Compartir

miedo a ser padresSon muchas las personas, tanto hombres como mujeres, que tienen miedo a ser padres y madres, es un miedo razonable, especialmente para aquellos que no tuvieron una infancia feliz. Pero en lo que a la pareja se refiere, un autentico problema es cuando uno de los miembros si que quiere tener un hijo y el otro tiene miedo a ser padre o madre.

Temor a la maternidad

El desgaste psíquico por conseguir ser buenas madres y cumplir con el trabajo tiene consecuencias: somos el país con la menor tasa de natalidad del mundo. Las mujeres tienen demasiadas exigencias y poco ayudadas. Los modelos maternos que funcionan en nuestro inconsciente responden a madres que dedicaban toda su vida a cuidar de sus hijos.

Antes parecía que la maternidad era lo único en lo que se podía realizar la feminidad de una mujer. Ahora, por el contrario, parece que el miedo aumenta porque no van a saber ocuparse del hijo y se ven como niñas asustadas frente a las antiguas madres supuestamente preparadas para serlo. Demasiada exigencia, demasiada culpa por conseguir más de lo que tuvieron sus madres.

Ellos tienen miedo a comprometerse, porque el modelo de padre ha cambiado. Ahora la mujer quiere compartir la educación con él. El padre de hoy es más cercano y tiene que enfrentarse al mundo de los afectos, a las tareas cotidianas, a todo lo que se sigue diciendo que no es cosa de hombres.

Si ellos tienen miedo a comprometerse afectivamente y ellas temor a sentirse agobiadas, no es nada raro que se planteen dificultades ante la idea de tener un hijo.

Un ejemplo muy típico

Elena no quiere tener hijos; Javier, sí. Ella pone excusas cada vez que se plantea el tema: prefiere dedicarse a su profesión y a la relación de pareja. A veces piensa que trabaja demasiado, pero le gusta lo que hace.

Siempre oyó a su madre protestar de que no había podido dedicarse a lo que le gustaba, la música, porque ocuparse de sus hijos le había dejado sin tiempo para ello.

Elena hace incompatible la idea de ser madre con la de trabajar, porque así compensa a su progenitora de la renuncia que hizo. Sin embargo, no fueron los hijos la razón de su renuncia, sino dificultades personales a las que no pudo enfrentarse.

Una tentación peligrosa

  • Es un error decidir unilateralmente quedarse embarazada y creer que, aunque la pareja no quiera tener un hijo, más tarde se encariñará con él.
  • A veces los niños vienen a cubrir carencias de los padres y a ocupar lugares que no les corresponden. Algunas parejas con dificultades alimentan la fantasía de que la llegada de un hijo frenará el deterioro en el que están inmersos. Otros piensan que aliviará su soledad. Un niño debe nacer por derecho propio y no para cubrir carencias de sus padres.
  • Un hombre incapaz de comprometerse con la paternidad está diciendo que la angustia no le permite ser padre. La paternidad contra su voluntad pondrá en riesgo a la pareja. la madre se sentirá sola y el hijo, rechazado.