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sexualidad femeninaCada hombre que se enfrenta al cuerpo de una mujer emprende una aventura sobre uno de los paisajes más complejos que existen, pues no sólo ha de explorar la superficie, sino también las corrientes subterráneas. La sexualidad femenina es  una tarea minuciosa que requiere empeño y tiempo.

La geografía de la mujer es fértil -cuando quiere, cuando puede, cuando sabe-. Pero también existe una oceanografía de la mujer, que además parece, según la Dra. Adrew Stanway, que viene a regir su geografía.

Sexualidad femenina integral

Dice nuestra doctora: ‘La mayoría de las mujeres sabe que su vida sexual se articula más con la naturaleza y el carácter del conjunto de su relación que con el aspecto genital lúdico, en cualquier época‘.

Por el contrario, son pocos los hombres que son conscientes de esta vinculación en la sexualidad femenina, y ello provoca tensiones en muchas relaciones de pareja, ya que ambos se pasan años sin acabar de comprenderse‘.

Justo lo que parecía: la mujer es mucho más compleja, inteligente e intuitiva que el hombre. El hombre, generalmente iniciado al sexo a través de la pornografía, tiene mucho de voyeur y una tosca -aunque a veces, por qué no decirlo, eficaz- aproximación a la mujer. Sólo cambia cuando no le queda más remedio.

En busca del punto G

Entonces quizá coja un manual de sexo, el de la Sra. Stanway, por ejemplo, y comience a hojearlo con desgana varonil: ‘que su compañero le de un enérgico masaje en la pared frontal de la vagina a fin de comprobar si le resulta agradable‘.

‘Ésta es la zona que se ha dado en llamar el punto G, pero, probablemente, no es más que una parte sensible de la pared, que a algunas mujeres les provoca el orgasmo si se la acarician. El punto crítico para acariciar esta zona lo podemos concretar, de acuerdo con la posición de las manecillas del reloj, entre las 11 y la 1 si tomamos como referencia el clítoris en las 12′.

Algunos manuales distinguen en la mujer varios tipos de estimulación, a saber: estimulación directa, estimulación clitorídea, estimulación anal (ésta, junto a la anterior, parece ser una de las más enardecedoras), estimulación manual y estimulación oral. Todas son compatibles entre sí.

Un guión distinto para cada mujer

Lo que parece seguro es que cada mujer es un mundo/geografía distinto. Y aunque existen frescos lagos donde la parada es obligatoria, cada hombre, detective finalmente del cuerpo y sexualidad femenina, habrá de ir descubriendo los secretos de su compañera. Si no la fidelidad, en este sentido si parece de gran ayuda la asiduidad.

Mientras a algunas mujeres les complace saberse lentamente recorridas en toda su latitud, otras, aún deseándolo, se sienten cohibidas y precisan de mayor atención, comedimiento y paciencia.

Muy atentos al ‘no’

Así, no todas -al menos a priori- encuentran placer en los dedos de los pies, en las axilas o en los entrañables lóbulos de las orejas. Incluso algunos rincones aparentemente más obvios como los pezones pueden dejar frías, si no irritadas (¡cuidado con la insistencia fácil!) a determinadas mujeres.

En el centro del huracán

Con todo, conviene recordar la oceanografía femenina, ese otro mundo que ya apuntaba la Dra. Andrew Stanway: la mujer es en el sexo su cuerpo, pero también algo más. Quizá la zona erógena más interesante, aquella que más necesario se nos hace mimar, investigar, recorrer y comprender sea la que más frecuentemente olvidamos. El alma, aquello que los viejos griegos inventaron. Y que, por cierto, no creían que tuviese la mujer. Pobrecillos.