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El psicoanálisis dejó atrás la creencia popular y aún científica de que la sexualidad en la infancia era algo extraño, y que esta era patrimonio de los adultos y que su finalidad era la reproducción. Todo lo que excediera esta consideración -la masturbación, la búsqueda exclusiva de placer o la impotencia sexual– eran consideradas como desviaciones.

El psicoanálisis revolucionó este modo de pensamiento. Amplió la noción de sexualidad a una disposición psíquica universal, con autonomía de lo biológico, anatómico y genital. Tal y como la entiende el psicoanálisis, la sexualidad no comienza en la pubertad con la maduración genital, sino que despierta poco después del nacimiento.

Esta idea escandalizó a muchos, ya que parece destruir la imagen de inocencia del mundo infantil. La confusión parte de creer que es lo mismo la sexualidad infantil que la adulta.

La sexualidad en la infancia: La primera satisfacción

La función sexual comienza en el inicio de la vida a partir de las primeras experiencias de satisfacción, desarrollándose a lo largo de la infancia y en estrecha relación con los vínculos afectivos.

Desde que nace, el lactante experimenta una vivencia placentera que va más allá de la necesidad de alimentarse. El bebé chupetea aún cuando ha saciado su hambre; la necesidad ha sido cubierta y sin embargo él busca algo más para gozar.

Es así como una necesidad nacida en el cuerpo pasa a tener un carácter psíquico; nos convertimos en seres deseantes, separándonos para siempre de la condición animal. Los cuidados maternos de higiene y alimentación se realizan en el marco de la primera relación de amor.

El contacto con la madre da origen a lo que llamamos ‘cuerpo erógeno‘, capaz de gozar en toda la superficie de la piel. Las experiencias vividas tempranamente en el cuerpo, al ir acompañadas de lazos afectivos, quedan registradas en el inconsciente determinando nuestro modo de relación con el mundo y con nuestra vida sexual. Es decir, la sexualidad en la infancia nos marcará de por vida.

Un motor de la edad adulta

  • El deseo procedente del vínculo con los padres será el motor que guiará al niño en su vida de relación con los otros, en la elección de pareja en la madurez sexual, así como en todas las producciones que en un futuro vaya a realizar. 
  • De ahí en adelante, lo sexual no podrá ir separado de nuestra subjetividad; cada uno tendrá una manera de gozar. Así, una mujer sana, sin impedimentos para una vida sexual satisfactoria, puede sufrir de una auténtica anestesia en las relaciones sexuales con su pareja. No hay razones físicas para esa frustración ni dificultades conscientes, pero su insatisfacción es motivo de sufrimiento muy justificado. 
  • No es muy diferente del caso de muchos hombres que creen tener orgasmos al sentir descargas sexuales satisfactorias y sin embargo, en el plano emocional, desconocen el encuentro verdadero con la mujer, esa unión que permite renovar la confianza en sí mismo y en la pareja. 
  • En ambos casos el psicoanalista indagará sobre las motivaciones ocultas que propician estos fracasos, recorriendo junto al paciente su historia psicosexual.