Enfermedades

Las alergias no son exclusivas de la primera

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las alergiasErróneamente se piensa que las alergias son un mal de primavera. Los alérgicos están enfermos todo el año y su tratamiento debe abarcar todo el cuerpo, no sólo nariz u ojos. El mal consiste en una distorsión del sistema inmunológico que provoca rechazo innecesario a ciertas sustancias. Los nuevos tratamientos para las alergias incluyen antiinflamatorios, antihistamínicos de tercera generación y vacunas.

Aunque es una enfermedad muy común, existe una serie de ideas erróneas que rodean a la alergia y que hacen que sea tratada de modo menos efectivo. En primer lugar, no es una enfermedad estacionaria, los alérgicos lo son todo el año. Tampoco es mal de un solo órgano, la alergia es sistémica, porque afecta a todo el cuerpo. Es decir, poco puede hacerse por ella tratando sólo la nariz o los ojos.

En su aparición hay componentes genéticos y componentes ambientales. Lo que se observa es un rechazo a ciertas sustancias. No es que éstas sean dañinas por si mismas, sino que producen el rechazo en el enfermo. Pueden ser, por ejemplo, el polen de flores o de árboles, un ácaro o una proteína, cualquiera de las que sean consideradas como sustancias extrañas por el organismo. A esto se le llama «hipersensibilidad», porque el cuerpo reacciona en forma confusa, no distingue claramente qué es dañino y qué no. Y las manifestaciones se producen sólo cuando se entra en contacto con esas sustancias rechazadas, de ahí que se le adjudique a la alergia el carácter estacional.

En los últimos años han aumentado sobre todo el asma y la rinitis alérgica. Nuestros genes no han cambiado, pero sí ha variado nuestra manera de vivir. Una hipótesis señala que el alejamiento de los gérmenes, por la vida en ambientes más estériles alejados de la naturaleza, y por condiciones artificiales como las mismas vacunas de la infancia, entre otras, lleva a que el cuerpo se relacione en forma deficiente con agentes externos naturales. Hay muchas distorsiones en la vida occidental que hacen que el sistema inmunológico se desoriente.

Tratamiento de las alergias

El tratamiento de la alergia tiene tres pilares fundamentales. Primero, el manejo ambiental, es decir, conocer exactamente a qué se es alérgico para poder modificar las condiciones que propician la enfermedad.

Segundo, si lo anterior no es posible, la farmacoterapia, que alivia las molestias y la inflamación. Esta no elimina la alergia en sí, pero es importantísima cuando controla la inflamación, pues éstas sí que dañan el organismo a la larga. Otros fármacos son los antihistamínicos, que bloquean la acción de sustancias que produce el organismo y que llevan a la manifestación de síntomas, como picazón, estornudo, aparición de moco y obstrucción bronquial, entre otros. Desde hace poco se está utilizando un antihistamínico de tercera generación, la Desloratadina o Aerius, varias veces más potente que los usados hasta ahora, y con la ventaja de que se ingiere sólo una vez al día.

Y la tercera fase del tratamiento es la inmunoterapia, que son las vacunas contra la alergia. Por vía inyectable o sublingual, lo que se pretende es desensibilizar el organismo y revertir el fenómeno alérgico. Ya en 1997, la Organización Mundial de la Salud incorporó la inmunoterapia como un método efectivo para combatir la enfermedad.

Evitar un alergeno puede ser mejor que intentar tratar una reacción alérgica. Evitar una sustancia puede suponer dejar de usar un determinado fármaco, instalar aire acondicionado con filtros, renunciar a tener un animal de compañía en casa o no consumir cierta clase de alimentos. En ocasiones, una persona alérgica a una sustancia relacionada con un trabajo determinado se ve obligada a cambiar de empleo.

Las personas con fuertes alergias estacionales pueden considerar la posibilidad de trasladarse a una región donde no exista ese alergeno.

Otras medidas consisten en reducir la exposición a un determinado alergeno. Por ejemplo, una persona alérgica al polvo de la casa puede eliminar todo el mobiliario, las alfombras y las cortinas que acumulen polvo; cubrir los colchones y almohadas con protectores plásticos (los venden en algunas farmacias); quitar el polvo y limpiar las habitaciones con un paño húmedo y con bastante frecuencia; usar aire acondicionado para reducir la alta humedad interior que favorece la multiplicación de los ácaros del polvo; e instalar filtros de aire altamente eficientes.

La rinitis alérgica o fiebre del heno

La rinitis alérgica estacional es una alergia al polen que transporta el aire, comúnmente llamada fiebre del heno.

En cuanto se inicia la estación del polen, la nariz, el paladar, la parte posterior de la garganta y los ojos comienzan a picar gradualmente o de forma brusca. Los ojos están llorosos, comienzan los estornudos y suele caer una agüilla clara por la nariz. Algunas personas tienen dolor de cabeza y tos, y jadean; están irritables y deprimidas; pierden el apetito y tienen dificultades para conciliar el sueño.