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sofocos en la menopausiaLas raíces de los sofocos en la menopausia hay que buscarlas en una parte del cerebro llamada el hipotálamo. El hipotálamo es responsable de muchas funciones humanas básicas: la respiración, la circulación, el control de la temperatura corporal…

Hay que pensar en el hipotálamo como en un termostato. En las mujeres premenopáusicas, ese termostato funciona de forma estable, debido a los niveles relativamente altos de estrógenos de las mujeres que aún tienen la regla.

Sin embargo, durante la menopausia, cuando los niveles de estrógeno caen en picado, el termostato se vuelve inestable. ¡Incluso se vuelve inestable en los hombres a los que, tras administrarles terapias de estrógenos, se les suprimen luego esas hormonas! Podría decirse que, cuando se siente desprovisto de estrógenos, el termostato “se vuelve loco”.

Por supuesto, el termostato transmite mensajes de control de temperatura al organismo. En su esfuerzo por eliminar el exceso de calor, los vasos sanguíneos de la cara y el pecho se dilatan. Entonces, la temperatura corporal desciende algunos grados, y tras los sofocos en la menopausia, vienen los escalofríos.

Si bien el termostato se estabiliza con los años, algunas mujeres siguen teniendo sofocos durante diez años o más. También, aunque la mayoría de las mujeres tienen la última regla a los 52 años, los sofocos suelen comenzar antes, generalmente a los 48 ó 49 años. Por eso, si una mujer es candidata a la terapia con estrógenos, es conveniente que comience el tratamiento mientras aún tiene la regla, precisamente para evitar estos desagradables efectos.