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mono gibraltar

Gibraltar ha sido siempre un punto geográfico de gran importancia estratégica desde que los primeros barcos se aventuraron a surcar el Atlántico. Los griegos y los romanos conocían el lugar como los dos pilares de Hércules, el final del mundo conocido y el principio del desconocido.

Antes de que Colón descubriera América, uno de los finales del mundo se encontraba en Gibraltar. La ciudad de Tarifa, bautizada con el nombre de procedencia árabe Taraf, significaba “el fin de algo”. Por ello, traspasar el territorio de Tarifa significaba ir más allá de los límites. Durante siglos, el enclave de Gibraltar ha sido una fortaleza que ha servido a diferentes señores: romamos, árabes, españoles e ingleses.

Hoy, a pesar de toda la tecnología propia del siglo XXI, el Peñón sigue siendo vital como punto estratégico y buena cuenta de ello tienen los militares de esta zona del mundo. Así que pocas cosas cambian en Gibraltar por más que parezca que los gobiernos británico y español negocian cambios de propiedad. Los monos, por ejemplo, siguen ahí, jugando y vigilando. Ape’s Den (la “Guarida” de los monos) en la zona conocida como Great Siege Tunnels tendréis la oportunidad de ver de cerca a estos animales en estado semisalvaje.

Estos macacos, que pueden encontrarse fácilmente en Marruecos y Argelia, son los únicos que viven en Europa en completa libertad. Concretamente, hay unos 160 kilómetros monos viviendo en Gibraltar. Además del exotismo de los primates, una visita al Peñón garantiza unas vistas impresionantes de la costa africana y el litoral gaditano es, ciertamente, de gran belleza. En 1068, el gobernador de Algeciras, la ciudad más occidental de la Bahía de Gibraltar, ordenó que se construyese un fuerte en este territorio (llamado entonces Djebel Tarik) para vigilar lo que sucedía al otro lado del Estrecho.

Éste podría ser el origen de la Torre del Homenaje, tan querida por los gibraltareños que le agradecen el haber hecho las veces de refugio ante los ataques enemigos. El torreón es, junto a la Gate House, la construcción más importante del complejo que comprende al castillo árabe y los muros defensivos. También el laberinto de túneles que se esconden en el interior del Peñón sorprenden a sus visitantes, ya que son uno de los sistemas defensivos más ingeniosos diseñados por el hombre.

Es posible alojarse en un hotel de Gibraltar a partir de las 30 libras esterlinas, pero casi siempre suele ser más. De todos modos, no hay demasiado qué hacer en este curioso pedacito de tierra, aunque merece la pena pasar la “frontera” a pie y caminar los primeros cientos metros cuando es noche oscura. Pocas experiencias son tan surrealistas como el recorrer el gran llano que precede a la “Roca”.

Después, una vez en el Reino Unido abrid bien los ojos, porque el sucesivo ir y venir de coches adornados con luces y músicas a modo de discotecas móviles que el forastero no entiende no tiene desperdicio. Árabes, británicos y andaluces se mezclan aquí de una forma muy curiosa. Así, que las pintas, de todo tipo, incluso bebidas.