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ciudades africaHoy hacemos un recorrido por el mapa de África. Detrás de sus nombres, que habitualmente leemos de manera rápida e indistinta, se encuentra, sin embargo, muchas veces una historia peculiar.

Cuando los conquistadores árabes iniciaron en el siglo VII su marcha fulgurante hacia el oeste (hacia el “Maghrib”), e incorporaron a los beréberes a la creencia en el verdadero Profeta, pronto descubrieron que más allá del desierto y de las mesetas de piedra, habitaban los pueblos innumerables de los hombres de piel oscura. Llamaron a estas regiones Bilãd as-Sudãn (la “Tierra de los Negros”). El nombre aún se conserva, no sólo circunscrito a la nación inmensa, sino, con mayor propiedad geográfica, al amplio país de sabanas cálidas y secas que, de un lado a otro del continente, se extiende entre el Sahara y la selva.

Los mismos beréberes (que no son otros que los “barbari”, los extranjeros, de los romanos) sintieron análogamente la fascinación del color: los hombres de las primeras llanuras y las selvas lluviosas eran para ellos los “aguinaw”, los negros. Ésta es la raíz que late en la palabra Guinea. Esta misma idea nos puede resultar, no obstante, engañosa. Si en latín “níger” es negro, parece lógico pensar que ésta es la alusión presente en el nombre de Níger y en el de populosa Nigeria. No es así: el río que atraviesa ambos países era para los beréberes el “gher n-gheren”, el río entre los ríos. Para los habitantes los pedregales monótonos y desolados de Níger este río abundante era la vida.

En la enérgica sonoridad de la palabra Camerún creemos hallar un eco africano y exótico. Una vez más el nombre nos engaña. Cuando en 1471 los portugueses navegaron el amplio estuario del río Wouri les sorprendió la abundancia de camarones en sus aguas; le llamaron por ello el Río dos Camarões. Los camarones de los portugueses se convirtieron en los “cameroons” de los británicos; más tarde dieron nombre a la costa, al país y también al gigantesco volcán que domina el golfo. El nombre de Gabón, en el que también creemos encontrar una vaga resonancia ecuatorial, tiene una historia similar. Los portugueses creyeron reconocer en este estuario la forma de un abrigo; ante ellos estaban las mangas, la capucha, el cuerpo tendido del gabán. Este “gabão” dio nombre al país.

De nuevo tenemos a los mismos protagonistas en la boca de un río. Intentan navegarlo hacia el interior y les llama la atención la sinuosidad del curso; debido a estas curvas el río pasa a llamarse Río Volta. Las soleadas llanuras de su cabecera las conocimos en su día con el nombre de Alto Volta. Hoy el país se llama Burkina Faso, “La Tierra de los Incorruptibles”. Cuando en 1983 el capitán Thomas Sankara ascendió al poder decidió que todos los oficiales del gobierno, incluido él mismo, deberían tener sus cuentas bancarias abiertas al examen público. El nombre de la nación refleja esta esperanza.

La abolición de la esclavitud incorporó la palabra “libertad” a los nombres de África. Un grupo de esclavos liberados provenientes de Inglaterra fundó en 1787 Freetown, en Sierra Leona. La ciudad sería durante el siglo XIX el destino de muchos emancipados de las colonias americanas, así como de miles de esclavos, procedentes de todo el continente, rescatados en alta mar. Un pequeño grupo de ellos, liberados de la goleta “Eliza”, fundó Libreville, en Gabón.

El origen de Liberia es análogo: la Sociedad Americana para la Colonización adquirió en las planicies de la Costa de la Pimienta un territorio donde pudieran vivir aquellos esclavos que había logrado emancipar. Allí fundó Monrovia, la “ciudad de Monroe”, presidente de los Estados Unidos a la sazón. Liberia es, junto con Etiopía, el único país de África que nunca fue una colonia. Durante mucho tiempo los Estados Unidos mantuvieron un vínculo especial con la nación que habían contribuido a crear. A lo largo del siglo XX esta relación se articuló, sin embargo, mayoritariamente, a través de la compañía Firestone. Los bosques de Liberia son ricos en caucho.

A veces un nombre recuerda una opresión. La antigua Rhodesia – hoy Zimbawe, “la morada de piedra” – es la tierra cuya colonización promoviera Cecil Rhodes, el magnate fundador de la compañía de diamantes De Beers y durante largos años gobernador de Ciudad del Cabo. Rhodes era un brusco visionario, de carácter terco y desabrido, que creía encontrar amparo en la Biblia para sus ideas. “Iguales derechos para todo hombre blanco al sur del Zambeze” era su lema; con el tiempo fue capaz de cambiar en él “blanco” por “civilizado”. Era también un megalómano insaciable: la construcción de un ferrocarril entre el Cairo y Ciudad del Cabo y la recuperación de las colonias americanas estaban entre sus proyectos. En sus últimos años este misógino cayó bajo el influjo de una condesa polaca que dilapidó gran parte de su fortuna.

Fueron, como vemos, las necesidades y vicisitudes de los occidentales las que muchas veces denominaron el mapa de África. La isla de Reunión, al este de Madagascar, es quizás el mejor ejemplo de ello. La Isla Borbón de los exploradores del siglo XVII, cambió su nombre al llegar la Revolución Francesa: pueblo y gobierno se habían, por fin, reconciliado, y ésta es la reunión a la que hace referencia el nombre. La relación entre pueblo y gobierno ha sido, no obstante, y como sabemos, siempre cambiante. Ésta fue la Isla Bonaparte de tiempos de Napoleón; la restauración monárquica hizo de ella de nuevo la Isla Borbón; el siglo terminó con la conciliación definitiva que se adivina en el nombre.