Poco antes de desembocar en el Miño, el Sil muestra un esplendoroso cañón. Bosques frondosos que dejan caer su cubierta, conviven con paredes de roca. Muy cerca, se alzan varios monasterios.

El río Sil es mucho más que un mero colaborador del principal curso fluvial de Galicia, el Miño, sobre todo en la zona denominada la Ribera Sacra, por la media docena de monasterios que desde el Medievo dan misticismo a estas tierras.

El paisaje

El Sil se despide de su independencia, tras recorrer 225 kilómetros, en un hermoso y expresivo tramo. Poco antes de ceder su reino, que es lo mismo que decir sus aguas, se atrinchera en un bello cañón que recorre mansamente, sin prisa por llegar a su irremediable destino, que no es otro que engordar el Miño.

Pero en su mansedumbre tiene que ver sobre todo la presa de San Esteban, que embalsa sus aguas y domestica y quita fiereza al cauce. Unos 47 kilómetros es la longitud del cañón, cuya anchura media ronda los 30 metros, aunque hay tramos de 70. En cuanto a la altura de las paredes, nada menos que 300 metros separan la gran arteria fluvial de las zonas acantiladas más elevadas.

Qué árboles puedes encontrar

En la Ribera Sacra se ha aposentado un microclima mixto, mezcla de ambientes atlánticos y mediterráneos. Ello hace que puedan verse abundantes masas de castaños y robles carballos, propios ambos de zonas norteñas y ataviados ya con la colorista vestidura del otoño, junto con alcornoques y madroños, menos abundantes y típicos de terrenos más secos, que mantienen su aureola verde durante todo el año.

Aparecen verdaderas frondas enraizadas en las paredes inclinadas. Junto a esta vegetación, otra fruto de la intervención humana: las vides, que propician la elaboración de un vino con la denominación de origen de la Ribera Sacra.

Los monumentos cercanos

Entre un espeso castañar encuentra refugio el Monasterio de Santa Cristina de Ribas do Sil, del siglo IX, que deja asomar su torre por encima de las copas.

Además, hay otros monasterios en la garganta fluvial, como el de San Estevo de Ribas do Sil, San Pedro de Rocas o Santa María de Montederramo, muestras del románico gallego. El recorrido puede hacerse por agua, en catamarán, o por carreteras y senderos que se abren en la foresta.

Castros y castillos en las cercanías

En esta ruta por los monasterios resulta fundamental acercarse hasta algunas como Parada de Sil, A Teixeira y Castro Caldelas donde destaca su castro celta, castillo y la Festa os Fachós, una celebración del mes de enero, con el fuego como elemento dominante.