ojos niñosLa Asociación Americana de Optometristas recomienda tres exámenes de la vista antes de que entren a la escuela.

Uno a los seis meses, otro a los tres años, y el tercero antes de entrar al kinder.

Tomando en cuenta que el 80 % del aprendizaje se realiza a través de la vista, la AOA recomienda que antes de ingresar por primera vez a la escuela los niños tengan estos tres exámenes.

«Con esto se monitora el desarrollo de la visión y se pueden prevenir posibles trastornos que pueden ser irreversibles en los años posteriores», señala la asociación.

De los tipos de problemas que se suelen presentar son: estrabismo (ojo que desvía su dirección), ambliopía (visión disminuida en un ojo) o miopía.

Ignorar el problema de la visión sólo lo agudiza, ya que frecuentemente el sentimiento de frustración repercute en la esfera de lo psicológico y el niño se siente inseguro.

La Asociación Nacional de Optometristas piden a los padres revisar en los niños preescolares y en edad escolar algunos síntomas que podrían indicar un problema de la vista.

En la edad preescolar son: tener un ojo cambiando de dirección frecuentemente, tropezarse con frecuencia con objetos, tener párpados rojizos, frotarse con frecuencia los ojos, tener lagrimeo frecuente, evitar actividades que requieren colorear, formar rompecabezas o que exijan manejo de detalles.

En la edad escolar: perder con frecuencia el párrafo donde estaban leyendo, acercarse demasiado al material de lectura, padecer de jaquecas frecuentes, voltear o inclinar la cabeza para ver más de cerca con un ojo, poner un ojo en el renglón donde se lee, omitir o confundir pequeñas palabras.

La AOA advierte que los exámenes de las escuelas no sustituyen los que tienen que hacer los padres con los especialistas.

También advierte que los exámenes regulares de alcance visual (vision screenings) son diferentes a los exámenes completos de la vista (vision examination). Los primeros sólo sirven «para identificar niños con problemas de la vista que les podrían obstruir su aprendizaje». Estos suelen hacerse simplemente poniéndolos frente a una lámina con letras. Mientras que los segundos, los hacen especialistas con aparatos especiales con los que pueden establecer un diagnóstico y un tratamiento.