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obsesionesLas manías y obsesiones suelen esconder una conciencia moral rígida y una necesidad de ocultar determinados sentimientos, deseos y miedos.

Seguramente, alguna vez, después de salir de casa, habrás dudado si has apagado el fuego de la cocina e inmediatamente te has sentido agobiada pensando que podrías provocar un incendio.

Es posible que conozcas a alguien que cruza disimuladamente los dedos ante determinadas situaciones porque cree que así evita que suceda una catástrofe a alguno de los suyos.

¿Y quién no ha padecido de cerca a una persona totalmente obsesionada con la limpieza, la pulcritud y el orden?

Estamos llenos de muchas manías que sólo se convierten en motivo de preocupación cuando su exceso envenena nuestra mente y ocupa demasiado tiempo en nuestra vida, convirtiéndose en obsesiones.

A veces, un suceso externo precipita un comportamiento obsesivo, pero para que éste se mantenga, es necesario que haya una predisposición psíquica.

Cuando aparece una idea obsesiva que provoca a su vez un acto repetitivo, éste se lleva a cabo con la idea fantástica de evitar una desgracia. En tal situación, nuestra voluntad consciente está anulada.

Las ideas y los actos se nos imponen y la voluntad es insuficiente para dominar aquello que nos vemos compelidos a hacer. Entonces, nuestro yo no se siente libre en el uso de su poder.

Por el contrario, está obligado a hacer, pensar u omitir ciertas cosas bajo terribles amenazas. En esos casos se recibe un mandato desde dentro y estamos dominados por una poderosa instancia interna tan propia como ajena a nuestra voluntad.

Esta instancia inconsciente es la reserva de todo un conjunto de reglas morales que critican duramente algunos de nuestros deseos más inconfesables.

En realidad, las personas que sufren este tipo de síntomas suelen tener una conciencia moral relativamente rígida y mantienen una lucha sin cuartel para que determinados sentimientos y deseos inconscientes no salgan a la luz.

No se relacionan bien con el placer, y su vida está dominada por la idea de lo que es necesario hacer o lo que se debe hacer, pero nunca de lo que desean hacer.

Obsesiones por la limpieza y el orden

Los síntomas obsesivos que conducen a organizar determinados rituales se pueden agrupar en diferentes categorías, si bien es común que haya personas que sufran más de uno.

  • Los que lavan y limpian continuamente, obsesionados con la contaminación y los gérmenes. Pueden lavarse las manos varias veces al día. Este ritual persigue la sensación de tranquilidad que sienten cuando lo realizan, aunque les dura poco. 
  • Los que tienen que verificar e inspeccionar cualquier cosa de forma excesiva con el objeto de evitar que ocurra una catástrofe. Comprueban todos los aparatos eléctricos para prevenir incendios o cierran herméticamente las ventanas y puertas para que no entren los ladrones. Nada más hacerlo, la duda les atenaza y tienen que volver a verificarlo. En realidad, intentan escapar de un incendio o de un ladrón que les habita. 
  • Los maniáticos del orden, que dedican mucho tiempo a cerciorarse de que las cosas están en el lugar correcto. El desorden les produce una sensación realmente insoportable, al remitirles a un caos interno que les angustia demasiado. 
  • Los que acumulan objetos o coleccionan cosas de las que no se pueden desprender. Sus casas terminan estando abarrotadas.

Con miedo a las emociones

  • El perfil psicológico de la persona dominada en exceso por manías u obsesiones tiene como rasgo común un miedo fundamental a las emociones. 
  • Esta persona, paradójicamente, suele ser cerebral y la razón domina toda su vida, destruyendo en lo posible instintos y emociones. 
  • Procura no dejarse llevar jamás por los sentimientos. Perezoso para amar, se mantiene alejado de toda pasión y muestra dificultades para expresar la ternura. 
  • Frío y un poco seco en las relaciones con los demás, mantiene siempre las distancias. 
  • Es muy crítico y suele estar más dispuesto a juzgar que a comprender la actuación de los demás. 
  • Se dedica con frecuencia en exceso al trabajo y es un maniático del deber. 
  • Las manías procuran ordenar el desorden interno.