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no encontrar parejaMuchas personas deciden no vivir en pareja, de forma voluntaria o ante la situación de no encontrar pareja, regidos por unos parámetros negativos del amor transmitidos por sus padres.

Soltería en la cabeza 

El componente psicológico tiene una influencia determinante en el destino de permanecer soltero. Aunque son muchas las racionalizaciones que se pueden esgrimir para explicar la situación, la más común es la de acentuar el lado malo del matrimonio y deducir que se está mejor solo.

Un profundo miedo a amar y a la sexualidad se halla en quien sigue soltero sin quererlo. Estas personas están dominadas por fantasías asociadas a la idea de que el compromiso es malo para ellos y por eso lo rechazan.

Tales fantasías guardan relación con perder la libertad y sentir que no son dueños de su vida. Las relaciones se convierten entonces en encerronas sentimentales que les ahogan en todos los sentidos.

En realidad, conciben al otro como un dominador o un controlador de sus vidas y optan por la libertad pagando por ella el precio de la soledad. El ‘yo’ de estas personas se defiende de caer en la posición de ser dominado.

A todo esto hay que añadir que, según pasan los años, las exigencias hacia la otra persona siempre aumentan y la complejidad de las relaciones es mayor.

No encontrar pareja: El soltero involuntario

El soltero involuntario no quiere arriesgarse a asumir los riesgos que conlleva una relación porque teme repetir vínculos destructivos que vivió en el pasado.

No tuvo modelos en los que apoyarse, porque nadie le dio una imagen gratificante de cómo sería una relación de pareja. El trabajo y las relaciones compulsivas, sobre todo en hombres, suelen llenar su tiempo.

Tras estas posturas se halla el miedo a ser rechazado, a la dependencia del otro, a no tener el control: en definitiva, se huye de ser vulnerable.

Su fragilidad emocional es grande, y lo sabe de una forma inconsciente, por lo que se defiende de caer en una situación que le haga sufrir: prefiere encerrarse en la soledad que abrirse a las inseguridades de la relación con otro.

Miedo a perder la libertad

  • Una relación de pareja satisfactoria es aquella en la que ambos cónyuges se sienten libres; están con el otro porque lo desean y pueden estar solos para después compartir aquello que quieran.
  • El sentimiento de libertad surge desde dentro de uno mismo, cuando nos atrevemos a realizar aquello con lo que nos sentimos mejor sin dejarnos coaccionar por las opiniones de los otros. Para tener una relación íntima con otro, hay que aprender a estar solo.
  • El soltero con vocación de pareja teme perder su libertad y cultiva la fantasía de que el otro no va a respetar su espacio. El soltero involuntario alimenta la fantasía de ser deseado. Elige colocarse como objeto de deseo porque no puede ponerse en la posición de amar.

Una herencia desconocida

  • En nuestro inconsciente actúan fantasías y deseos de los que el ‘yo’ no tiene noticias, pero que influyen sobre nuestra vida. Por ejemplo, algunos solteros involuntarios ante la situación de no encontrar pareja, pueden estar realizando deseos que han heredado de otros. 

Estos otros son padres y madres que transmiten a sus hijos una mala relación de pareja y el mensaje de que si no se comprometen sentimentalmente van a ser más felices.

No han logrado amar y se han sentido heridos, por lo que les es inevitable transmitir a sus hijos la idea de que un compromiso sentimental les va a perjudicar.

  • Por otra parte, hay hijos que pueden quedar enganchados a sus progenitores y no reemplazan jamás en su corazón los primeros objetos en los que depositaron su amor. 
  • Cuando la queja por no encontrar pareja reviste un dolor y una insatisfacción profunda, se establece en el interior del soltero involuntario una lucha de intereses contrapuestos. 

Esta ambivalencia le impide llevar a cabo sus deseos. Cuando la queja proviene de alguien feliz con su soltería, es una queja retórica para defenderse contra un posible ataque de una sociedad que demanda la relación de pareja para su supervivencia.

No se trata de ser depositario de una herencia inconsciente, sino de haber encontrado una fórmula de vida cómoda.