ellas, pero enseguida sienten que les llevamos ventaja. Esta huida se produce porque se sienten vulnerables cuando se adentran en ellos. Entonces prefieren proyectar los afectos en la mujer y no reconocerlos en ellos.

Nunca hemos estado tan cerca de que las relaciones entre hombre y mujer sean más solidarias y justas, pero aún queda mucho camino para que quede desafasado el papel masculino tradicional. El camino que las mujeres emprendieron hace décadas no tiene vuelta atrás. Quizá sea la liberación masculina la que queda por hacer: liberación de viejos clichés y construcción de nuevos modelos por inventar.

Una burbuja de silencio

Los psicólogos Goleman y Grey señalan que entre hombres y mujeres hay un desencuentro en la forma de comunicar las emociones. La mujer, cuando algo le preocupa, intenta hablar de ello y entenderlo. No niega los sentimientos y necesita comunicarse. El hombre, ante los problemas emocionales, se mete en su burbuja y tiende a negar los sentimientos. Según Goleman, la imperturbabilidad masculina ante los enfados femeninos es un mecanismo de defensa contra el miedo que tienen a un desbordamiento emocional. Cuando se encierran en sí mismos, desciende el ritmo cardiaco y se produce una sensación subjetiva de consuelo. Pero cuando los hombres inician esta retirada, el ritmo cardiaco de las mujeres asciende. Los hombres tendrían que aprender a escuchar y a no tener tanto miedo a lo emocional.