Compartir

quiero ser madreNumerosos motivos pueden provocar que uno de los dos miembros de la pareja rechace el nacimiento de un hijo.

Cuando uno de los dos cónyuges no quiere tener hijos, se puede producir uno de los problemas más dolorosos que puede vivir una pareja.

Ella no quiere ser madre

Cuando la que se niega a tener hijos es, por ejemplo, la mujer, sus razones pueden responder a la incapacidad para soportar la demanda constante que un bebé realiza, es decir, a no querer ver el grado de desamparo con el que se viene al mundo.

Una mujer en esta situación no puede sentir de forma gratificante todo el mundo de sensaciones que se dan en el cuerpo a cuerpo con un hijo. Al contrario: siente su cuerpo vampirizado por el bebé y se defiende de ello.

Esta mujer puede haber sido una niña muy demandante, porque quizá tuvo una madre que no leía bien sus necesidades, y ahora teme no saber responder tampoco a las de un hijo.

También puede sentir esa relación como algo asfixiante, pensando que le quita libertad y la ahoga, porque dependió demasiado de su madre y no ha resuelto de forma satisfactoria esa relación: de ahí que no quiera volver a vivirla.

También puede ocurrir que, para ella, ser madre signifique quitarle el lugar a la suya y pague con el ‘castigo’ de no tener un hijo la rivalidad que tiene con la suya. Muchas son, en fin, las fantasías inconscientes que pueden organizarse para negarse a ser madre y no querer hijos.

Si es él quien no quiere ser padre

Cuando el que se niega es el hombre y no quiere ser padre, quizá está intentando evitar sentirse excluido de la relación madre-hijo.

Convertir a una mujer en madre significa aceptar que no tiene exclusividad sobre ella.

Si él tuvo que soportar en la infancia muchas situaciones en las que no se sintió suficientemente acogido, y vivió la exclusión que la relación de los padres provoca con mucho desasosiego, probablemente no querrá repetir una situación en la que la intimidad afectiva entre dos personas le deje fuera.

En su fantasía, vive al futuro hijo como a un competidor, igual que vivió a su padre. Puede creer que el hijo le va a quitar una parte del afecto que le corresponde. También puede suceder que no se haya podido identificar con su padre y siga enlazado a su madre de tal forma que no considere a otra mujer merecedora de ocupar tal lugar.