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manejar dineroGanar un sueldo y administrarlo ha marcado tradicionalmente la relación de poder en la pareja. Pero, ¿sigue ocurriendo esto hoy? El dinero nos hace sentirnos independientes y responsables de nuestra vida. Tener una adecuada relación con él significa en cierto modo poseer un buen equilibrio psíquico. Pero conseguir esto no es nada fácil.

Tradicionalmente el dinero ha estado en manos de los hombres, aunque las mujeres manejan el dinero en el ámbito de la economía familiar. En ocasiones, el marido entregaba al ama de casa una cantidad con la que ella tenía que organizar los gastos domésticos. Esta situación provocaba una dependencia que ponía a la mujer en desventaja, pues no era raro que algunos hombres utilizaran el poder económico para mantenerla bajo su control. Cuando la pareja se entiende como una relación de dominio del uno sobre el otro, se puede utilizar el dinero como un arma de poder.

Hace años …

Pero no sólo hay una educación familiar, sino una transmisión social y cultural también entorno a quienes manejan el dinero. Hace años, por ejemplo, había una asignatura llamada ‘Economía doméstica‘ que sólo se impartía a las chicas porque prevalecía la idea de que el ámbito doméstico era competencia exclusiva de ellas, lo que implicaba una concepción interesada en perpetuar a la mujer como un ser incapaz de alcanzar cotas de independencia al margen del hogar, y fuera del dominio masculino.

Hace años, para que una mujer pudiera disponer de sus propiedades, tenía que contar con la autorización firmada de un hombre ¿No supone esto una total negación de la capacidad de la mujer para administrar y ser propietaria de sus bienes y, en consecuencia, de sí misma? ¿No significa tratar a la mujer como una propiedad más del marido y privarla del dominio sobre su vida? Mientras ellos utilizaban el dinero para exhibirse, ellas lo administraban en ese reducto casi invisible y jamás reconocido sobre el que se levantan, sin embargo, todas las sociedades: el ámbito de lo doméstico.

Queda mucho por hacer en torno a quienes manejan el dinero

Hemos avanzado, pero es preciso tener en cuenta que todavía quedan tics ligados a esta concepción de las relaciones económicas y afectivas. Queda, en fin, mucho por hacer. Ahora mismo, en numerosas empresas todavía se paga por el mismo trabajo menos salario a las mujeres, y ello pese a ser anticonstitucional, además de sexista.

Puede que hombres y mujeres veamos el mundo de forma diferente en lo que se refiere al dinero. Deborah Tanen, experta en analizar los diferentes códigos de lenguaje, cita en el libro ‘Tú no me entiendes‘, un estudio que deduce que a los hombres el dinero les proporciona sensación de poder, mientras que a las mujeres que manejan el dinero les produce seguridad y autonomía; ellas sólo lo llegarían a usar para dejar de ser dependientes y conquistar parcelas de libertad personal.

Avaros y desprendidos

Hay personas que con actitudes muy opuestas tienen una relación bastante patológica con el dinero. Unos sufren si se lo gastan y su placer consiste en contarlo. Son avaros, tacaños, roñosos, y más que dueños son esclavos de lo que poseen.

Otros gastan más de lo conveniente. Parecen desprendidos, generosos, pero sólo son incontinentes. Ambas actitudes encubren conflictos personales. El dilapidador busca desesperadamente reconocimiento (lo compra, en cierto modo). Tiene una necesidad de ser querido más allá de lo razonable, pues en el fondo no se cree merecedor de tanto amor. Piensa que si no paga no le querrán. Su incontinencia monetaria también delata un fuerte deseo infantil de que alguien las contenga. Prefieren depender de otro que administre su vida y quitarse esa responsabilidad. No quieren defenderse por sí solos.